El movimiento se suma a una tendencia más amplia. En los 60 días terminados el 19 de julio, las carteras con entre 1.000 y 10.000 BTC absorbieron alrededor de 66.700 BTC, una exposición valorada en miles de millones de dólares .
En el otro lado de la operación están los inversores minoristas, que continúan capitulando, vendiendo con pérdidas o evitando entrar al mercado . En términos de análisis en cadena, las llamadas “manos débiles” están soltando monedas mientras las carteras grandes compran. Históricamente, este patrón ha aparecido en fases avanzadas de una corrección, aunque por sí solo no demuestra que el precio haya encontrado un mínimo .
Los ETF estadounidenses de Bitcoin al contado captaron 754,69 millones de dólares en la semana terminada el 7 de agosto, su mejor resultado semanal desde abril, según los datos de SoSoValue .
El fondo iShares Bitcoin Trust (IBIT), de BlackRock, vuelve a liderar cada repunte de entradas. IBIT concentró por sí solo 319 millones de dólares de los 499 millones registrados en una semana de finales de julio . Además, la racha de siete sesiones positivas iniciada a mediados de ese mes acumuló aproximadamente 981 millones de dólares .
Pero el contexto evita sacar conclusiones demasiado rápidas. La recuperación de los ETF en julio apenas cubrió cerca del 15 % de las salidas netas de 4.760 millones de dólares registradas en junio. La demanda institucional está regresando, pero aún no ha compensado el retroceso acumulado de 2026 .
Los datos han abierto un debate legítimo entre los analistas. Hay argumentos sólidos tanto para pensar en una recuperación más duradera como para interpretar el movimiento como una estrategia táctica en un mercado todavía bajista.
La conclusión más prudente es que existe una divergencia alcista, pero no un suelo confirmado. La falta de un catalizador fundamental mantiene la convicción de algunos analistas en un nivel medio .
Desde el 30 de julio de 2026, un atacante aprovechó un fallo permanente de firmware en determinadas carteras físicas Coldcard, fabricadas por la empresa canadiense Coinkite. En cuatro oleadas, el ataque drenó aproximadamente 1.816 BTC, valorados en unos 116 millones de dólares, de más de 5.200 direcciones .
El fallo se remontaba a un error de integración introducido en marzo de 2021, asociado a la versión 4.0.0. En determinadas condiciones, el dispositivo podía dejar de utilizar su chip específico para generar aleatoriedad y recurrir a un generador pseudoaleatorio basado en software .
Como consecuencia, la entropía —la medida de imprevisibilidad utilizada al crear una frase semilla— cayó de los 128 bits previstos a tan solo unos 40 bits en algunos casos. Eso hacía que las semillas pudieran ser calculadas mediante fuerza bruta desde el exterior, sin acceso físico al dispositivo, phishing ni malware .
El 30 de julio, el atacante vació 1.196 direcciones en apenas 41 minutos y se llevó 1.082,65 BTC, unos 70,2 millones de dólares al precio de ese momento . Galaxy Research reconstruyó el movimiento en la cadena de bloques y lo vinculó de forma concluyente con el fallo del firmware .
Coinkite confirmó la vulnerabilidad, pidió disculpas públicamente, detuvo los envíos de unidades afectadas y publicó actualizaciones de emergencia . Sin embargo, instalar el firmware corregido no repara las semillas que ya fueron generadas con el software vulnerable: esas semillas deben considerarse comprometidas .
Los usuarios potencialmente afectados tienen que crear una semilla completamente nueva con un firmware corregido y trasladar los fondos a nuevas direcciones . Reutilizar la semilla antigua en otro dispositivo no resuelve el problema.
El robo se produjo al mismo tiempo que las ballenas acumulaban Bitcoin y los ETF recuperaban entradas. Aun así, los fondos sustraídos representan aproximadamente el 0,009 % de la capitalización total de Bitcoin, por lo que el ataque no sería suficiente por sí solo para mover el precio del activo .
Su impacto más profundo es de confianza. El caso debilita la idea de que el almacenamiento en frío es, por definición, imposible de vulnerar. Una cartera física puede aislar las claves de internet, pero un error en el proceso de generación de esas claves puede dejar expuestos los fondos sin que nadie toque el dispositivo.
Bitcoin parece encontrarse en una fase de acumulación divergente: las grandes carteras y los inversores institucionales absorben la oferta que liberan los tenedores minoristas asustados, mientras los ETF vuelven a registrar entradas importantes. Sin embargo, el repunte de los flujos todavía está muy por debajo de lo necesario para compensar las salidas anteriores.
El exploit de Coldcard es un revés grave para la reputación de la autocustodia y un problema crítico para los usuarios que generaron semillas durante el periodo vulnerable, aunque su efecto directo sobre el precio sea limitado. La pregunta decisiva sigue abierta: ¿están las ballenas adelantándose a una recuperación duradera o aprovechando un rebote táctico dentro de un mercado bajista? Por ahora, los datos permiten ambas lecturas.