Esta situación refleja un fenómeno cada vez más común en la IA: empresas que compiten en modelos pero cooperan en infraestructura. Google desarrolla sus propios modelos, como Gemini, pero al mismo tiempo se beneficia de que Anthropic utilice su ecosistema tecnológico y su nube.
Amazon también se ha convertido en un socio clave para Anthropic. En 2026 anunció una inversión de 5.000 millones de dólares, con la posibilidad de añadir hasta 20.000 millones más dependiendo de objetivos comerciales.
Como parte del acuerdo, Anthropic se comprometió a gastar más de 100.000 millones de dólares en diez años en infraestructura de Amazon Web Services (AWS) para entrenar y ejecutar sus modelos de IA.
Este tipo de acuerdos revela otra dinámica central del sector: las empresas que construyen modelos necesitan enormes recursos computacionales, mientras que los proveedores de nube buscan clientes capaces de impulsar la demanda de chips y centros de datos.
La inversión temprana de Hassabis adquiere más relevancia porque Anthropic ya no es una startup experimental.
En febrero de 2026, la empresa anunció una ronda Serie G de 30.000 millones de dólares, que la valoró en 380.000 millones de dólares tras la inversión, una de las mayores rondas privadas en la historia tecnológica.
Con esa escala, Anthropic pasó de ser un laboratorio centrado en seguridad de IA a convertirse en uno de los actores más poderosos del ecosistema global, compitiendo directamente con OpenAI, Google DeepMind y otros laboratorios de frontera.
La historia también refleja un patrón más amplio en la industria, a veces descrito como la “diáspora de DeepMind”.
Muchos fundadores, investigadores e inversores influyentes de nuevas startups de IA tienen vínculos con DeepMind u otros laboratorios de élite. Estas redes académicas y profesionales suelen respaldar nuevos proyectos que, con el tiempo, terminan siendo tanto colaboradores como competidores.
En la práctica, esto significa que varias de las empresas que compiten por crear la próxima generación de IA comparten talento, capital e ideas provenientes del mismo círculo de investigación.
La importancia de esta revelación no es que Hassabis controle Anthropic —no hay pruebas de ello— sino lo que dice sobre la estructura del sector.
Tres conclusiones destacan:
A medida que Anthropic aumenta su valor e influencia global, incluso una pequeña inversión temprana de una figura como Hassabis adquiere peso simbólico: muestra que, detrás de la competencia pública por construir las IA más avanzadas del mundo, existe una comunidad mucho más entrelazada de lo que parece desde fuera.
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