Según Khosrowshahi, si en el futuro aparecen oportunidades en otros sectores —como el de la movilidad autónoma— Uber las evaluaría seriamente.
Kalanick también está impulsando un nuevo proyecto tecnológico llamado Atoms, una empresa centrada en robótica y automatización industrial.
A diferencia de muchas startups que persiguen robots humanoides, Atoms busca construir máquinas especializadas diseñadas para tareas concretas en industrias donde la automatización puede reducir costes y aumentar la productividad.
La compañía se enfoca en tres áreas principales:
Como parte de esta estrategia, Atoms adquirió Pronto, una startup de vehículos autónomos fundada por el ingeniero Anthony Levandowski, antiguo colaborador de Google y Uber.
La tecnología de Pronto —orientada a vehículos autónomos para entornos industriales como minas— se convirtió en el núcleo de la división Atoms Mining, dedicada a automatizar maquinaria pesada.
La idea es desplegar robots y vehículos autónomos en entornos controlados donde puedan operar de forma continua y generar ahorros claros para las empresas.
Si Uber llegara a colaborar con Atoms en el futuro, encajaría bastante bien con la estrategia actual de la compañía en el mercado de la conducción autónoma.
Tras gastar miles de millones de dólares en desarrollar su propia tecnología de conducción autónoma, Uber vendió su división interna en 2020 y cambió su enfoque: en lugar de fabricar la tecnología, busca integrar vehículos autónomos de socios especializados en su plataforma.
Hoy Uber trabaja con varias empresas del sector:
Este modelo posiciona a Uber menos como fabricante de robots y más como la plataforma que conecta a los pasajeros con flotas autónomas.
Khosrowshahi ha descrito repetidamente una visión en la que los vehículos autónomos se integran en la red de Uber de forma similar a como hoy lo hacen los conductores humanos. Uber gestionaría la demanda, las rutas, los pagos y la logística de las flotas.
En ese escenario, Uber no necesita construir todos los sistemas de conducción autónoma por sí misma. En cambio, puede sumar múltiples socios tecnológicos a su plataforma global.
Una colaboración con Atoms, si alguna vez se concreta, sería simplemente otro ejemplo de ese enfoque: Uber aportaría la red de usuarios y la infraestructura de movilidad, mientras que su socio proporcionaría la tecnología autónoma.
Por ahora, todo es hipotético. Pero el hecho de que el actual CEO de Uber haya dejado abierta la puerta a trabajar nuevamente con su fundador refleja cuánto han cambiado las prioridades —y las relaciones— en la carrera global por dominar la movilidad autónoma.
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