La FAO califica como deficiente o muy deficiente la gestión del suelo en el 52,5 % de las evaluaciones regionales y subregionales; solo el 14 % alcanza niveles buenos o muy buenos. En la última década, la población mundial aumentó en unos 800 millones de personas y la superficie cosechada de los principales cultivos...
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Respuesta de investigación

Create a landscape editorial hero image for this Studio Global article: What did the UN Food and Agriculture Organization’s second comprehensive global soil assessment report reveal about the extent and consequen. Article summary: FAO’s second *Status of the World’s Soil Resources* assessment depicts a worsening global soil crisis: proven restoration methods exist, but uptake is far too limited to protect food security, biodiversity, and climate r. Topic tags: general, general web, education, government, user generated. Style: premium digital editorial illustration, source-backed research mood, clean composition, high detail, modern web publication hero. Use reference image context only for broad subject, composition, and topical grounding; do not copy the exact image. Avoid: logos, brand marks, copyrighted characters, real person likenesses, fake screenshots, UI text, readable text, wat
El segundo diagnóstico integral de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) lanza una advertencia clara: la gestión del suelo es deficiente o muy deficiente en más de la mitad de las regiones evaluadas, y el deterioro avanza con mucha más frecuencia que la recuperación. El problema, subraya el informe, no es que se desconozcan las técnicas de restauración. Es que las prácticas eficaces todavía no se aplican con la rapidez ni a la escala necesarias. 25
26
La evaluación clasifica la gestión del suelo como deficiente o muy deficiente en el 52,5 % de las evaluaciones regionales y subregionales. Alrededor de un tercio recibió la calificación de regular, mientras que solo el 14 % fue considerado bueno o muy bueno. Estas proporciones corresponden a las evaluaciones analizadas, no a un porcentaje directo de toda la superficie terrestre del planeta. 25
La tendencia resulta igual de preocupante. Desde la primera evaluación mundial, publicada en 2015, el 58 % de las evaluaciones informó un empeoramiento de las condiciones del suelo, frente a solo un 10 % que registró mejoras. Además, más de la mitad señaló una adopción baja o muy baja de prácticas sostenibles de manejo. 24
26
La década transcurrida desde el primer informe trajo consigo una mayor demanda de tierras productivas. La población mundial creció aproximadamente en 800 millones de personas, mientras que la superficie cosechada de los principales cultivos aumentó en unos 80 millones de hectáreas. 24
Este crecimiento no hace inevitable la degradación, pero sí eleva el coste de una mala gestión. Cuando el suelo pierde estructura, materia orgánica o nutrientes, los agricultores deben esforzarse más para mantener la producción. Al mismo tiempo, las comunidades quedan más expuestas a las sequías, las inundaciones y las perturbaciones de los precios de los alimentos.
El suelo no es simplemente el soporte donde crecen las plantas. Sostiene aproximadamente el 95 % de la producción mundial de alimentos, alberga cerca del 59 % de la biodiversidad terrestre y, según la cobertura del informe, es el segundo mayor reservorio de carbono del planeta, después de los océanos. 49
Por eso, un suelo degradado puede desencadenar varios problemas a la vez: menor capacidad productiva, hábitats más frágiles, peor regulación del agua y una menor capacidad de almacenar carbono. Las consecuencias no se quedan en las explotaciones agrícolas; alcanzan a los sistemas alimentarios, los ecosistemas y las políticas climáticas.
La evaluación identifica la erosión como la principal amenaza para el suelo. El 81 % de las evaluaciones la describió como mal gestionada, lo que la convierte en el problema de manejo más generalizado del informe. 47
Entre las demás presiones figuran:
Estas amenazas suelen reforzarse entre sí. La eliminación de la vegetación o la alteración del terreno pueden aumentar la escorrentía y la erosión; la erosión elimina la capa superficial, rica en nutrientes; y la pérdida de materia orgánica reduce la capacidad del suelo para retener agua y sostener la actividad biológica. Así se crea un círculo que hace a la producción menos resistente a los fenómenos climáticos extremos.
El mensaje político de la FAO propone pasar de la explotación del suelo a su custodia. La idea es tratarlo como un recurso vivo, limitado y que debe conservar sus funciones a largo plazo, en lugar de considerarlo un insumo desechable dentro del sistema productivo. Materiales anteriores de la FAO y del Panel Técnico Intergubernamental sobre los Suelos también piden a quienes utilizan o gestionan estos recursos que actúen como custodios, y reclaman a los gobiernos que promuevan un manejo sostenible. 21
Este enfoque es importante porque la recuperación del suelo suele ser mucho más lenta que su degradación. Proteger los suelos que aún conservan sus funciones es, por tanto, tan importante como restaurar las tierras que ya se han deteriorado.
El informe no propone una técnica única aplicable en todos los lugares. Destaca, en cambio, un conjunto de herramientas que debe adaptarse a los suelos, climas y sistemas agrícolas locales. Entre las medidas habituales se encuentran:
La FAO define la agricultura de conservación a partir de tres principios relacionados: mínima alteración mecánica del suelo, cobertura permanente y diversificación de cultivos. 33
34 Los cultivos de cobertura y los restos vegetales protegen el terreno del impacto de la lluvia y pueden reducir la escorrentía, mientras que una menor perturbación y una mayor diversidad de plantas ayudan a sostener la estructura y la materia orgánica del suelo.
35
37
La brecha es, sobre todo, un problema de aplicación. Los agricultores pueden afrontar el coste de nueva maquinaria, insumos y cambios temporales en los rendimientos o en la organización del trabajo. También pueden carecer de seguridad en la tenencia de la tierra, mercados estables, crédito, servicios de extensión agraria, formación práctica o datos relevantes para su zona. Los materiales de la FAO señalan como obstáculos el acceso limitado a los mercados, el crédito y el asesoramiento, mientras que sus orientaciones sobre suelos resistentes a la sequía destacan la necesidad de capacitación, equipos, suministro de insumos y apoyo técnico. 36
38
Por eso, pedir a los agricultores que cambien sus prácticas sin modificar los incentivos y sistemas de apoyo que los rodean difícilmente bastará. Extender la restauración del suelo exige financiación, servicios de asesoramiento fiables, maquinaria adecuada, sistemas locales de seguimiento que sean útiles y políticas que recompensen la gestión a largo plazo.
La FAO presentó la evaluación en el marco de la COP17 de la Convención de las Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación, una cumbre en la que la restauración de tierras y la resiliencia de los paisajes ocuparon un lugar central. Sus materiales para la COP17 llaman a evitar, reducir y revertir la degradación de las tierras agrícolas y del suelo. 39
50
El contexto refuerza la conexión entre suelo, sequía, seguridad alimentaria y política climática. El calor, las sequías, las lluvias intensas y los incendios forestales pueden acelerar la erosión y la pérdida de carbono orgánico. A su vez, los suelos degradados suelen retener menos agua y ofrecen menos protección frente a los impactos del clima. Por ello, el informe respalda la necesidad de integrar la gestión del suelo en las políticas de adaptación climática, protección de la biodiversidad y alimentación, en lugar de tratarla como un asunto exclusivamente agrícola.
El hallazgo más importante de la segunda evaluación es la distancia entre lo que se sabe y lo que se aplica. Con un 52,5 % de las regiones evaluadas calificadas como deficientes o muy deficientes, un 58 % que informa de un deterioro y solo un 10 % de mejoras desde 2015, la prioridad es hacer posible la gestión sostenible a gran escala. 24
25
Proteger el suelo exigirá cambios en las prácticas de las explotaciones, pero también inversiones más amplias en financiación, equipos, seguridad sobre la tierra, asesoramiento, seguimiento y políticas públicas. La advertencia de la FAO es severa, pero deja una conclusión concreta: las herramientas existen; el reto ahora es convertirlas en una gestión responsable respaldada por una aplicación sostenida.
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La FAO califica como deficiente o muy deficiente la gestión del suelo en el 52,5 % de las evaluaciones regionales y subregionales; solo el 14 % alcanza niveles buenos o muy buenos.
La FAO califica como deficiente o muy deficiente la gestión del suelo en el 52,5 % de las evaluaciones regionales y subregionales; solo el 14 % alcanza niveles buenos o muy buenos. En la última década, la población mundial aumentó en unos 800 millones de personas y la superficie cosechada de los principales cultivos creció aproximadamente en 80 millones de hectáreas, elevando la presión sobre su...
La erosión es la amenaza más extendida: el 81 % de las evaluaciones la considera mal gestionada.
La FAO califica como deficiente o muy deficiente la gestión del suelo en el 52,5 % de las evaluaciones regionales y subregionales; solo el 14 % alcanza niveles buenos o muy buenos. En la última década, la población mundial aumentó en unos 800 millones de personas y la superficie cosechada de los principales cultivos...
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Respuesta de investigación

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El segundo diagnóstico integral de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) lanza una advertencia clara: la gestión del suelo es deficiente o muy deficiente en más de la mitad de las regiones evaluadas, y el deterioro avanza con mucha más frecuencia que la recuperación. El problema, subraya el informe, no es que se desconozcan las técnicas de restauración. Es que las prácticas eficaces todavía no se aplican con la rapidez ni a la escala necesarias. 25
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La evaluación clasifica la gestión del suelo como deficiente o muy deficiente en el 52,5 % de las evaluaciones regionales y subregionales. Alrededor de un tercio recibió la calificación de regular, mientras que solo el 14 % fue considerado bueno o muy bueno. Estas proporciones corresponden a las evaluaciones analizadas, no a un porcentaje directo de toda la superficie terrestre del planeta. 25
La tendencia resulta igual de preocupante. Desde la primera evaluación mundial, publicada en 2015, el 58 % de las evaluaciones informó un empeoramiento de las condiciones del suelo, frente a solo un 10 % que registró mejoras. Además, más de la mitad señaló una adopción baja o muy baja de prácticas sostenibles de manejo. 24
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La década transcurrida desde el primer informe trajo consigo una mayor demanda de tierras productivas. La población mundial creció aproximadamente en 800 millones de personas, mientras que la superficie cosechada de los principales cultivos aumentó en unos 80 millones de hectáreas. 24
Este crecimiento no hace inevitable la degradación, pero sí eleva el coste de una mala gestión. Cuando el suelo pierde estructura, materia orgánica o nutrientes, los agricultores deben esforzarse más para mantener la producción. Al mismo tiempo, las comunidades quedan más expuestas a las sequías, las inundaciones y las perturbaciones de los precios de los alimentos.
El suelo no es simplemente el soporte donde crecen las plantas. Sostiene aproximadamente el 95 % de la producción mundial de alimentos, alberga cerca del 59 % de la biodiversidad terrestre y, según la cobertura del informe, es el segundo mayor reservorio de carbono del planeta, después de los océanos. 49
Por eso, un suelo degradado puede desencadenar varios problemas a la vez: menor capacidad productiva, hábitats más frágiles, peor regulación del agua y una menor capacidad de almacenar carbono. Las consecuencias no se quedan en las explotaciones agrícolas; alcanzan a los sistemas alimentarios, los ecosistemas y las políticas climáticas.
La evaluación identifica la erosión como la principal amenaza para el suelo. El 81 % de las evaluaciones la describió como mal gestionada, lo que la convierte en el problema de manejo más generalizado del informe. 47
Entre las demás presiones figuran:
Estas amenazas suelen reforzarse entre sí. La eliminación de la vegetación o la alteración del terreno pueden aumentar la escorrentía y la erosión; la erosión elimina la capa superficial, rica en nutrientes; y la pérdida de materia orgánica reduce la capacidad del suelo para retener agua y sostener la actividad biológica. Así se crea un círculo que hace a la producción menos resistente a los fenómenos climáticos extremos.
El mensaje político de la FAO propone pasar de la explotación del suelo a su custodia. La idea es tratarlo como un recurso vivo, limitado y que debe conservar sus funciones a largo plazo, en lugar de considerarlo un insumo desechable dentro del sistema productivo. Materiales anteriores de la FAO y del Panel Técnico Intergubernamental sobre los Suelos también piden a quienes utilizan o gestionan estos recursos que actúen como custodios, y reclaman a los gobiernos que promuevan un manejo sostenible. 21
Este enfoque es importante porque la recuperación del suelo suele ser mucho más lenta que su degradación. Proteger los suelos que aún conservan sus funciones es, por tanto, tan importante como restaurar las tierras que ya se han deteriorado.
El informe no propone una técnica única aplicable en todos los lugares. Destaca, en cambio, un conjunto de herramientas que debe adaptarse a los suelos, climas y sistemas agrícolas locales. Entre las medidas habituales se encuentran:
La FAO define la agricultura de conservación a partir de tres principios relacionados: mínima alteración mecánica del suelo, cobertura permanente y diversificación de cultivos. 33
34 Los cultivos de cobertura y los restos vegetales protegen el terreno del impacto de la lluvia y pueden reducir la escorrentía, mientras que una menor perturbación y una mayor diversidad de plantas ayudan a sostener la estructura y la materia orgánica del suelo.
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La brecha es, sobre todo, un problema de aplicación. Los agricultores pueden afrontar el coste de nueva maquinaria, insumos y cambios temporales en los rendimientos o en la organización del trabajo. También pueden carecer de seguridad en la tenencia de la tierra, mercados estables, crédito, servicios de extensión agraria, formación práctica o datos relevantes para su zona. Los materiales de la FAO señalan como obstáculos el acceso limitado a los mercados, el crédito y el asesoramiento, mientras que sus orientaciones sobre suelos resistentes a la sequía destacan la necesidad de capacitación, equipos, suministro de insumos y apoyo técnico. 36
38
Por eso, pedir a los agricultores que cambien sus prácticas sin modificar los incentivos y sistemas de apoyo que los rodean difícilmente bastará. Extender la restauración del suelo exige financiación, servicios de asesoramiento fiables, maquinaria adecuada, sistemas locales de seguimiento que sean útiles y políticas que recompensen la gestión a largo plazo.
La FAO presentó la evaluación en el marco de la COP17 de la Convención de las Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación, una cumbre en la que la restauración de tierras y la resiliencia de los paisajes ocuparon un lugar central. Sus materiales para la COP17 llaman a evitar, reducir y revertir la degradación de las tierras agrícolas y del suelo. 39
50
El contexto refuerza la conexión entre suelo, sequía, seguridad alimentaria y política climática. El calor, las sequías, las lluvias intensas y los incendios forestales pueden acelerar la erosión y la pérdida de carbono orgánico. A su vez, los suelos degradados suelen retener menos agua y ofrecen menos protección frente a los impactos del clima. Por ello, el informe respalda la necesidad de integrar la gestión del suelo en las políticas de adaptación climática, protección de la biodiversidad y alimentación, en lugar de tratarla como un asunto exclusivamente agrícola.
El hallazgo más importante de la segunda evaluación es la distancia entre lo que se sabe y lo que se aplica. Con un 52,5 % de las regiones evaluadas calificadas como deficientes o muy deficientes, un 58 % que informa de un deterioro y solo un 10 % de mejoras desde 2015, la prioridad es hacer posible la gestión sostenible a gran escala. 24
25
Proteger el suelo exigirá cambios en las prácticas de las explotaciones, pero también inversiones más amplias en financiación, equipos, seguridad sobre la tierra, asesoramiento, seguimiento y políticas públicas. La advertencia de la FAO es severa, pero deja una conclusión concreta: las herramientas existen; el reto ahora es convertirlas en una gestión responsable respaldada por una aplicación sostenida.
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La FAO califica como deficiente o muy deficiente la gestión del suelo en el 52,5 % de las evaluaciones regionales y subregionales; solo el 14 % alcanza niveles buenos o muy buenos.
La FAO califica como deficiente o muy deficiente la gestión del suelo en el 52,5 % de las evaluaciones regionales y subregionales; solo el 14 % alcanza niveles buenos o muy buenos. En la última década, la población mundial aumentó en unos 800 millones de personas y la superficie cosechada de los principales cultivos creció aproximadamente en 80 millones de hectáreas, elevando la presión sobre su...
La erosión es la amenaza más extendida: el 81 % de las evaluaciones la considera mal gestionada.