De acuerdo con el relato publicado, los drones no dependerían del pilotaje constante de operadores humanos. Su sistema de guiado compararía imágenes captadas en tiempo real —por ejemplo, de carreteras, edificios, relieve y otros elementos visibles— con mapas cargados previamente en sus sistemas.
Este tipo de reconocimiento visual permite a una aeronave calcular su posición cuando la navegación por satélite es poco fiable o deja de estar disponible. En el concepto descrito, los drones usarían esas referencias para seguir rutas y localizar objetivos incluso ante posibles interferencias del GPS.
La cautela es importante: la información técnica no ha sido confirmada de manera independiente. Describe una propuesta atribuida a funcionarios ucranianos, no una capacidad demostrada ni una operación que realmente se llevara a cabo.
El objetivo declarado habría sido hacer demasiado arriesgados los vuelos de compañías extranjeras hacia Moscú. Los impulsores del plan esperaban que la pérdida de conexiones internacionales afectara especialmente a los viajeros rusos más adinerados, incluidos quienes utilizaban rutas a través de centros como Estambul y Dubái.
Así, la interrupción de los aeropuertos se convertiría en una herramienta de presión política y económica. En lugar de emplear los drones únicamente contra infraestructuras físicas, la estrategia intentaría explotar la incertidumbre y las suspensiones recurrentes para aislar la capital, elevar los costes y presionar a las élites rusas.
Según la cobertura, el objetivo final era aumentar la presión sobre Putin para que regresara a las negociaciones de una tregua.
El plan habría alarmado a Zelenski por la posibilidad de que un dron autónomo operando cerca de un aeropuerto chocara con un avión comercial o lo alcanzara, causando la muerte de pasajeros y tripulantes. Entre las preocupaciones atribuidas al liderazgo ucraniano estaba que un ataque de ese tipo pudiera ser calificado de «piratería».
La propuesta también planteaba una cuestión más amplia sobre las armas autónomas: si un sistema que opera sin supervisión humana continua puede distinguir de forma fiable entre objetivos militares, aviones civiles, trabajadores aeroportuarios y otros bienes o personas protegidos.
The Atlantic presentó ese riesgo como un problema humanitario y jurídico de primer orden, sobre todo porque el efecto práctico de la operación sería amenazar la aviación civil en vez de atacar un objetivo militar claramente definido.
Como la operación nunca se ejecutó, la evidencia disponible no permite saber cómo habrían funcionado los drones ni cómo se habría evaluado un ataque concreto conforme al derecho internacional.
La investigación de The Atlantic identificó a Mykhailo Fedorov, entonces ministro de Defensa de Ucrania, como el principal impulsor del plan. Los preparativos habrían continuado durante un tiempo pese a las reservas de Zelenski, pero se estancaron después de que Fedorov fuera destituido en julio, en el marco de una remodelación del Gobierno.
Fedorov estaba estrechamente vinculado al esfuerzo de Ucrania por ampliar el uso militar de drones. Informaciones anteriores lo describieron como uno de los principales defensores de esta tecnología y lo relacionaron con la creación de las primeras unidades ucranianas de drones de ataque en 2023.
Su salida provocó malestar entre grupos de la sociedad civil y protestas de diputados, lo que añadió una dimensión política interna a la controversia. La cobertura también señaló que Fedorov respondió reclamando elecciones en tiempos de guerra, en medio de una disputa más amplia sobre el liderazgo de Zelenski.
No obstante, las fuentes disponibles no permiten establecer de forma independiente que el plan pueda reactivarse. La conclusión más prudente es que la propuesta no llegó a ejecutarse y que su futuro sigue siendo incierto.
La idea de atacar los aeropuertos apareció durante una intensificación de la campaña ucraniana de drones de largo alcance dentro de Rusia. The Atlantic describió ataques contra infraestructuras energéticas rusas, incluidas grandes refinerías, y señaló que habían contribuido a la escasez de combustible y a largas esperas en algunas gasolineras.
Otros reportes describieron ataques ucranianos con drones y cierres temporales de aeropuertos alrededor de Moscú. Esos episodios ayudan a explicar por qué una interrupción reiterada de la aviación civil pudo parecer a los planificadores ucranianos una posible fuente de presión.
La respuesta pública del Gobierno ucraniano fue contradictoria. El portavoz de Zelenski declinó hacer comentarios, mientras que otro funcionario no identificado calificó de «totalmente absurda» la versión sobre un enjambre de drones con IA. Ese funcionario sí reconoció que Ucrania tenía interés en cerrar temporalmente aeropuertos rusos, pero sostuvo que el país no disponía de armas de largo alcance suficientemente precisas y fiables para atacarlos sin asumir riesgos inaceptables para los civiles.
Lo más sólido que puede afirmarse es que The Atlantic informó sobre una propuesta ucraniana, no sobre un ataque completado. Los siguientes elementos deben entenderse como datos reportados, no como hechos verificados de forma independiente:
La principal salvedad es decisiva: la operación nunca se llevó a cabo según la información publicada, los detalles más específicos dependen de fuentes anónimas y un funcionario ucraniano cuestionó incluso su existencia. Por tanto, la historia describe un concepto estratégico atribuido a Ucrania, no demuestra que el país tuviera listo un enjambre capaz de cerrar los aeropuertos de Moscú.