La misma lógica se aplica a la seguridad. Un reporte sobre la posición tailandesa indicó que Anutin considera separada la cooperación de seguridad entre Tailandia y Estados Unidos de las conversaciones comerciales. Bangkok intenta así compartimentar sus relaciones, en lugar de permitir que una sola cuestión dicte todas sus decisiones de política exterior.
Eso no significa que la neutralidad vaya a ser gratuita. Si Washington termina condicionando el acceso a determinados proyectos de IA, controles de exportación o iniciativas de cadenas de suministro a una alineación política, Tailandia podría enfrentarse a decisiones prácticas difíciles, aunque mantenga formalmente una posición neutral. La información disponible, sin embargo, se refiere a una política estadounidense propuesta, no a una sanción confirmada ya aplicada contra Tailandia.
La respuesta tailandesa no se limita a la diplomacia. Yodchanan Wongsawat, viceprimer ministro y ministro de Educación Superior, Ciencia, Investigación e Innovación, afirmó que Tailandia debe concentrarse en desarrollar sus propias capacidades de IA en vez de limitarse a escoger entre los sistemas estadounidense y chino.
Ese objetivo encaja con las ambiciones de Tailandia en el sector de los semiconductores. El Siam Silica Framework es una hoja de ruta destinada a crear capacidades nacionales de alta tecnología y a conectar más estrechamente al país con la cadena de suministro de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN). El plan contempla la fabricación de dispositivos fotónicos, el empaquetado avanzado, el diseño de chips de silicio, la fotónica cuántica y los dispositivos de potencia.
La estrategia fija además objetivos para 2030: ocho empresas de diseño de circuitos integrados, una planta de fabricación de semiconductores y dos centros de empaquetado avanzado. Estas metas no harán independiente a Tailandia en el plano tecnológico de la noche a la mañana, pero muestran por qué Bangkok considera importante conservar el acceso a varios socios. Una mayor capacidad nacional puede reforzar su poder de negociación y reducir una dependencia excesiva de cualquiera de los dos bloques.
La presión estadounidense reportada gira en torno a dos marcos tecnológicos rivales. Pax Silica es una iniciativa no vinculante respaldada por Estados Unidos que busca coordinar a sus socios en ámbitos relacionados con la IA y los semiconductores. Según Reuters, el borrador de Washington advertía a los países participantes que no se sumaran a iniciativas rivales asociadas con China y que podrían quedar excluidos de la coalición liderada por Estados Unidos.
La Organización Mundial para la Cooperación en Inteligencia Artificial de China, conocida como WAICO, fue creada en Shanghái en julio de 2026 como una plataforma alternativa de cooperación internacional en IA. Varios gobiernos del Sudeste Asiático participaron en la diplomacia relacionada con la iniciativa. Los reportes identificaron a cinco países de la región entre sus miembros fundadores, mientras que el primer ministro tailandés asistió a la conferencia, pero no firmó la incorporación de Tailandia a la organización.
El propio Ministerio de Asuntos Exteriores tailandés informó sobre la participación de Anutin en la Conferencia Mundial de Inteligencia Artificial celebrada en China. Allí elogió el papel de China en la tecnología digital y la IA, al tiempo que reafirmó la disposición de Tailandia a cooperar. Ese episodio ilustra la distinción que Bangkok intenta preservar: cooperar con China no equivale necesariamente a una alineación estratégica con Pekín, del mismo modo que la cooperación de seguridad con Estados Unidos no implica participar de forma exclusiva en todos los marcos tecnológicos promovidos por Washington.
La disputa va mucho más allá de los estándares de inteligencia artificial. Los marcos rivales están conectados con los chips, los minerales críticos, los modelos de IA, los controles de exportación, los proyectos conjuntos y las cadenas de suministro necesarias para desarrollar sistemas avanzados. Reuters informó que la estrategia estadounidense busca profundizar la cooperación entre sus socios y reducir la dependencia de China en esos ámbitos.
La posición de Tailandia refleja tanto el atractivo como la dificultad de la autonomía estratégica para los países en desarrollo y de ingresos medios. Mantener abiertas ambas puertas puede facilitar el acceso a inversiones, tecnología y mercados. Pero, a medida que los dos ecosistemas se vuelven más excluyentes, la neutralidad puede resultar cada vez más difícil de aplicar en la práctica.
Por ahora, la respuesta de Bangkok consiste en separar los distintos frentes: mantener la neutralidad en la geopolítica de la IA, continuar las negociaciones comerciales con Washington, preservar la cooperación en seguridad, relacionarse con iniciativas tecnológicas chinas y regionales e invertir en capacidades nacionales. La supervivencia de ese equilibrio ante una división tecnológica más explícita entre Estados Unidos y China dependerá menos de la neutralidad declarada por Tailandia que de las condiciones que cada potencia imponga para acceder a su ecosistema.