El panel advirtió que una prohibición amplia podría resultar contraproducente si los jóvenes encuentran formas de eludirla. Además, trataría como igualmente perjudiciales todos los usos de las redes sociales, pese a que estas también pueden facilitar la conexión con otras personas, la exploración de la identidad y el acceso a comunidades. Un enfoque más dirigido permitiría reducir los mecanismos de riesgo sin eliminar sus posibles beneficios.
Los expertos también recomendaron reforzar la verificación de edad. Un sistema más fiable ayudaría a las plataformas a identificar a los usuarios menores y aplicar protecciones adecuadas de forma coherente, en lugar de depender de una prohibición general cuya aplicación podría ser difícil.
Esto no significa que el panel considere menores los riesgos. Su propuesta es preventiva: las autoridades y las empresas deberían abordar los diseños potencialmente dañinos aunque la investigación continúe y todavía no se hayan establecido vínculos definitivos de causa y efecto entre el uso problemático de las redes sociales y los problemas de salud mental.
Una distinción importante en el razonamiento del panel separa el uso excesivo del uso problemático.
Por eso, limitar el tiempo de pantalla no es una solución completa. Dos jóvenes pueden pasar un número similar de horas conectados y, aun así, vivir experiencias muy distintas según el contenido que reciben, las interacciones que mantienen y el grado en que el diseño de la plataforma dificulta dejar de usarla.
Las recomendaciones del panel se centran en tres grandes tipos de funciones: las que exponen a los menores a riesgos de seguridad, las que incentivan sesiones más largas y las que pueden intensificar las presiones sobre su salud mental.
Los mensajes privados pueden permitir que adultos desconocidos contacten con usuarios jóvenes. Esto puede crear condiciones para el ciberacoso, el acoso sexual progresivo o grooming, el hostigamiento y la solicitud de contenido sexual. Las cuentas anónimas o seudónimas agravan el problema al reducir la responsabilidad de quienes actúan tras ellas y dificultar que las víctimas identifiquen o denuncien a los responsables.
El desplazamiento infinito carga contenido nuevo de manera continua, mientras que la reproducción automática inicia los vídeos sin que el usuario tenga que realizar otra acción deliberada. Estos diseños, orientados a maximizar la interacción, pueden prolongar el uso y dificultar que la persona se desconecte.
Los sistemas de recomendación pueden ofrecer una y otra vez contenidos muy atractivos para mantener la atención. La preocupación no es solo que el feed sea personalizado, sino que una selección basada en la interacción puede alargar las sesiones y exponer repetidamente a los jóvenes a materiales que refuercen comparaciones poco saludables o el malestar.
Las métricas públicas de interacción pueden convertir la atención en una competición de estatus visible. En algunos jóvenes, vigilar constantemente los «me gusta» y el número de seguidores puede intensificar la búsqueda de validación, la presión de grupo y la comparación social negativa, con posibles efectos sobre la autoimagen y el bienestar.
La respuesta recomendada busca modificar el entorno digital, en vez de trasladar toda la responsabilidad a los jóvenes y exigirles que resistan por sí solos diseños creados para captar su atención.
Las protecciones adaptadas a la edad podrían incluir limitar el contacto directo entre usuarios jóvenes y adultos desconocidos, desactivar por defecto la reproducción automática para los menores y reducir la exposición a contenidos dañinos o a funciones que fomenten un uso compulsivo.
Las plataformas deberían poder determinar con mayor precisión la edad de sus usuarios para aplicar las medidas de protección correspondientes. El enfoque del panel vincula la verificación de edad con una protección proporcionada: conocer la edad permitiría activar configuraciones más seguras sin privar a todos los jóvenes del acceso a las redes sociales.
El panel pidió adoptar una actitud de precaución frente a los diseños potencialmente dañinos. En la práctica, esto significa que los reguladores no tendrían que esperar pruebas definitivas sobre cada función concreta antes de exigir a las plataformas que reduzcan riesgos previsibles.
Durante la adolescencia, los jóvenes pueden ser especialmente sensibles a la influencia de sus pares, la comparación social, la búsqueda de recompensas y las presiones emocionales. Las plataformas pueden amplificar esas presiones mediante la respuesta pública de otros usuarios, las recomendaciones algorítmicas y las oportunidades constantes de interacción.
El énfasis en el diseño también refleja que los menores interactúan con sistemas creados para retener su atención. La alfabetización digital y el autocontrol siguen siendo importantes, pero la educación por sí sola no puede compensar completamente funciones que vuelven automático el uso continuado o permiten contactos no deseados.
Las recomendaciones distribuyen la responsabilidad entre varios actores, en lugar de depositarla únicamente en los padres o en el Gobierno.
El mensaje práctico no es simplemente que los jóvenes pasen menos tiempo conectados. Es que las plataformas deben ser más seguras, los adultos necesitan mejores herramientas para acompañarlos y los propios jóvenes deben contar con conocimientos y apoyo para reconocer experiencias dañinas.
El panel del MOH de Singapur prefiere regular las funciones perjudiciales antes que imponer una prohibición general basada en la edad porque considera que este enfoque es más específico, proporcionado y sostenible. Su modelo combina un diseño más seguro de las plataformas, una verificación de edad reforzada y una regulación preventiva con educación digital, orientación de los padres, comunicación familiar y apoyo de escuelas, profesionales sanitarios y organizaciones comunitarias.
El planteamiento también reconoce los límites de la evidencia disponible. El uso de las redes sociales puede asociarse con un menor bienestar, pero los estudios actuales no establecen un vínculo causal definitivo para todos los resultados. Esa incertidumbre justifica aplicar medidas de protección cuidadosas; no permite asumir que el acceso sin restricciones o una prohibición total sean, por sí solos, respuestas completas.