Nieman Lab documentó las firmas de más de 15 dibujantes de The New Yorker en caricaturas generadas por ChatGPT, sin permiso ni remuneración. El problema va más allá de imitar un estilo: la firma de un artista puede hacer creer, erróneamente, que creó o avaló una imagen.
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La caricatura “BLOPER” y la confusión sobre quién la hizo
Una caricatura generada por IA que se compartió ampliamente llevaba la firma “BLOPER”, el seudónimo del dibujante de The New Yorker Brendan Loper. Él dijo que no la había dibujado ni firmado, y que algunas personas se pusieron en contacto con él para preguntarle si era suya. El episodio mostró cómo una firma puede llevar al público a confundir una imagen generada por IA con el trabajo de un artista.
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Para Loper, la firma no es un simple adorno: la describió como un “certificado de autenticidad”, una marca que pone en las obras que quiere que se reconozcan como propias.
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Los dibujantes cuestionaron la atribución falsa
La preocupación no se limitaba a que las imágenes recordaran el formato característico de la revista. Al añadir la firma de un dibujante real, se asociaba el nombre de una persona con una obra que no había creado. Otros artistas dijeron reconocer elementos de su trabajo en las imágenes generadas, aunque no las consideraban dibujos hechos por ellos.
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La distinción importa tanto a los lectores como a los artistas: una firma suele indicar quién es el autor. Ponerla en una imagen generada puede confundir sobre su procedencia, aunque la imagen sea sintética.
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El acuerdo con Condé Nast no incluía las caricaturas
OpenAI tiene un acuerdo de licencia de contenido con Condé Nast, la empresa editora de The New Yorker. Sin embargo, según la información publicada, ese acuerdo no autorizaba entrenar modelos con las caricaturas de la revista. Que exista un acuerdo para usar ciertos contenidos de una editorial no equivale a un permiso general para utilizar todo su material ni para reproducir las firmas de sus colaboradores.
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La respuesta de OpenAI y las preguntas pendientes
Según los reportes, después de que Nieman Lab planteara sus preguntas, OpenAI añadió restricciones a algunos prompts. Aun así, se siguieron reportando ejemplos de caricaturas generadas con firmas de artistas.
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La investigación documenta las imágenes y las inquietudes sobre la atribución, pero no determina exactamente cómo el modelo aprendió esas firmas ni resuelve si el entrenamiento o las imágenes generadas infringen derechos de autor. Ni la existencia de un acuerdo de licencia ni el hecho de que un generador produzca una firma bastan para dar por respondidas esas preguntas.
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