En su lugar, Samani sostiene que solo dos sectores han demostrado encaje de mercado y conservan un propósito económico claro: las finanzas descentralizadas (DeFi) y las Redes de Infraestructura Física Descentralizada (DePIN). Su frase no admite matices: “La Web3 ha muerto. Todo lo que nos queda son DeFi y DePIN” .
Este argumento sectorial se apoya en una creencia fundacional sobre la naturaleza de las blockchains. Samani las describe como “esencialmente libros de registro de activos” (“asset ledgers”) que sin duda transformarán las finanzas globales y los mercados de capitales, pero cree que su utilidad termina ahí . Es una desviación notable de la idea de las blockchains como “ordenadores mundiales” de uso general capaces de ejecutar cualquier aplicación. Su mirada las reduce a una infraestructura financiera altamente especializada.
La implicación es cruda: si una blockchain es poco más que un libro contable, su mejor uso es gestionar la propiedad, facilitar transferencias y ejecutar operaciones financieras complejas—exactamente el terreno de DeFi y DePIN. Esta visión centrada en el libro mayor despoja a la tecnología de gran parte de la ambición ideológica y tecnológica que definió la era cripto entre 2017 y 2022.
La sentencia de Samani no surgió de la nada. Fue una respuesta directa a un hilo de Eli Ben-Sasson, director ejecutivo de StarkWare y cofundador de StarkNet y Zcash. Ese mismo 1 de junio, Ben-Sasson publicó un diagnóstico sobre una profunda crisis de identidad que atenaza al sector cripto .
La crisis, tal como la describió Ben-Sasson, es una paradoja dolorosa. Por un lado, muchos desarrolladores veteranos y pioneros (“OGs”) que forjaron la cultura cripto están optando por abandonar el espacio. Por el otro, precisamente esas instituciones y entidades de las finanzas tradicionales (TradFi) a las que el movimiento cripto original se enfrentaba están por fin mostrando un interés serio y entrando en el mercado .
La industria, sugirió Ben-Sasson, se debate ahora en una pregunta fundamental: si los primeros rebeldes se han ido y la vieja guardia se está convirtiendo en el nuevo cliente, ¿qué defiende realmente el mundo cripto?
La tesis afilada de Samani no es un ejercicio académico. Como presidente del consejo de administración de Forward Industries (NASDAQ: FORD), está ejecutando activamente esta visión a escala de una empresa cotizada.
Forward Industries se recapitalizó en septiembre de 2025 mediante una inversión privada en capital público (PIPE, por sus siglas en inglés) de 1.650 millones de dólares, liderada por Galaxy Digital, Jump Crypto y Multicoin Capital. La nueva estrategia de la compañía es operar como una “empresa de tesorería de activos digitales centrada en Solana”, un esfuerzo por “comprar, mantener, apostar (staking), comerciar, invertir y hacer crecer SOL y activos digitales relacionados” .
Esta estrategia es un producto directo de la cosmovisión reducida de Samani:
La declaración de que “la Web3 ha muerto” no es, por tanto, un simple titular provocador. Es la articulación cristalina de una tesis de inversión que Samani ya está poniendo en práctica con miles de millones de dólares como respaldo. Apuesta a que el futuro de las criptomonedas no pertenece a una visión ideológica y amplia de un nuevo internet, sino a una enfocada en la utilidad financiera.
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