Ben-Gvir también ha promovido lo que denomina la “emigración voluntaria” de los palestinos de Gaza. A finales de julio, describió la destrucción de Hamás y el fomento de la emigración palestina como la única solución que Israel debería aceptar, al tiempo que rechazaba un acuerdo con Hamás negociado por terceros.
Esa postura coincide con su defensa de los asentamientos israelíes y de un control israelí a largo plazo sobre Gaza, en lugar de una retirada negociada.
Ben-Gvir es el ministro israelí de Seguridad Nacional. Su cartera supervisa a la Policía de Israel y al Servicio Penitenciario, por lo que tiene una influencia importante sobre la seguridad interna, la política penitenciaria y la administración de esos organismos.
Pero su cargo tiene límites claros:
La diferencia entre influencia política y mando operativo es clave. Ben-Gvir es miembro del gabinete, dirige un partido ultraderechista de la coalición y puede utilizar el apoyo parlamentario de su formación para presionar a Netanyahu. Su poder sobre la guerra en Gaza es, por tanto, político e institucional, no el de un comandante militar.
Sudáfrica ha presentado ante la Corte Internacional de Justicia (CIJ) declaraciones de dirigentes políticos y militares israelíes como elementos a partir de los cuales podría inferirse una presunta intención genocida. En su demanda inicial, Sudáfrica sostuvo que algunas de esas declaraciones apuntaban a la intención de destruir a los palestinos de Gaza como grupo.
La distinción jurídica es importante: las medidas provisionales de la CIJ no determinaron que Israel hubiera cometido genocidio. La Corte abordó la plausibilidad de derechos protegidos por la Convención sobre el Genocidio y ordenó medidas para prevenir actos prohibidos —incluido el asesinato de miembros del grupo protegido— y para prevenir y castigar la incitación directa y pública al genocidio.
En ese contexto, Sudáfrica u otros participantes podrían citar las palabras de Ben-Gvir como evidencia contextual de deshumanización, posible intención o incitación. Sin embargo, sus declaraciones no constituyen por sí solas una conclusión de la CIJ sobre su responsabilidad penal individual ni una determinación final de que Israel haya cometido genocidio. Israel rechaza esa acusación y sostiene que su guerra está dirigida contra Hamás, no contra los palestinos como grupo protegido.
Las declaraciones refuerzan el atractivo de Ben-Gvir entre un sector ultranacionalista que defiende el uso máximo de la fuerza, el control israelí permanente de Gaza, la expansión de asentamientos y la salida de los palestinos del territorio. Según los reportes, esas posiciones —antes consideradas marginales— han ganado visibilidad de cara a las elecciones israelíes del 27 de octubre, aunque los medios nacionales israelíes han prestado poca atención a este episodio concreto.
Esa combinación —escasa cobertura en los medios generalistas, pero un mensaje muy claro para su base política— podría fortalecer la capacidad de negociación de Ben-Gvir dentro de la coalición de Netanyahu. No significa que él determine la estrategia militar, pero sí que puede dificultar que Netanyahu acepte un compromiso que provoque la ruptura o el rechazo de su partido.
Las declaraciones surgieron en medio de una disputa sobre el orden de dos pasos centrales: el desarme de Hamás y la retirada militar israelí. Funcionarios israelíes han dicho que sus tropas no se retirarán sin un “desarme genuino” de Hamás. Hamás, por su parte, ha condicionado la entrega de armas pesadas al fin de las operaciones militares israelíes y a la retirada de sus fuerzas.
Un marco respaldado por Estados Unidos y asociado con el presidente Donald Trump habría vinculado el desarme de Hamás con una retirada israelí gradual. Netanyahu rechazó las disposiciones relativas a la retirada y afirmó que Israel no se marcharía hasta que Hamás estuviera completamente desarmado.
Ben-Gvir mantiene una posición todavía más inflexible. Se ha opuesto al acuerdo de desarme y retirada, lo ha calificado de inaceptable y ha defendido el control israelí continuado, la “emigración” palestina y los asentamientos en Gaza.
El resultado es una tensión política de tres niveles: Hamás condiciona el desarme a la retirada israelí; el marco propuesto por Trump vincula ambos pasos; y Netanyahu insiste en que el desarme debe producirse primero. Ben-Gvir rechaza incluso la premisa de una retirada negociada.
Sus declaraciones en el pódcast deben entenderse en ese contexto: como una exigencia pública de escalada y control permanente, respaldada por capacidad de presión política, pero no por el mando directo de las operaciones militares israelíes.