En un martes de finales de mayo de 2026, la frágil arquitectura diplomática entre Estados Unidos e Irán colisionó frontalmente con una escalada militar israelí sin precedentes. Mientras los mediadores internacionales informaban de avances significativos hacia un alto el fuego y el inicio de conversaciones sobre el programa nuclear iraní, el ministro de Seguridad Nacional israelí, Itamar Ben-Gvir, se plantó ante las cámaras en el Knéset para marcar una línea roja. Su mensaje fue tan claro como contundente: Israel no toleraría el acuerdo. Para Ben-Gvir, el brutal bombardeo sobre el Líbano que se desarrollaba en ese mismo instante no era una coincidencia .
En una conferencia de prensa de su partido de extrema derecha Otzma Yehudit, Ben-Gvir lanzó un desafío directo al proceso de negociación liderado por el presidente Donald Trump. Calificó cualquier posible acuerdo con Irán como un “mal pacto” que pondría en peligro vidas humanas y la seguridad de Israel . Su lenguaje no dejó espacio para la interpretación.
“Sé que el primer ministro Netanyahu y todos nosotros, los miembros del gabinete… como gobierno de Israel, no podemos permitir que esto ocurra”, afirmó Ben-Gvir, insistiendo en que todo el ejecutivo estaba unido contra la vía diplomática . El ministro instó a Netanyahu a “dar un puñetazo sobre la mesa” en sus conversaciones con Trump para bloquear el acuerdo emergente
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El momento era crítico. Apenas unos días antes, el secretario de Estado de EE. UU., Marco Rubio, había señalado que se había logrado “cierto progreso” en un pacto que obligaría a Irán a deshacerse de sus reservas de uranio altamente enriquecido y a reabrir el estratégico estrecho de Ormuz a cambio del levantamiento del bloqueo estadounidense . Los mediadores creían estar acercándose a una extensión del alto el fuego por 60 días
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Mientras Ben-Gvir hablaba, Israel ejecutaba una de sus campañas de bombardeo más intensas en semanas. Fuentes de seguridad libanesas reportaron más de 120 ataques aéreos en el sur y el este del país, alcanzando localidades como Burj al-Shamali, Kawthariyet El Riz, Habboush, Maarakeh y Selaa . El Ministerio de Salud libanés confirmó la muerte de al menos 18 personas, aunque otras fuentes elevaron la cifra de fallecidos a 31, con más de 40 heridos
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Los ataques golpearon con fuerza zonas civiles. En el valle occidental de la Becá, los cazas israelíes lanzaron ocho bombardeos consecutivos sobre la ciudad de Mashghara, creando lo que la Agencia Nacional de Noticias libanesa describió como un “anillo de fuego” que mató al menos a cinco personas . En Tiro, barrios residenciales enteros quedaron reducidos a escombros, y los equipos de defensa civil trabajaron durante toda la noche rescatando cuerpos
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El primer ministro Benjamín Netanyahu declaró haber ordenado a las fuerzas armadas escalar la ofensiva para “aplastar” a Hezbolá . Los bombardeos terminaron de deshilachar un alto el fuego anunciado el 16 de abril, que ya se violaba casi a diario
. Desde que se reanudaron las hostilidades a principios de marzo, más de un millón de libaneses habían sido desplazados y más de 3.100 personas habían muerto
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Lo que diferenció esta jornada fue la conexión explícita entre la acción militar y el proceso diplomático. Ben-Gvir sugirió que el bombardeo pretendía descarrilar las negociaciones entre Estados Unidos e Irán, un vínculo que varios medios internacionales destacaron de inmediato . El diario Asia Times informó que, “mientras Israel lanzaba un nuevo bombardeo sobre el Líbano el martes, su ministro de Seguridad de extrema derecha, Itamar Ben-Gvir, sugirió que estaba intentando hacer descarrilar las negociaciones de paz en curso”
.
Este patrón no era nuevo. Horas después de que se anunciara un anterior alto el fuego entre Estados Unidos e Irán en abril, Israel desató una campaña masiva de bombardeos sobre el Líbano, lo que provocó la condena del ministro de Exteriores de Pakistán, quien acusó a Netanyahu de intentar sabotear los esfuerzos de mediación cuando ambas partes estaban “a punto de sentarse a negociar” . Un análisis de The Business Standard documentó un patrón sostenido: “durante más de dos años, en Gaza, el Líbano y ahora bajo la sombra de una frágil tregua entre Estados Unidos e Irán, Israel, bajo el mandato del primer ministro Benjamín Netanyahu, ha escalado repetidamente justo cuando la diplomacia gana impulso”
.
Los funcionarios iraníes fueron directos en sus acusaciones. El portavoz del Ministerio de Exteriores iraní, Nasser Kanaani, afirmó que “no se debe esperar nada de Israel excepto el sabotaje de cualquier proceso” . La postura negociadora de Teherán exigía explícitamente que cualquier acuerdo para poner fin a las hostilidades entre Estados Unidos e Irán debía incluir también el cese de los ataques israelíes en el Líbano, donde las autoridades reportaban más de 12.000 víctimas entre muertos y heridos
.
La declaración de Ben-Gvir también expuso las fracturas dentro de la política israelí. Mientras él y su partido Otzma Yehudit se posicionaban como guardianes de la seguridad frente a un “mal acuerdo”, los líderes de la oposición también criticaron con dureza el pacto emergente, aunque por razones muy distintas. El jefe de la oposición, Yair Lapid, censuró la gestión de Netanyahu por el hecho de que Israel parecía haber quedado al margen del proceso de negociación .
Esta maniobra política recordaba a intervenciones previas del propio Ben-Gvir, quien en el pasado había presumido de que “gracias a nuestro poder político, logramos impedir” un acuerdo de rehenes en Gaza “una y otra vez” . Su oposición a la diplomacia con Irán representaba la extensión de una postura de línea dura que consideraba cualquier salida negociada como una capitulación.
Entre bastidores, la vía diplomática mostraba signos de vida incluso mientras caían las bombas. El Financial Times reportó que los mediadores creían estar cerca de un acuerdo para extender la tregua estadounidense con Irán por 60 días y sentar las bases para discutir el programa nuclear de la república islámica . Rubio había sugerido que un pacto podría cerrarse en cuestión de días
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Sin embargo, la combinación del veto público de Ben-Gvir y la escalada militar lanzó una larga sombra sobre esas perspectivas. La secuencia de eventos —una declaración pública oponiéndose a cualquier pacto, cuidadosamente sincronizada con una gran ofensiva militar explícitamente dirigida a descarrilar las negociaciones— pintaba el cuadro de una estrategia deliberada para hacer imposible la diplomacia.
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El ministro israelí Itamar Ben Gvir declaró que el gobierno “no puede permitir” un acuerdo entre Washington y Teherán por considerarlo un “mal pacto” para su seguridad, en una esperada conferencia en la Knéset [38][39].
El ministro israelí Itamar Ben Gvir declaró que el gobierno “no puede permitir” un acuerdo entre Washington y Teherán por considerarlo un “mal pacto” para su seguridad, en una esperada conferencia en la Knéset [38][39]. La advertencia de Ben Gvir coincidió con más de 120 ataques aéreos sobre el sur y este del Líbano, dejando al menos 31 muertos, en lo que fuentes locales describieron como un “anillo de fuego” [6][11].
El propio ministro sugirió que la ofensiva militar buscaba descarrilar las conversaciones de paz, reforzando las acusaciones de Irán sobre un presunto boicot israelí a la diplomacia justo cuando los mediadores veían a...