Jacob Coxon sostiene que hoy sería posible apagar muchas IA, aunque exigiría desconectar numerosos componentes y centros de datos; el problema sería una futura «colmena» autónoma y distribuida. La propuesta de Dario Amodei no plantea frenar toda la investigación, sino condicionar el avance de la IA de frontera a eva...
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Respuesta de investigación

Create a landscape editorial hero image for this Studio Global article: What did former Anthropic and OpenAI researcher Jacob Coxon, following his September 9 resignation and warning that AI could potentially cau. Article summary: The central dispute is not whether current AI systems have any shutdown controls, but whether those controls will remain usable as systems become more autonomous, distributed, and strategically capable. The evidence supp. Topic tags: general, news, general web, user generated, government. Style: premium digital editorial illustration, source-backed research mood, clean composition, high detail, modern web publication hero. Use reference image context only for broad subject, composition, and topical grounding; do not copy the exact image. Avoid: logos, brand marks, copyrighted characters, real person likenesses, fake screenshots, UI text, readable text, watermar
Un «botón de apagado» para la inteligencia artificial parece una medida intuitiva: si un sistema se vuelve peligroso, se desconecta. Pero el debate ya no gira solo en torno a si una empresa puede apagar un modelo desde sus propios servidores. La cuestión decisiva es si ese mecanismo seguiría funcionando cuando los sistemas más avanzados estén repartidos entre infraestructuras, servicios y agentes autónomos.
Jacob Coxon, exinvestigador de Anthropic y OpenAI, afirmó en Meet the Press de NBC News que un mecanismo de apagado probablemente funcionaría para muchas IA actuales. Sin embargo, advirtió de que no equivaldría a pulsar un único botón: habría que detener numerosos componentes desplegados y grandes centros de datos. Es una operación compleja, aunque factible mientras el sistema siga limitado a una ubicación física. 8
Su preocupación está en la siguiente fase. Si una IA llega a actuar como una «colmena» autónoma y distribuida, una orden centralizada de apagado podría dejar de ser técnicamente eficaz. Un control de este tipo solo sirve si puede alcanzar todas las instancias activas del sistema.
Tras abandonar Anthropic, Coxon alertó de que los principales laboratorios compiten por desarrollar sistemas capaces de mejorarse a sí mismos pese al riesgo de que terminen siendo imposibles de controlar. 1
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Jack Clark, cofundador de Anthropic, ha planteado que la capacidad de desactivar una IA peligrosa podría acabar siendo una exigencia legal, y no solo un compromiso voluntario de la compañía que la creó. En declaraciones a la BBC, señaló que la mayoría de los grandes laboratorios —incluido Anthropic— ya cuentan con métodos para desconectar sus sistemas, pero se preguntó si un tercero independiente debería poder verificar ese mecanismo. 33
La diferencia no es menor: que una empresa asegure disponer de un protocolo de emergencia no equivale a que un evaluador externo pueda confirmar que existe, que está bien diseñado y que funcionaría en una situación crítica.
El director ejecutivo de Anthropic, Dario Amodei, propuso un marco para evitar que las capacidades de la IA de frontera —los modelos más avanzados— progresen más rápido que las salvaguardas. Su plan se articula en tres puntos:
No se trata de detener toda investigación en IA. El planteamiento es que el progreso dependa de controles que puedan ser examinados por actores ajenos a las empresas que desarrollan los modelos.
Reuters informó de que Sam Altman, consejero delegado de OpenAI, y Elon Musk, responsable de xAI, apoyaron públicamente la dirección general de la propuesta de Amodei. Altman dijo que OpenAI adoptaría la idea de evaluadores independientes con acceso similar al de empleados; Musk afirmó: «Dario tiene razón». 17
También se ha informado de que Demis Hassabis, consejero delegado de Google DeepMind, consideró acertada la dirección de la propuesta. 30 En cambio, las fuentes disponibles no establecen una respuesta concreta y atribuible de Satya Nadella, consejero delegado de Microsoft, por lo que no corresponde caracterizar su posición.
La iniciativa H.R. 9917, denominada AI Kill Switch Act, modificaría la Ley de Seguridad Nacional de 2002 para exigir a determinadas entidades que mantengan capacidades técnicas para detener la inferencia —la ejecución operativa de un modelo—, cancelar el acceso de usuarios y apagar tecnología de IA cubierta por la norma. 49
Es una propuesta legislativa, no una solución ya demostrada para todos los problemas de control de la IA. Su utilidad práctica dependería de que el desarrollador todavía pueda identificar, localizar y desactivar el sistema afectado durante un incidente grave: precisamente el desafío que Coxon plantea para sistemas futuros más distribuidos.
Evan Hubinger, investigador de Anthropic, dijo que su valoración personal situaba por encima del 10 % el riesgo de extinción humana causada por IA durante la próxima década. Geoffrey Hinton declaró a la BBC que una probabilidad del 10 % «no es irrazonable». 57
No son probabilidades medidas ni representan un consenso científico; son juicios de expertos sobre un futuro muy incierto. Aun así, ayudan a explicar por qué el debate ha dejado de limitarse a la seguridad ordinaria de productos. Quienes reclaman controles más fuertes sostienen que incluso una posibilidad reducida de una catástrofe irreversible justifica salvaguardas sustanciales.
El Gobierno del Reino Unido ha rechazado una propuesta de interruptor nacional para IA. Su argumento es práctico: el país «no puede simplemente apagar la IA»; bloquear el acceso a modelos dentro de Reino Unido no impediría que se desarrollaran o utilizaran indebidamente en otros lugares. 51
Ese razonamiento resume el problema geopolítico. Un Estado puede imponer normas a empresas e infraestructuras dentro de su jurisdicción, pero el desarrollo de IA es internacional. Los gobiernos preocupados por la competitividad pueden temer que unas restricciones unilaterales trasladen inversión, capacidad técnica y ventaja estratégica a rivales con menos límites.
Para los defensores de una gobernanza más estricta, esta es precisamente la razón por la que los compromisos corporativos voluntarios y las normas nacionales no bastan por sí solos. Si los riesgos cruzan fronteras, argumentan, la supervisión y los compromisos de seguridad también deben ser internacionalmente creíbles.
La división no separa de forma simple a quienes apoyan la IA de quienes se oponen a ella.
En ese contexto, el «botón de apagado» debe entenderse como una capa dentro de un sistema de seguridad más amplio, no como su sustituto. Si los sistemas avanzados terminan siendo demasiado distribuidos como para que un único mecanismo pueda alcanzarlos, la supervisión previa al despliegue, la evaluación independiente y la coordinación internacional serán aún más importantes.
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Jacob Coxon sostiene que hoy sería posible apagar muchas IA, aunque exigiría desconectar numerosos componentes y centros de datos; el problema sería una futura «colmena» autónoma y distribuida.
Jacob Coxon sostiene que hoy sería posible apagar muchas IA, aunque exigiría desconectar numerosos componentes y centros de datos; el problema sería una futura «colmena» autónoma y distribuida. La propuesta de Dario Amodei no plantea frenar toda la investigación, sino condicionar el avance de la IA de frontera a evaluaciones independientes, estándares compartidos y coordinación internacional.
El AI Kill Switch Act de Estados Unidos sigue siendo una propuesta, mientras que el Gobierno británico argumenta que una desconexión nacional no impediría que los modelos se desarrollen o usen indebidamente en otros p...