Funcionarios estadounidenses señalaron que aprobar o no estas operaciones depende de decisiones en ambos lados. Desde Washington se describió como una “decisión soberana” de China: Estados Unidos podría permitir ventas con licencia, pero corresponde a las empresas y autoridades chinas decidir si finalmente compran los chips.
Curiosamente, las restricciones a los semiconductores no fueron el eje central de las conversaciones oficiales.
El representante comercial de Estados Unidos, Jamieson Greer, explicó que los controles de exportación de chips “no fueron un tema principal” durante las reuniones bilaterales en Pekín.
Esto sugiere que, aunque el acceso a chips avanzados es un asunto estratégico, probablemente se gestione mediante procesos regulatorios y comerciales independientes, más que a través de negociaciones directas entre líderes políticos.
Mientras tanto, la incertidumbre sobre el acceso a tecnología estadounidense ha impulsado a China a reforzar su estrategia de autosuficiencia tecnológica.
Según informes recientes, algunas empresas chinas recibieron autorización para comprar chips H200, pero aún no se ha entregado ninguno. Además, el gobierno chino habría aconsejado a compañías tecnológicas que frenen sus compras mientras se desarrollan alternativas nacionales.
Gigantes tecnológicos como Alibaba, Tencent o ByteDance están entre las empresas interesadas en estos procesadores, fundamentales para entrenar modelos de IA a gran escala.
La reunión en Pekín refleja una paradoja cada vez más visible en la relación entre Estados Unidos y China. Por un lado, ambos países exploran cooperación en cuestiones globales como la seguridad de la inteligencia artificial. Por otro, compiten intensamente por el control del hardware que hará posible la próxima generación de sistemas de IA.
Comments
0 comments