El crecimiento del 4,5% en la producción industrial fue el único punto luminoso del informe de mayo. Esta fortaleza no fue generalizada, sino que se concentró en sectores vinculados a las exportaciones y la tecnología. Los fabricantes, sobre todo en campos relacionados con la alta tecnología y la inteligencia artificial, se beneficiaron de una demanda global todavía sólida, en un contexto de persistente volatilidad en las políticas comerciales .
Sin embargo, esta resiliencia industrial contrastaba de forma chocante con el estado del consumo doméstico. La caída del 0,6% en las ventas minoristas marcó un nuevo mínimo para 2026 y señaló que los hogares chinos mantienen una profunda cautela. El descenso fue la culminación de una tendencia de debilitamiento: el crecimiento de las ventas minoristas se había ralentizado hasta apenas un 0,2% en abril desde el 1,7% de marzo, lo que representó a su vez una desaceleración significativa frente al 2,8% de los dos primeros meses del año . El repliegue del consumidor refleja una confluencia de presiones negativas, como la prolongada crisis del mercado de la vivienda —que ha mermado la riqueza de los hogares—, una débil confianza del consumidor y un mercado laboral en deterioro
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El fuerte deterioro de la inversión en activos fijos fue uno de los aspectos más alarmantes del informe de mayo. La caída de la cifra acumulada anual hasta el -4,1% representó una rápida desaceleración desde el -1,6% registrado en abril, que ya suponía una contracción respecto al crecimiento del 1,7% del primer trimestre . Esta recesión es atribuible casi en su totalidad al sector inmobiliario. El desplome del 16,2% en la inversión en desarrollo inmobiliario fue el más profundo de la historia reciente y continúa lastrando las cifras de inversión general. Si se excluye el sector inmobiliario, la inversión en activos fijos de China en realidad aumentó un 1,3% en los primeros cuatro meses del año, lo que subraya hasta qué punto la crisis de la vivienda está distorsionando el panorama económico
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La inversión en infraestructuras y en manufacturas, que antes constituían bolsas de relativa fortaleza, también mostró signos de tensión. El crecimiento de la inversión en infraestructura se desaceleró bruscamente desde el 8,9% en el primer trimestre hasta el 4,3% en el período enero-abril, y el aumento de la inversión en manufacturas cayó del 4,1% al 1,2% en el mismo período . Los datos sugieren que la debilidad inicialmente concentrada en el sector inmobiliario se está extendiendo a otras áreas de inversión a medida que flaquea la confianza empresarial.
Las cifras de mayo son más que una caída cíclica; ponen de relieve un desequilibrio fundamental en el modelo de crecimiento de China. Por un lado, la política industrial y la competitividad exportadora siguen impulsando la producción fabril. Por el otro, el crucial motor de la demanda interna empieza a fallar. Esta divergencia ha sido una preocupación constante, pero la primera caída mensual declarada de las ventas minoristas en más de tres años es una clara señal de alarma de que el reequilibrio hacia un crecimiento liderado por el consumo sigue siendo un objetivo lejano .
El sector inmobiliario está en el centro del problema. Con los precios de la vivienda nueva significativamente por debajo de sus máximos —hay informes que apuntan a descensos del 13% para vivienda nueva y del 22,2% para vivienda usada—, el efecto riqueza negativo sobre los hogares es sustancial, suprimiendo directamente su voluntad de gastar . Hasta que el mercado de la vivienda no se estabilice y la confianza del consumidor se recupere, es probable que China continúe por esta senda a dos velocidades, en la que las cifras macroeconómicas del PIB enmascaran una realidad mucho más precaria para el hogar medio.