La lectura de BlackRock es, por tanto, una interpretación propia de la mecánica del mercado. Los datos sobre apalancamiento y liquidaciones ayudan a explicar por qué la caída fue tan rápida y profunda, pero no demuestran por sí solos que los factores fundamentales —como la demanda o la valoración— no influyeran.
La presión vendedora también coincidió con un cambio en los flujos de inversión. Según BlackRock, los productos cotizados al contado de Bitcoin habían captado unos 60.000 millones de dólares entre enero de 2024 y octubre de 2025, antes de registrar salidas superiores a 5.000 millones.
Al mismo tiempo, el análisis de la gestora mostró que aproximadamente 46.000 millones de dólares entraron en fondos vinculados a la inteligencia artificial entre octubre de 2025 y julio de 2026. El resumen ejecutivo del informe utiliza una cifra menor para un periodo de comparación más estrecho; por ello, los datos parecen corresponder a ventanas de medición diferentes y no necesariamente a una contradicción directa.
La implicación para los inversores es relevante: Bitcoin no solo se vio afectado por ventas forzadas, sino también por la competencia por el capital marginal. Cuando se debilitan los flujos de entrada, un activo tan volátil se vuelve más sensible a los cambios de posicionamiento y a los reembolsos.
BlackRock actualizó su análisis de carteras utilizando un periodo móvil hipotético de 10 años terminado el 29 de mayo de 2026. Al sustituir dos puntos porcentuales de renta variable de una cartera convencional 60/40 —60% en acciones y 40% en bonos— por Bitcoin, el ratio de Sharpe pasó de 0,81 a 0,96. La pérdida máxima apenas cambió: del 20,3% al 20,9%.
La gestora utiliza estos resultados para sostener que una pequeña posición en Bitcoin mejoró históricamente la rentabilidad ajustada al riesgo sin modificar de forma sustancial la pérdida máxima de la cartera. Sin embargo, se trata de cifras retrospectivas basadas en una cartera modelo. No son una previsión ni garantizan que el mismo resultado se repita en el futuro.
El informe situó en 0,18 la correlación de Bitcoin con el índice S&P 500 durante un periodo de 10 años. BlackRock argumentó que los momentos en los que Bitcoin cotizó más cerca de las acciones fueron episodios concretos, especialmente durante fases de posicionamiento excesivo y desapalancamiento generalizado, y no la señal de una relación estructural permanente.
Esta distinción es fundamental para el argumento de diversificación. Bitcoin puede caer al mismo tiempo que la bolsa cuando los inversores reducen el riesgo de forma urgente y, aun así, mantener a largo plazo unos motores de rentabilidad distintos de los activos tradicionales. Eso no lo convierte en una cobertura fiable para todas las crisis: BlackRock describió expresamente a Bitcoin como un activo de «doble personalidad», con una volatilidad elevada y un comportamiento que cambia según el régimen de mercado.
BlackRock también señaló la expansión del acceso institucional como una prueba de que la estructura del mercado y la historia de adopción de Bitcoin siguen desarrollándose. El informe citó los productos cotizados, la infraestructura de custodia —incluido el servicio Custody+ previsto por Citi— y la continuidad de la tenencia institucional.
Entre los datos mencionados figuran unos 48.000 millones de dólares en activos netos del iShares Bitcoin Trust de BlackRock a 17 de agosto, una reactivación de las compras de clientes a finales de julio y la estimación de que el comprador medio estadounidense de productos cotizados al contado mantenía una pérdida aproximada del 22%.
Estos elementos describen un mercado bajo presión, no un mercado abandonado. Los inversores habían sufrido pérdidas importantes, pero los vehículos institucionales, los servicios de custodia y los canales regulados de exposición continuaban ampliándose. BlackRock considera que esa infraestructura forma parte de una trayectoria de adopción más prolongada, aunque los flujos a corto plazo se hayan debilitado.
El mensaje de BlackRock no es que Bitcoin se haya convertido en un refugio seguro ni que los inversores deban aumentar su exposición después de la caída. La recomendación sigue siendo deliberadamente pequeña: entre el 1% y el 2% de una cartera para quienes toleren una volatilidad considerable y busquen una fuente complementaria de diversificación.
La tesis más amplia sostiene que la escasez de Bitcoin, su diseño descentralizado y unas reglas gobernadas por las matemáticas y el código podrían darle motores de rentabilidad distintos a los de otros activos. BlackRock vinculó ese posible papel con las presiones fiscales persistentes y las escasas perspectivas de consolidación fiscal, aunque reconoció que la tesis continúa expuesta a grandes variaciones de precio y a cambios en las condiciones del mercado.
En términos prácticos, el informe plantea un argumento de construcción de carteras, no un precio objetivo. Bitcoin podría conservar un lugar marginal dentro de una cartera diversificada, pero el tamaño de la posición es decisivo. La caída del 50% puso a prueba la confianza de los inversores y dejó al descubierto los riesgos del apalancamiento; aun así, BlackRock concluyó que, por sí sola, no representaba una ruptura estructural de la tesis de diversificación a largo plazo.