La IA avanzada también puede reforzar el phishing y las campañas de suplantación de identidad. Según la CSA, permite crear señuelos convincentes de forma masiva, generar clonaciones de voz y vídeos falsos realistas, y desarrollar herramientas capaces de sortear la autenticación multifactor. Así, la superficie de ataque se amplía: las vulnerabilidades técnicas siguen siendo importantes, pero también lo son la identidad, los permisos y las decisiones humanas.
Anthropic ha presentado Claude Mythos Preview como un modelo especialmente capaz para tareas de ciberseguridad y ha puesto en marcha Project Glasswing para utilizarlo en la defensa de software crítico. Sin embargo, las afirmaciones públicas más contundentes sobre el modelo deben interpretarse con cautela: la verificación independiente sigue siendo limitada y Anthropic mantiene el sistema bajo acceso controlado, en lugar de ofrecerlo ampliamente al público.
El Gobierno de Singapur ha señalado que no tiene acceso a Mythos y que no da por hecho que vaya a recibir acceso anticipado a todos los futuros modelos avanzados. En su lugar, afirma que trabaja con laboratorios de IA, empresas de ciberseguridad y otros socios capaces de seguir la evolución de estas capacidades y evaluar sus implicaciones para la seguridad.
La distinción es importante. Las organizaciones no pueden diseñar su estrategia de protección en torno al análisis de un único modelo. Necesitan controles que sigan siendo eficaces cuando aparezcan distintos modelos, herramientas y flujos de ataque.
La CSA y GovTech han alertado a los operadores de infraestructuras críticas y a los organismos gubernamentales sobre los riesgos de la IA avanzada. Las medidas inmediatas son prácticas:
Estas medidas no son nuevas, pero la IA avanzada hace que retrasarlas sea más peligroso. El objetivo es reducir el número de puntos débiles disponibles y acortar el tiempo entre la detección y la corrección.
Las herramientas de ciberseguridad basadas en IA pueden ayudar a detectar amenazas, clasificar alertas, investigar incidentes y localizar o corregir vulnerabilidades con mayor rapidez. El Centro de Seguridad y Tecnología de la Información de Singapur (CSIT) describe flujos de trabajo impulsados por IA y sistemas de fuzzing —pruebas automatizadas que introducen entradas inesperadas para descubrir fallos— destinados a detectar vulnerabilidades de día cero en software esencial. También emplea emulación adversarial para revelar debilidades arquitectónicas antes de que las encuentren los atacantes.
La IA defensiva también introduce responsabilidades propias. La CSA advierte que no basta con proteger el modelo. Los responsables de los sistemas deben evaluar los riesgos durante todo el ciclo de vida de la IA: planificación y diseño, desarrollo, despliegue, operación y mantenimiento, y retirada. Esto implica proteger los datos de entrenamiento y operación, las interfaces, las dependencias, la cadena de suministro, los controles de acceso y la supervisión, no solo el comportamiento del modelo.
La validación humana sigue siendo esencial, sobre todo cuando un sistema de IA recomienda instalar un parche, clasifica un incidente o propone una respuesta que podría afectar a la tecnología operativa o a los servicios públicos.
La política de Singapur combina medidas de seguridad básicas con pruebas continuas. Los operadores de infraestructuras críticas ya recurren a auditorías externas y pruebas de penetración periódicas, cuyos informes se presentan a la CSA. El Gobierno también ha subrayado que los controles deben reforzarse de forma constante, en lugar de depender únicamente de revisiones periódicas.
El principio operativo puede resumirse así: blindar, detectar primero y corregir rápido. En la práctica, exige mantener inventarios de activos, buscar vulnerabilidades de manera continua, aplicar parches con rapidez, segmentar las redes y los privilegios, probar el software y sus dependencias, y ensayar la recuperación. Las empresas que no estén designadas como operadores de CII deberían aplicar las mismas prioridades a sus servicios expuestos a internet, sistemas de identidad, consolas en la nube y conexiones sensibles con terceros.
Ninguna organización puede observar por sí sola todas las capacidades de la IA avanzada ni todas las rutas posibles de ataque. Los organismos públicos, los operadores de CII, los proveedores de nube y tecnología, los investigadores de seguridad y el mundo académico deberían compartir cuanto antes indicadores útiles, información sobre vulnerabilidades y conclusiones extraídas de los ejercicios.
Parte de esa información tendrá que permanecer clasificada. Singapur ha indicado que compartirá selectivamente inteligencia clasificada sobre amenazas con los operadores de CII y que también les proporcionará herramientas defensivas. Por ello, las organizaciones deben actuar sobre los avisos de la CSA y utilizar inteligencia depurada y compartible cuando no sea posible distribuir las fuentes detalladas.
Los ejercicios nacionales forman parte de este modelo. El Critical Infrastructure Defence Exercise (CIDeX) ha utilizado simulaciones de ciberataques impulsadas por IA en 11 sectores críticos, junto con socios de la industria, para reforzar la resiliencia nacional y mejorar la coordinación.
La IA avanzada no sustituye los fundamentos de la ciberseguridad; eleva el precio de ignorarlos. La defensa más inmediata de Singapur combina parches rápidos, autenticación multifactor, acceso con privilegios mínimos, supervisión continua, pruebas adversariales, adopción segura de la IA y un intercambio ágil de información.
A medida que evolucionen los modelos avanzados, tendrán ventaja las organizaciones que encuentren y corrijan sus debilidades antes de que lo haga un atacante automatizado.