Ha insistido además en que cualquier arreglo duradero tendrá que abordar tarde o temprano cuestiones de más calado, como los programas nuclear y de misiles balísticos de Teherán.
El Estrecho de Ormuz es uno de los cuellos de botella energéticos más delicados del planeta. Por sus aguas transita cerca de una quinta parte del comercio mundial de petróleo y gas natural; cualquier interrupción allí golpea directamente las economías europeas y su suministro energético.
Por ese motivo, recuperar una libertad de navegación plena y permanente, sin peajes ni cortapisas, se ha convertido en una exigencia europea central en las negociaciones ligadas al conflicto.
Desde la óptica de Bruselas, desbloquear la vía marítima es imprescindible no solo para estabilizar la región, sino para evitar nuevos sobresaltos en los mercados energéticos globales.
Aunque se abrieran de nuevo las rutas de navegación, la UE no lo considera suficiente para un acuerdo de fondo. Von der Leyen ha dado a entender que el alivio de las sanciones no debe ser automático: Europa exigiría cambios más profundos y compromisos creíbles por parte de Irán antes de plantearse suavizar la presión económica.
Esta postura refleja la preocupación internacional, largamente sostenida, por el programa nuclear iraní y el riesgo de que un pacto provisional deje el problema sin resolver.
Los esfuerzos diplomáticos entre Estados Unidos e Irán han avanzado, pero subsisten diferencias importantes. Según algunas informaciones, ambas partes siguen divididas respecto a varias cláusulas de un memorando de entendimiento, y fuentes iraníes han negado que el acuerdo esté ya prácticamente cerrado.
Estas divergencias explican la prudencia de los funcionarios europeos y su resistencia a cantar victoria antes de tiempo.
Varios medios han adelantado que el borrador de marco diplomático se desplegaría por etapas:
Este calendario encaja a medias con las prioridades europeas —sobre todo en lo que toca a recuperar el tránsito de mercancías—, pero también enciende alarmas en Bruselas. Si los compromisos nucleares se postergan para fases ulteriores, la UE teme que el acuerdo se convierta en un apaño temporal en lugar de un arreglo duradero.
En conjunto, las declaraciones de Von der Leyen dibujan un respaldo cauteloso pero favorable a la vía diplomática. La UE apoya de manera genérica las conversaciones entre Estados Unidos e Irán, pero quiere la certeza de que cualquier trato traerá estabilidad duradera, y no una simple pausa efímera de las tensiones.
En términos prácticos, la posición europea combina varias prioridades: