La cifra está prácticamente al mismo nivel que la preocupación por los ataques de ransomware y otras ciberamenazas, situada en el 74,9% . Apenas una de cada veinte empresas afirma no estar preocupada en absoluto .
La encuesta, encargada por el proveedor suizo Proton, se realizó entre el 15 y el 24 de julio de 2026 entre 1.500 responsables de empresas y tecnología: 500 en Reino Unido, 500 en Francia y 500 en Alemania .
El temor tiene una base estructural. Más del 74% de las compañías europeas cotizadas utiliza infraestructura estadounidense, mientras que los proveedores de EE. UU. controlarían alrededor del 85% del ecosistema cloud europeo, según un análisis anterior de Proton .
El dato más delicado de la encuesta es el de la capacidad de supervivencia operativa: el 54,5% de las empresas dice que no podría funcionar durante más de un día laborable si perdiera por completo el acceso a sus servicios cloud y digitales .
Muchas organizaciones han concentrado funciones esenciales —correo electrónico, almacenamiento de archivos, gestión de clientes, aplicaciones internas e infraestructura— en un número reducido de plataformas estadounidenses, como AWS, Azure, Google Cloud y Microsoft 365 . Esa concentración crea un único punto de fallo con capacidad para paralizar la actividad.
Entre las grandes empresas, el 28,7% calcula que sufriría pérdidas superiores a 100.000 euros diarios en un escenario de este tipo . La exposición varía según el tamaño y el grado de dependencia tecnológica, pero el impacto sería especialmente severo para las compañías más integradas con los grandes proveedores cloud estadounidenses.
La encuesta deja al descubierto una contradicción difícil de ignorar: menos de la mitad de las empresas dispone de un plan de continuidad documentado y probado que contemple un posible “kill switch” estadounidense . En concreto, otra información basada en el estudio sitúa la proporción de compañías con este tipo de plan en el 44% .
Al mismo tiempo, el 67,8% asegura que ya ha empezado a buscar alternativas o que está considerando hacerlo . La intención de cambiar existe, pero muchas empresas todavía no cuentan con sistemas de respaldo que puedan activarse de inmediato. Si el acceso se cortara de la noche a la mañana, podrían encontrarse sin margen de maniobra.
El problema no se limita al almacenamiento. El correo electrónico y los archivos en la nube figuran entre los servicios para los que las empresas están buscando alternativas soberanas . Migrar esas herramientas, junto con las bases de datos y las aplicaciones que dependen de ellas, exige tiempo, dinero y personal especializado.
Los contratos habituales de los proveedores cloud estadounidenses normalmente no protegen a los clientes frente a la suspensión de un servicio ordenada por un Gobierno. Sus condiciones suelen permitir interrumpir o limitar la prestación para cumplir con la legislación de EE. UU., precisamente el mecanismo que podría utilizar un hipotético “kill switch” .
Según IT Pro y The Register, algunas empresas confían en que sus acuerdos de nivel de servicio —los conocidos SLA— les garantizarían una compensación o la continuidad del servicio. Sin embargo, una orden gubernamental probablemente prevalecería sobre esos compromisos comerciales .
La tensión jurídica también está relacionada con la Ley CLOUD de Estados Unidos, aprobada en 2018. Esta norma permite que las autoridades estadounidenses obliguen a empresas tecnológicas con sede en el país a entregar datos, incluso cuando están almacenados fuera de EE. UU. El alcance de la ley entra en conflicto con las exigencias europeas de privacidad, incluido el Reglamento General de Protección de Datos, conocido como RGPD o GDPR .
La inquietud no se queda en los consejos de administración. En una encuesta complementaria de Proton a 3.000 ciudadanos de Reino Unido, Francia y Alemania, el 73% consideró que Europa depende demasiado de la tecnología estadounidense .
Una parte significativa de los encuestados también dijo que evitaría hacer negocios con una empresa europea que utilizara tecnología estadounidense, lo que añade presión comercial a las preocupaciones de seguridad, privacidad y soberanía digital .
La Comisión Europea ha propuesto nuevas normas para impedir que un Gobierno o una empresa extranjera tenga capacidad para desactivar o interrumpir servicios tecnológicos esenciales en Europa. Según The Guardian, el objetivo es convertir esta protección en una obligación legal .
Las propuestas exigirían a los Estados miembros evaluar los riesgos de sus proveedores cloud en sectores sensibles como la defensa, las infraestructuras críticas y la Administración pública . La preocupación es especialmente relevante en el ámbito militar: el Future of Technology Institute concluyó que la mayoría de los países europeos depende de servicios cloud estadounidenses para operaciones de defensa .
Reducir esta dependencia será complicado. Google, Microsoft y Amazon representan por sí solos alrededor del 70% de la infraestructura de computación en la nube de Europa, mientras que los proveedores europeos siguen estando más fragmentados y cuentan con menos capacidad de escala . Reuters y la BBC han señalado que se trata de una dependencia estructural cuya reversión podría llevar años .
Aun así, ya hay señales de movimiento. En abril de 2026, Cubbit, SUSE, Elemento Cloud y StorPool Storage presentaron lo que describieron como el primer paquete europeo de recuperación ante desastres completamente soberano . Además, el 61% de los directores de tecnología y líderes tecnológicos europeos afirma que quiere aumentar el uso de proveedores cloud locales, y más de la mitad considera que la geopolítica le impedirá depender aún más de los grandes proveedores estadounidenses .
La encuesta de Proton no demuestra que exista un “kill switch” inminente ni que Washington haya ordenado cortar servicios a empresas europeas. Sí muestra, sin embargo, que una interrupción política de los servicios cloud se percibe ya como un riesgo comparable al ransomware.
El diagnóstico es claro: el miedo está muy extendido, más de la mitad de las compañías no resistiría más de un día y los planes de contingencia siguen siendo insuficientes. Europa intenta impulsar una nube más soberana, pero mientras las alternativas no alcancen la escala de AWS, Azure o Google Cloud, la dependencia de la tecnología estadounidense seguirá siendo un punto débil para buena parte del tejido empresarial.