El memorando de una sola página se había concebido como un paso intermedio: prorrogar 60 días el alto el fuego existente, reabrir el vital estrecho de Ormuz al tráfico comercial —por donde pasa alrededor de una quinta parte del crudo mundial— y lanzar negociaciones formales sobre el programa atómico iraní . Trump puso dos objeciones principales al texto.
Primero, consideró que posponía las conversaciones nucleares de fondo en lugar de resolverlas de inmediato. El borrador habría levantado las restricciones navales en el estrecho y concedido alivio de sanciones a Irán mientras aplazaba las negociaciones detalladas sobre el enriquecimiento y el uranio acumulado . Trump quería esos compromisos nucleares cerrados desde el primer minuto, no diferidos para más adelante.
Segundo, las salvaguardas nucleares del borrador le parecieron demasiado débiles. El texto incluía el compromiso iraní de no buscar armamento nuclear, pero Trump exigía límites más duros y verificables al enriquecimiento, además de disposiciones concretas para gestionar el uranio altamente enriquecido de Irán . Según fuentes de la Administración estadounidense, el presidente se centró en «reforzar los elementos que para él son cruciales, sobre todo los relativos a los materiales nucleares iraníes» .
Entre bastidores, Trump afrontaba presiones contradictorias. Reabrir el estrecho de Ormuz ayudaría a bajar el precio de la gasolina en Estados Unidos —una preocupación doméstica acuciante—, pero hacerlo sin un acuerdo nuclear sólido arriesgaba una reacción adversa de los halcones de su propio partido, que consideran inaceptable cualquier concesión a Teherán .
Los cambios concretos que Trump remitió a Teherán no se han hecho públicos en su totalidad, pero la prensa —Axios, The New York Times y otros medios— apunta a las siguientes exigencias :
La reacción iraní se desplegó en varios frentes a lo largo de mayo de 2026:
Aunque el texto exacto nunca se hizo público, varios medios —Axios, Euronews, Iran International y Xinhua— describen el esquema del borrador :
La discrepancia central del pacto seguía sin resolverse: las fuentes estadounidenses sostenían que el memorando incorporaba restricciones nucleares, mientras las fuentes iraníes insistían en que esas cuestiones solo se abordarían en negociaciones posteriores .
El estancamiento del acuerdo tenía consecuencias directas en los surtidores estadounidenses. El cierre y la colocación de minas por parte de Irán en el estrecho de Ormuz —por donde circula cerca del 20 % del crudo mundial— disparó los precios del petróleo y la gasolina .
Trump se reunió con ejecutivos de petroleras para estudiar cómo gestionar los efectos de un bloqueo prolongado sobre los consumidores, aunque negó en público que las preocupaciones por el coste de la vida le estuvieran forzando a aceptar un mal acuerdo . El mecanismo de fondo, no obstante, es evidente: mientras el estrecho de Ormuz sea zona de disputa, la oferta mundial de crudo está constreñida y los precios de la gasolina se mantienen elevados. Un acuerdo que reabra el estrecho traería probablemente un alivio inmediato de los precios; un fracaso de las negociaciones amenaza con dispararlos aún más.