La magnitud de la pérdida se ha acelerado drásticamente al compás del giro en la política monetaria. La última cifra empequeñece todos los récords anteriores:
La pérdida es aproximadamente 1.6 veces mayor que el récord del año anterior y 4.8 veces superior al nivel de hace apenas dos años.
Este incremento interanual refleja el continuo ascenso de los rendimientos de los JGB. Las cuentas oficiales del BoJ muestran que sus activos totales cayeron a ¥662.1 billones al 31 de marzo de 2026, unos ¥67.6 billones menos que el año anterior, impulsado en gran parte por una caída de ¥45.1 billones en el valor en libros de sus bonos del Estado .
Esta pérdida récord es solo un síntoma de una estrategia más amplia y con múltiples frentes para deshacer años de estímulos extraordinarios.
Desde julio de 2024, el BoJ ha reducido sistemáticamente sus compras mensuales de JGB. Recientemente, el banco central decidió aminorar el ritmo de esta reducción para mitigar las turbulencias en el mercado. A partir de abril de 2026, el ritmo de reducción trimestral se recortó de ¥400 mil millones a ¥200 mil millones, una medida que, según los funcionarios, buscaba "mejorar el funcionamiento del mercado de JGB" . A pesar de la desaceleración, el programa representa un esfuerzo formal y a largo plazo para reducir el balance (ajuste cuantitativo o QT, por sus siglas en inglés).
El BoJ subió por última vez su tasa de política a corto plazo al 0.50% en enero de 2025 y la mantuvo ahí hasta mediados de año, citando la incertidumbre en la política comercial . Aunque hasta abril de 2026 no se registraron más subidas, el gobernador Kazuo Ueda ha señalado en repetidas ocasiones que se considerarán más incrementos si la economía y la inflación evolucionan según lo previsto.
En septiembre de 2025, el BoJ dio un paso histórico hacia la plena normalización de su balance al decidir comenzar a vender en el mercado sus participaciones en fondos cotizados (ETF) y fondos de inversión inmobiliaria japoneses (J-REIT) . La decisión de vender, en lugar de simplemente dejar de comprar, marcó un giro sin precedentes tras años en los que el BoJ fue el mayor tenedor individual de ETF de Japón. El banco se comprometió a realizar las ventas de forma gradual para evitar desestabilizar los mercados financieros
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Mientras que las pérdidas en bonos permanecen sobre el papel, las subidas de tipos del BoJ tuvieron un efecto inmediato y concreto en su cuenta de resultados. El banco central paga intereses por las reservas excedentes que las instituciones financieras depositan en él, un coste que aumenta con la tasa de política monetaria.
En el año fiscal 2025, el BoJ gastó ¥2.7 billones ($16,950 millones) en estos pagos de intereses, frente a los ¥1.3 billones del año anterior . De manera significativa, este total de pagos superó los ¥2.5 billones en ingresos por intereses que el BoJ obtuvo de su enorme cartera de bonos, siendo la primera vez que los pagos de intereses por reservas excedieron a los ingresos por intereses de los bonos
. Esta dinámica presionó directamente los ingresos netos del banco central, incluso cuando sus enormes ganancias no realizadas en ETF se dispararon hasta un récord de ¥46 billones gracias a un rally en la bolsa japonesa
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La abultada pérdida no realizada es una consecuencia directa de un cambio de política histórico. Tras décadas luchando contra la deflación, el BoJ es el último gran banco central en abandonar la política monetaria ultralaxa, un movimiento que contrasta con los ciclos de recorte de tipos en Estados Unidos y Europa durante 2025-2026.
La transición está plagada de riesgos. Moverse demasiado rápido podría desestabilizar los mercados de bonos y sacudir a una economía acostumbrada a tasas cercanas a cero. Moverse demasiado lento podría alimentar la inflación y debilitar el yen. El delicado acto de equilibrio del BoJ —subir tasas, reducir las compras de bonos, iniciar la venta de activos e incluso ralentizar la reducción para asegurar la estabilidad— demuestra que es plenamente consciente de estos peligros. La pérdida latente de ¥45 billones es un poderoso símbolo de la larga sombra que proyectan años de flexibilización cuantitativa, y un recordatorio de que la salida de un banco central de una política así nunca puede ser completamente indolora.
Conclusión clave: La pérdida récord no realizada es un reflejo contable del giro deliberado de la política del BoJ hacia tasas más altas, que reducen el valor de mercado de su enorme cartera de bonos. Aunque son pérdidas sobre el papel bajo el método de coste amortizado, conllevan un peso simbólico y ponen de manifiesto los desafíos fiscales y de estabilidad financiera que supone salir de décadas de estímulo monetario extraordinario.