Mientras la demanda flaqueaba, el lado de la oferta siguió operando a toda máquina, creando un enorme excedente que aplastó cualquier sentimiento alcista.
La ruptura del piso de los $100 en junio reflejó un mercado que no ve un catalizador inminente para la recuperación. El sentimiento era decididamente bajista. Los precios llevaban seis sesiones consecutivas estancados por debajo de los $107 hasta principios de mes, y el crecimiento en lo que va de año era prácticamente plano (0.28%), señalando una recuperación sin verdadero convencimiento .
Los pronósticos de los analistas reforzaron la cautela. Citi proyectó que los precios podrían rondar los $85 por tonelada hacia finales de 2026, impulsados por las nuevas ofertas incrementales, los inventarios elevados y la demanda china persistentemente débil . Otros comentarios del mercado sugirieron que el punto de pivote para la segunda mitad del año podría desplazarse a un rango de $90 a $110, con posibilidades de caídas aún más pronunciadas
.
El mercado se quedaba así con pocas señales positivas. El fracaso de la temporada pico tradicional —la "campaña de construcción de primavera"— para materializarse, junto con preocupaciones macroeconómicas más amplias como la falta de avances en las negociaciones comerciales entre China y EE. UU., habían vaciado el optimismo . En definitiva, la caída por debajo de los $100 fue un veredicto claro y basado en datos de un mercado que se enfrenta a una industria estructuralmente sobreabastecida y a un motor de la demanda que ya no carbura.