Para entender esta volatilidad, conviene seguir el transcurso de una sola jornada. Al mediodía, los cielos despejados de la cúpula de calor produjeron un resultado paradójico. Los paneles solares de Alemania y el Reino Unido inundaron la red de electricidad, llevando la producción a niveles récord en ambos países . La oferta superó la demanda de forma tan absoluta que, durante una hora en la bolsa Epex Spot, los precios alemanes se desplomaron hasta los -413,77 €/MWh y los franceses hasta los -412,55 €/MWh . En la práctica, los productores pagaban a los consumidores por llevarse su electricidad.
Luego, el sol comenzó a ponerse.
A medida que la generación solar disminuía, los problemas de la red se hicieron visibles. El viento, que debería haber proporcionado una base de energía limpia hasta la noche, seguía prácticamente ausente, estancado en los 4,4 GW . Para satisfacer la persistente demanda de refrigeración, el sistema tuvo que activar sus centrales de respaldo, que funcionan con combustibles fósiles. La "carga residual" —la porción de la demanda que debe ser cubierta por estas plantas— se disparó en unos 12 GW . Este cambio repentino de un exceso de oferta a una escasez es lo que provocó el salto del 29% en el precio para el día siguiente . Los analistas de EnergyScan de Engie señalaron el clima excepcionalmente cálido como el principal factor, observando un fuerte aumento en los "grados día de refrigeración" en todo el continente .
Este evento no es un caso aislado; es una prueba de estrés que revela tres vulnerabilidades estructurales en la transición energética europea.
1. La intermitencia climática crea extremos de precio opuestos. La cúpula de calor fue un único evento meteorológico que produjo dos crisis opuestas: un exceso de energía solar al mediodía y una escasez de energía eólica al atardecer. Este doble efecto —precios negativos durante el día seguidos de costosos picos nocturnos— es una consecuencia directa de depender de una generación condicionada por el clima sin contar con las herramientas suficientes para equilibrarla .
2. El almacenamiento sigue brillando por su ausencia. Los precios negativos se producen porque los paneles solares generan más electricidad de la que la red puede absorber o almacenar. La capacidad de las baterías y las centrales hidroeléctricas de bombeo en Europa, aunque está creciendo, sigue siendo demasiado pequeña para capturar el excedente solar del mediodía y liberarlo durante el pico de la tarde . Sin ese colchón, las señales de precios oscilan de forma salvaje. El grupo de expertos energéticos Ember señaló que, durante la ola de calor de 2025, los diferenciales de precio superaron los 400 €/MWh en los días más calurosos , un patrón que se repitió en mayo de 2026.
3. El último recurso sigue siendo una planta de combustibles fósiles. A pesar de todas las cifras récord de instalación solar, la planta que fija el precio durante una sequía de viento es casi siempre una que quema gas o carbón . Esto mantiene el precio mayorista de la electricidad atado al mercado del gas natural, creando exactamente el tipo de exposición de costes que desencadenó la crisis energética de 2022. Cuando el viento falla, la curva de la orden de mérito se desplaza bruscamente hacia la derecha, y la generación térmica más cara se convierte en la tecnología que marca el precio.
La ola de calor también llevaba un claro mensaje político. El jefe de clima de la ONU, Simon Stiell, calificó el calor récord de principios de temporada como "un brutal recordatorio de los impactos crecientes de la crisis climática" . Identificó al "principal culpable" como la continua quema de carbón, petróleo y gas por parte de la humanidad . Sus comentarios subrayaron el cruel bucle de retroalimentación en juego: el cambio climático impulsado por los combustibles fósiles está haciendo que las olas de calor sean más frecuentes e intensas, lo que a su vez aumenta la demanda de electricidad y —cuando el viento escasea— obliga a las redes a quemar más combustibles fósiles. El diario LA Times captó la ironía del momento, señalando que la ola de calor produjo simultáneamente un récord solar y envió los precios de la electricidad a terreno negativo en algunos mercados, incluso mientras elevaba los costes generales del sistema .
El repunte de mayo de 2026 es parte de una tendencia más amplia de eventos de precios extremos en el mercado alemán. Un análisis de Neon Energy descubrió que los picos de precios por encima de los 936 €/MWh han ocurrido exclusivamente durante períodos de muy baja aportación eólica y solar combinados con una alta carga residual . Aunque el repunte del 29% se queda lejos de esos máximos extremos, encaja en el mismo patrón: una red dependiente de las energías renovables que, en momentos de estrés meteorológico, todavía funciona de manera muy similar al sistema de combustibles fósiles que pretende reemplazar.