Las cifras del desplome fueron contundentes: Bitcoin sufrió una caída semanal del 13% a principios de junio, encontrando finalmente un suelo en los $60,500 desde donde iniciaría una trabajosa recuperación . Las tasas de financiación positivas y el elevado interés abierto de los meses anteriores amplificaron la liquidación mediante ajustes de márgenes en cascada, expulsando sistemáticamente del mercado a los largos sobreapalancados
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Para el 15 de junio, ciertas métricas de intercambio mostraban que las posiciones cortas empequeñecían a las largas en una ratio de 7 a 1, una lectura que señalaba el agotamiento entre los tenedores alcistas y una convicción profunda entre los bajistas .
No era la primera vez en 2026 que el posicionamiento corto acaparaba la atención. El 4 de mayo, el repunte de Bitcoin por encima de los $80,000 liquidó más de $150 millones en cortos en una sola hora, mostrando los futuros de Binance un 62.8% de posiciones abiertas en corto en ese momento . Aquel evento fue un clásico short squeeze (apretón de posiciones cortas) dentro de una tendencia alcista existente: el precio subió, los cortos quedaron atrapados y la cobertura forzosa aceleró el movimiento
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Sin embargo, la configuración de mediados de junio era estructuralmente diferente.
Una ratio corta del 62.8% se traduce en aproximadamente 1.7 cortos por cada largo. La ratio de 7 a 1 de mediados de junio equivalía a cerca de un 87.5% de cortos frente a un 12.5% de largos, un desequilibrio mucho más extremo. Y lo que es más importante, el evento del 4 de mayo ocurrió con Bitcoin cotizando en torno a los $80,000, durante un período de fortaleza relativa, mientras que el de junio llegó tras semanas de capitulación, reflejando una auténtica debilidad en la demanda y un sentimiento alcista agotado .
La distinción es crucial, porque un posicionamiento extremadamente desequilibrado después de una severa tendencia bajista puede crear poderosas dinámicas de squeeze —el combustible para subidas bruscas—, pero también puede señalar que el interés comprador genuino simplemente se ha secado.
El 14 de junio, el presidente de EE. UU., Donald Trump, anunció un acuerdo de paz con Irán, declarando que los petroleros ya navegaban de nuevo por el Estrecho de Ormuz . Para los activos de riesgo, la señal fue inmediata y dramática: la valoración del riesgo geopolítico que se había acumulado durante meses comenzó a deshacerse en cuestión de minutos.
Aproximadamente $150 millones en posiciones cortas de criptomonedas fueron liquidadas mientras Bitcoin se disparaba desde menos de $65,000 hasta un máximo intradía de $66,829, una ganancia de casi el 5% en un solo día . Algunas fuentes reportaron liquidaciones totales en corto por un valor de entre $198 millones y $250 millones en todo el ecosistema cripto, a medida que el squeeze se extendía entre las posiciones sobreapalancadas
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Bitcoin reconquistó el nivel de $65,000 por primera vez desde el 3 de junio y registró su lectura más alta en 12 días . El mecanismo fue simple: el acuerdo de paz revirtió la postura de aversión al riesgo que había dominado los mercados, obligó a los cortos a recomprar posiciones a precios cada vez más altos y encendió el optimismo por los activos de riesgo en los mercados bursátiles y de criptomonedas al unísono
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Al mismo tiempo, los futuros del petróleo Brent cayeron aproximadamente un 4.30% hasta los $83.31, lo que refleja el repentino desmonte del riesgo de interrupción del suministro . El efecto dominó entre activos fue inconfundible: un solo titular geopolítico lo había revalorizado todo.
Aunque el apretón por el acuerdo de paz fue dramático, solo explica una parte de la historia de la recuperación. La pregunta más profunda era si el rebote de Bitcoin desde el mínimo de $60,500 era un temporal "rebote del gato muerto", alimentado por cobertura forzosa de cortos, o algo estructuralmente más significativo.
El analista on-chain Axel Adler Jr. publicó un informe detallado que respondió claramente a la pregunta: el rebote fue impulsado por una presión de compra genuina, no por un short squeeze .
Su evidencia se basó en tres métricas clave:
1. La ratio de compra/venta ''taker'' cerró por encima de 1.0 en ocho de los últimos 10 días hasta el 15 de junio. Esta métrica compara el volumen de órdenes de compra agresivas (a mercado) con las de venta, y una lectura superior a 1.0 significa que los operadores estaban comprando consistentemente a precios de mercado en lugar de esperar a que se ejecutasen sus órdenes límite. Para Adler, esta era la señal más potente de que la demanda real estaba regresando .
2. Las tasas de financiación se mantuvieron positivas durante 10 días consecutivos, del 6 al 15 de junio, oscilando entre +0.001% y +0.020%. Este detalle es fundamental porque distingue este movimiento de un escenario de short squeeze. En un short squeeze clásico, las tasas de financiación suelen volverse negativas ya que los cortos pagan a los largos por mantener sus posiciones. Unas tasas de financiación positivas significaban que los largos estaban pagando a los cortos, lo que implica que el mercado no estaba siendo impulsado principalmente por un pánico a cubrir posiciones cortas .
3. El interés abierto de los futuros de Bitcoin cayó de $1,650 a $1,550 millones mientras los precios subían. Adler calificó este fenómeno de "rebote de desapalancamiento", no el inicio de una nueva tendencia. Cuando el precio sube pero el interés abierto cae, sugiere que las posiciones apalancadas existentes se están cerrando (tanto largos tomando ganancias como cortos siendo liquidados), en lugar de que entre nuevo capital con apuestas apalancadas agresivas. El repunte estaba limpiando la estructura de mercado sobreapalancada que se había acumulado durante la liquidación, no inflando una nueva burbuja .
Los datos de flujo neto de órdenes reforzaron esta visión. El 5 de junio, el mercado registró un volumen neto de ventas de -$236 millones cuando los precios se desplomaron a $60,500. Para el 7 de junio, la compra activa regresó con un volumen neto de +$620 millones en solo ocho horas, seguido de otros $320 millones el 8 de junio . El cambio de sentido fue rápido y sostenido, pero fue alimentado por la demanda al contado y la liquidación de posiciones marginales, no por el reapalancamiento especulativo.
Adler enmarcó consistentemente el movimiento como un necesario proceso de desapalancamiento dentro de una tendencia bajista más amplia, no como un cambio de tendencia. La recuperación desde $60,500 limpió el sistema del exceso de apalancamiento, pero una reversión genuina a un mercado alcista requeriría que tanto el precio como el interés abierto subieran juntos en un movimiento sincronizado .
Para entender por qué se había acumulado una ratio corta de 7 a 1, hay que apreciar la escala del mercado bajista que la precedió.
Bitcoin alcanzó su máximo histórico de $126,198 en octubre de 2025. Desde ese pico, el precio se derrumbó más de un 47% hasta el mínimo de $60,500 a principios de junio de 2026, una corrección que borró más de la mitad de las ganancias del ciclo posterior al halving de 2025 . La venta no solo fue profunda; fue violenta, con liquidaciones en cascada que se retroalimentaban mientras el mercado buscaba un suelo.
El catalizador del último tramo bajista fue aquel dato de empleo de principios de junio, que revaluó las expectativas sobre la Fed y desencadenó un evento de aversión al riesgo en todos los activos, golpeando a las criptomonedas con especial dureza. En una semana, Bitcoin perdió el 13% de su valor, y el mercado de derivados vio cómo las posiciones largas eran eliminadas en masa .
Los datos de posicionamiento institucional del informe 'Commitments of Traders' de la CFTC añaden contexto. Hasta el 27 de mayo, los participantes no comerciales —fondos de cobertura y especuladores— mantenían una posición larga neta de solo +2,458 contratos, una modesta ratio larga/corta de 1.17 a 1 con precios en torno a los $66,700 . Incluso antes de la carnicería de junio, la convicción institucional era notablemente cautelosa, con un posicionamiento lejos del optimismo unilateral que suele caracterizar los movimientos direccionales fuertes.
A mediados de junio, Bitcoin cotizaba en torno a los $65,600 - $66,300, aproximadamente donde estaba a finales de mayo antes del desplome por el dato de empleo . La recuperación había borrado las ventas de pánico más agudas, pero dejaba a Bitcoin bien dentro de su tendencia bajista general, con una resistencia cerca de los $68,000 como el nivel técnico que debía romperse para que cualquier tesis de un verdadero cambio de tendencia ganara fuerza
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Los ETF de Bitcoin al contado registraron su quinta semana consecutiva de salidas, con $316 millones retirados solo durante la semana que terminó el 15 de junio, lo que se suma al panorama de cautela institucional incluso cuando el acuerdo de paz desencadenaba una euforia por el riesgo .
El mercado de mediados de junio se encontraba así en un fascinante punto de inflexión: el posicionamiento corto más extremo que se recuerda se había topado con un catalizador geopolítico que forzó un violento desarme, pero la recuperación estructural subyacente estaba siendo construida por compradores conservadores que entraban a precios más bajos, no por especuladores apalancados persiguiendo un repunte. Las métricas on-chain de Axel Adler Jr. confirmaron que el mercado se estaba curando mediante el desapalancamiento, en lugar de inflando una nueva manía especulativa.
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