La capitalización bursátil conjunta de estos siete titanes representa hoy alrededor del 35 % del S&P 500, el mismo grado de concentración que se registró en la cima de la burbuja de las puntocom .
Los múltiplos de valoración de las firmas relacionadas con la IA han alcanzado cotas que marean. Empresas en fase pre-ingresos de sectores como la computación cuántica y los eVTOL (vehículos eléctricos de despegue y aterrizaje vertical) cotizan con valoraciones entre 5 y 10 veces superiores a las de sus pares de la era puntocom, según alertaron Goldman Sachs y otros analistas . Palantir, firma de análisis de datos frecuentemente asociada a la IA, llegó a cotizar a 123 veces sus ventas
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La estratega de renta variable de BofA, Victoria Roloff, ha reconocido que "la estrechez del mercado y los múltiplos elevados riman con el año 2000", pero ha puntualizado que ve "más una bolsa de aire en la IA que una burbuja totalmente inflada (al menos por ahora)" . La distinción es relevante: una bolsa de aire apunta a una sobrevaloración concentrada en nombres concretos, mientras que una auténtica burbuja implica un exceso sistémico.
Más métricas refuerzan la preocupación. El ratio precio-valor contable del S&P 500 alcanzó 5,3 en agosto de 2025, superando el nivel de 5,1 registrado durante el pico de la burbuja puntocom en marzo de 2000 . El ratio PER (precio-beneficio) ajustado cíclicamente (CAPE), elaborado por el economista David Rosenberg, se sitúa dos desviaciones estándar por encima de su media histórica, un nivel que, según él, indica que el mercado lleva más de un año instalado en una burbuja de precios
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El calendario de ofertas públicas iniciales (OPVs) de empresas centradas en la IA ha engordado hasta proporciones que recuerdan los grandes estrenos bursátiles de finales de los años 90 y mediados de los 2000. Business Insider informó en junio de 2026 de que la carrera por salir a bolsa entre las tecnológicas de mega-capitalización está "enviando una señal que no se veía desde el auge de ofertas públicas de finales de los 90 y principios de los 2000" .
Los analistas de TS Lombard sostienen que esta oleada de mega-OPVs revela el deseo de los directivos y los primeros inversores de colocar sus acciones entre el público a valoraciones elevadas, una conducta típica de las proximidades de los máximos del mercado .
La escala de los estrenos previstos es asombrosa. Solo las valoraciones conjuntas que aspiran a alcanzar tres empresas —SpaceX, OpenAI y Anthropic— superarían, ajustadas por inflación, toda la ola de OPVs de las puntocom entre 1995 y 2000, según diversos análisis . En marzo de 2026, se describió una "oleada de OPVs de IA de 200.000 millones de dólares" que estaba reconfigurando Wall Street, con CoreWeave, Databricks y Cerebras Systems a la cabeza
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El South China Morning Post apuntó que "la tanda de grandes ofertas públicas iniciales" refleja explícitamente los períodos previos a los picos de mercado de 2000 y 2008 . El paralelismo histórico resulta incómodo: la actividad de OPVs se disparó en los años previos al estallido de la burbuja puntocom, y un patrón similar se repitió antes de la crisis financiera de 2008. Aunque el volumen de OPVs no garantiza por sí solo un desplome, en episodios anteriores ha funcionado como una señal fiable de euforia tardía.
Quizá la advertencia más sistemática procede del sistema interno de señales bajistas del Bank of America. A fecha de junio de 2026, la estratega Savita Subramanian informó de que 7 de los 10 indicadores propietarios de mercado bajista del banco se habían activado, frente a los 5 de abril y los 4 de marzo .
Históricamente, la activación de 7 señales ha sido el umbral típico a partir del cual se produce un pico de mercado, un patrón que se ha repetido en todos los mercados bajistas desde 1990 .
Los indicadores cubren un amplio abanico de métricas, como la confianza del consumidor, las expectativas de rentabilidad bursátil, los niveles de tensión crediticia, las condiciones de endurecimiento del crédito y el comportamiento relativo de las acciones con PER alto frente a las de PER bajo .
Dos señales activadas en mayo resultaron especialmente llamativas: el mejor comportamiento de las acciones con PER alto sobre las de PER bajo —una señal clásica de especulación excesiva— y unas expectativas de crecimiento a largo plazo demasiado optimistas que superan la tendencia histórica de cinco años .
En respuesta a estos avisos acumulados, Bank of America recomendó explícitamente a sus clientes que "recogieran beneficios", afirmando que había "demasiadas banderas rojas" . Semanas antes, el equipo de estrategia de renta variable europea del banco ya había advertido de que "están surgiendo dudas en torno a la revolución de la IA" y de que la narrativa del mercado estaba pasando de una perspectiva de "solo subidas" a la preocupación de que la IA podría destruir beneficios empresariales en lugar de aumentarlos de forma generalizada
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La progresión constante de señales activadas —de cuatro en marzo a siete en mayo— apunta a un deterioro paulatino pero firme. A finales de mayo y principios de junio de 2026, el 70 % de los indicadores bajistas del banco estaban en rojo .
Pese a la acumulación de advertencias, la comunidad analítica está lejos del consenso. Una corriente significativa sostiene que los paralelismos con la burbuja puntocom son exagerados o, cuando menos, prematuros.
Goldman Sachs ha advertido de que los desequilibrios actuales de inversión en IA reflejan más el punto de inflexión de 1997 que el pico del 2000, lo que implicaría que al ciclo aún podrían quedarle años antes de un estallido . El banco de inversión señaló el aumento del gasto de capital junto a la caída de beneficios y la ampliación de los diferenciales de crédito como desequilibrios que se harán "más visibles a medida que se extienda el auge inversor de la IA", pero evitó pronosticar un pico inminente
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Dentro del propio Bank of America conviven visiones contrapuestas. Un informe de diciembre de 2025 de la división de investigación global del banco argumentaba que "hay bolsas del mercado que ya muestran inestabilidad, en consonancia con excesos propios de un ciclo tardío", pero que "los principales segmentos de la renta variable estadounidense vinculados a la IA aún están lejos de las condiciones que suelen asociarse a un pico de burbuja inminente" .
El mismo equipo proyectó en sus perspectivas para el año siguiente que los temores de una burbuja de IA son "exagerados" y que el gasto de capital relacionado con la IA continuaría aumentando en lugar de estallar .
El equipo de Return on Investment de Reuters publicó un análisis en mayo de 2026 en el que sostenía que, aunque "el auge del capex en IA liderado por los hiperescalares puede eclipsar la manía de las puntocom, es improbable que se repita un desplome como el de 2000", incluso si la demanda de IA no alcanza a igualar a la oferta .
El Fondo Monetario Internacional afirmó en una línea similar que una desaceleración era plausible, pero improbable que evolucionara hacia una crisis sistémica . El Banco de Inglaterra ha adoptado una postura más prudente y ya advirtió en octubre de 2025 de que las valoraciones "tensas" de la IA suponen un riesgo de "fuerte corrección del mercado" si las expectativas sobre el impacto de la tecnología se vuelven menos optimistas
. Su Comité de Política Financiera trazó comparaciones directas con la fiebre de las puntocom de finales de los 90
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Lo que hace especialmente difícil de interpretar este momento es que muchas de las mismas entidades que emiten advertencias también matizan sus pronósticos con escenarios alcistas. El indicador de riesgo de burbuja de Bank of America muestra que la presión especulativa se ha intensificado, pero los activos básicos de IA no se han desvinculado completamente de los fundamentales .
El debate gira en torno a qué analogía resulta más adecuada: la fase de construcción de 1997, el pico del año 2000 o algo completamente nuevo.
Para los inversores que siguen de cerca estas señales, varios puntos de presión merecen atención. Los diferenciales de crédito, que se habían mantenido en niveles históricamente reducidos, han empezado a ampliarse en las últimas semanas; el índice ICE BofA US High Yield ha mostrado signos tempranos de tensión .
El indicador Buffett —la ratio entre la capitalización bursátil total y el PIB— ha alcanzado el 230 %, más de dos desviaciones estándar por encima de su tendencia a largo plazo, lo que apunta a una sobrevaloración sistémica que va más allá del sector tecnológico .
El propio calendario de OPVs genera riesgos mecánicos. El enorme tamaño de las próximas salidas a bolsa provocará compras forzosas a gran escala por parte de los fondos indexados, lo que podría crear una demanda artificial que se revertiría cuando se absorba la nueva emisión o cuando los primeros inversores empiecen a vender en el mercado .
Ninguna de estas señales garantiza un desplome, y el auge de la IA difiere de la era puntocom en aspectos importantes. Las empresas líderes en IA de hoy son compañías rentables con ingresos reales, no startups especulativas sin modelos de negocio. La tecnología en sí ya está generando valor económico cuantificable en múltiples industrias. Pero las señales de advertencia son lo bastante numerosas y tienen resonancias históricas tan potentes que hasta las entidades más alcistas aconsejan cautela.
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