La amenaza no es teórica. Ese mismo día, en Los Ángeles, manifestantes exhibieron imágenes de deportistas iraníes mientras pedían a la FIFA que suspendiera o expulsara a Irán del torneo, alegando la “implicación del régimen en el deporte” . La respuesta de Teherán es un aviso a navegantes: no se tolerará ninguna muestra de descontento dentro del estadio.
A la amenaza de las protestas se suma un bloqueo administrativo que ha obligado a cambiar todo el operativo de la selección. El Departamento de Estado de EE. UU. denegó las visas a “miembros clave del equipo directivo y administrativo” de la delegación iraní .
La radiotelevisión estatal IRIB informó que 15 integrantes del cuerpo técnico, de gestión y de administración no recibieron la autorización de entrada . Otras fuentes hablan de 13 o 14 afectados
. Entre los señalados están el secretario general de la Federación de Fútbol, Hedayat Mombeini, el vicepresidente Mehdi Mohammad Nabi y el director de medios Mohsen Motamedkia
.
Aunque los jugadores sí obtuvieron el visado justo antes de abandonar la concentración en Turquía, la falta de toda la estructura de apoyo llevó a un giro radical de última hora. La Federación iraní acusó a Washington de “comportamiento vengativo” y “trato discriminatorio” . El centro de entrenamiento previsto en Tucson, Arizona, se canceló. México tendió la mano ofreciendo Refugio en Tijuana, a un paso de la frontera californiana
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La expedición iraní aterrizó en Tijuana el 7 de junio de 2026, tras casi tres semanas de preparación en Antalya, Turquía, donde dedicaron buena parte del tiempo a tramitar las visas para Estados Unidos, México y Canadá . A partir de ahora, el equipo residirá en territorio mexicano y solo cruzará a suelo estadounidense la víspera de cada partido
.
La solución es un parche logístico sin precedentes: el país anfitrión prohíbe de facto que la delegación duerma en su suelo . Además, Washington impuso un veto general a los aficionados procedentes de Irán y canceló la cuota de entradas que la selección tenía asignada para sus tres partidos de la fase de grupos
.
El defensa Ehsan Hajsafi alzó la voz ante los micrófonos: “Estamos molestos” . El diario The Guardian reportó que, pese a la diplomacia de última hora de los enviados estadounidense y turco, el personal de apoyo quedó en el limbo
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Todo este terremoto ocurre en un escenario inédito: jamás un país anfitrión había acogido a una selección con la que está en guerra abierta . El torneo se ha convertido en lo que los analistas describen como una “pugna de poder blando”
, donde las normas deportivas chocan frontalmente con la seguridad nacional y la política migratoria.
La delegación iraní se mueve en un campo minado donde la indumentaria de trabajo es la incertidumbre. El ultimátum de Teherán abre la puerta a un plantón en directo mientras la negativa de visas reescribe en tiempo real la preparación del equipo. La gran pregunta es si una selección de fútbol puede jugar sus partidos en medio de una guerra en la sombra o si la tensión geopolítica acabará empujando el balón fuera de la banda para siempre.
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