Esta expansión por fases representa una ruptura fundamental de la demarcación de la "Línea Amarilla" establecida por la tregua . Observadores internacionales y múltiples medios de comunicación calificaron la orden como una violación directa del alto al fuego y una medida que amenaza con "torpedear una tregua ya frágil y crear condiciones humanitarias catastróficas"
. La población restante está siendo comprimida en una menguante zona costera; se calcula que 2,1 millones de personas se hacinan ahora en aproximadamente el 40% de la Franja
.
La expansión territorial se desarrolla en el contexto de una negociación completamente estancada para la segunda fase del alto al fuego. El problema central e insoluble es la negativa de Hamás a desarmarse. La Junta Internacional de Paz, creada por Estados Unidos, informó al Consejo de Seguridad de la ONU que Hamás es "el principal obstáculo" para implementar las etapas posteriores de la tregua, citando su rechazo a aceptar un proceso para la descomisión verificada de sus armas . El enviado estadounidense Nickolay Mladenov, el máximo diplomático de la Junta de Paz, ha declarado sin rodeos que todo el alto al fuego "depende de que Hamás se desarme"
.
Hamás se ha mantenido desafiante, insistiendo en que no discutirá el desarme hasta que Israel cumpla primero con sus propias obligaciones bajo la fase inicial del plan. El grupo exige una retirada total israelí de las tierras ocupadas más allá de la línea de alto al fuego y la entrada sin obstáculos de ayuda humanitaria y materiales de reconstrucción . Como resultado, las negociaciones han llegado al "borde del colapso total", y el establishment de seguridad israelí se prepara abiertamente para una posible reanudación de la guerra a gran escala
. Este estancamiento ha dejado a la Franja en un estado de devastación suspendida, con los principales proyectos de reconstrucción condicionados al desarme que Hamás rechaza
.
Mientras la presión militar se intensifica, el gobierno israelí también está formalizando planes a largo plazo para una salida a gran escala de palestinos de Gaza. El 27 y 28 de mayo de 2026, el ministro de Defensa, Israel Katz, reafirmó el compromiso del gobierno de implementar un plan de "emigración voluntaria" "en el momento y de la manera adecuados" . El gobierno ya ha establecido una nueva dirección dentro del Ministerio de Defensa para facilitar el "paso seguro y controlado de los residentes de Gaza para su salida voluntaria" por tierra, mar y aire
.
Israel presenta la iniciativa como un gesto humanitario, permitiendo a los civiles abandonar una zona de guerra. "Hamás utilizó a los residentes de Gaza como escudos humanos... y ahora los mantiene como rehenes, extorsionándolos mediante el uso de la ayuda humanitaria e impidiéndoles salir de Gaza", ha declarado Katz . Sin embargo, los observadores de derechos humanos y los organismos internacionales rechazan este planteamiento, calificando el plan como un desplazamiento forzado o limpieza étnica, una acusación que el gobierno israelí niega
.
El plan de emigración ha sido respaldado con entusiasmo por los socios de la coalición de extrema derecha de Netanyahu, que lo ven como la "única solución realista". El ministro de Finanzas, Bezalel Smotrich, ha pedido previamente a Israel que fomente la emigración de la mitad de los 2,2 millones de palestinos de Gaza en un plazo de dos años . Esta presión política interna por parte de figuras como Smotrich y el ministro de Seguridad Nacional, Itamar Ben-Gvir, quienes abogan por restablecer asentamientos israelíes permanentes y el control militar en Gaza, proporciona un contexto crítico para la agresiva estrategia dual del gobierno de incautación territorial y traslado de población de cara a las elecciones previstas para octubre de 2026
.
Las operaciones militares en curso y la expansión territorial han seguido cobrando un alto precio a la población civil, incluso bajo el nominal alto al fuego. Desde que la tregua entró en vigor en octubre de 2025, más de 870 palestinos han muerto por ataques israelíes . Estas muertes, resultado de la expansión de las operaciones terrestres y los bombardeos aéreos, subrayan el enorme abismo entre la promesa de cese de hostilidades del alto al fuego y la violenta realidad sobre el terreno.
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