Este presupuesto extraordinario para el año fiscal 2026 es una respuesta directa a la inflación disparada por la energía, fruto de un conflicto prolongado en Oriente Medio . Se financia íntegramente con bonos deficitarios, aunque la primera ministra Sanae Takaichi ha prometido que "no habrá endeudamiento extra total" para el año fiscal completo, lo que implicaría recortes en otras partidas aún sin especificar
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El plan tiene dos patas principales:
Paralelamente, el gabinete considera una rebaja temporal del tipo reducido del IVA que se aplica a alimentos y bebidas no alcohólicas, pasándolo del 8% actual al 1% por dos años desde abril de 2027 . Es una versión descafeinada de la promesa electoral original de Takaichi, que hablaba de eliminar este impuesto al 0%. Se opta por el 1% para evitar el enorme coste y el quebradero de cabeza logístico que supondría reprogramar todos los sistemas de cajas registradoras de Japón para una operación con tasa cero
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La fecha de lanzamiento en abril de 2027 es pura estrategia política: permitirá al oficialismo hacer campaña con esta rebaja de cara a las elecciones locales unificadas de ese mes . El agujero fiscal sería colosal, pues este tributo es uno de los pilares de la recaudación japonesa. La gestora Invesco estimó que eliminar completamente el IVA de los alimentos costaría alrededor de 5 billones de yenes al año
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El veredicto del mercado ha sido inmediato. Sin la antigua política de control de la curva de tipos del BoJ, la rentabilidad de la deuda japonesa se ha disparado por una desbandada histórica de los inversores.
Esta liquidación refleja una crisis de confianza profunda. Los inversores ven a un gobierno que se endeuda para regar con subsidios el consumo, mientras planea amputar una fuente mayor de ingresos fiscales . La promesa de no aumentar la deuda neta anual se mira con escepticismo, porque este presupuesto extra sí se financia con déficit, y surge un patrón claro: una expansión fiscal de corte electoral sin un plan de consolidación creíble
. Northern Trust señala que la volatilidad de los bonos japoneses se ha más que duplicado en dos años, y sentencia: "se acabó la era de la baja volatilidad"
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La aritmética fiscal es la razón de peso que explica el nerviosismo en el mercado de deuda:
El timing no podría ser peor para el BoJ, que intenta normalizar su política monetaria tras décadas de dinero ultrablando. Se enfrenta a una trampa con tres vértices:
La tensión de fondo es ya imposible de ocultar. El gobierno pide prestado para financiar alivios de corte populista y, al mismo tiempo, planea reducir de forma drástica su base de recaudación. Los mercados, huérfanos del paraguas artificial que el BoJ ponía a los tipos, están descontando una trayectoria fiscal que apunta a más deuda, más gasto en intereses y mucha más volatilidad. El riesgo es un bucle diabólico: más rendimientos de la deuda, que elevan los costes de su servicio, lo que empeora el perfil fiscal y provoca nuevas ventas masivas de bonos, poniendo en jaque todo el proyecto de normalización económica de Japón.
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