Aun así, responsables de ambos lados han advertido que el borrador requerirá más negociaciones para resolver los aspectos más complejos del expediente nuclear.
El mayor desacuerdo gira en torno a si Irán deberá renunciar a su reserva de uranio altamente enriquecido, material que, si se sigue enriqueciendo, podría utilizarse para fabricar armas nucleares.
Algunos reportes citando a funcionarios estadounidenses y fuentes regionales indican que el marco incluiría un compromiso de Irán para entregar ese stock, aunque los detalles de cómo hacerlo se negociarían más adelante.
Sin embargo, fuentes iraníes han cuestionado públicamente esa versión. Informes que citan a funcionarios de Teherán señalan que el país no ha aceptado entregar ese material y que las cuestiones nucleares podrían ni siquiera formar parte del acuerdo inicial.
Debido a estas versiones contradictorias, muchos analistas consideran que el destino del uranio sigue completamente en negociación.
Según los reportes, se han discutido varias soluciones técnicas para reducir el riesgo de proliferación nuclear sin obligar a una concesión inmediata total.
Entre las posibilidades mencionadas están:
Ninguna de estas opciones ha sido confirmada oficialmente como parte del marco, y parece probable que se negocien en una fase posterior.
La política interna iraní podría complicar cualquier acuerdo que implique sacar el material del país.
Según informes que citan fuentes cercanas al gobierno, el líder supremo de Irán ha emitido una directiva según la cual el uranio cercano al grado armamentístico no debe enviarse al extranjero, lo que establece una clara línea roja en las negociaciones.
Funcionarios iraníes sostienen que exportar ese material podría dejar al país más vulnerable frente a futuras presiones militares o ataques.
Esa postura choca directamente con la exigencia atribuida a negociadores estadounidenses, lo que convierte este punto en el obstáculo más difícil del proceso.
Aunque el debate se centra en el programa nuclear, el marco también incluiría varios componentes geopolíticos y económicos más amplios.
Entre los elementos mencionados en los reportes se encuentran:
Estas medidas constituirían el componente económico y de seguridad del marco, mientras que los aspectos nucleares se discutirían más a fondo posteriormente.
Según varios informes, el memorando abriría un nuevo periodo de negociaciones de entre 30 y 60 días para tratar de alcanzar un acuerdo nuclear más completo.
Durante ese tiempo, los negociadores intentarían resolver cuestiones clave como:
A pesar de las señales de progreso, varios temas fundamentales siguen sin respuesta:
Por ahora, el documento en discusión parece ser solo el primer paso hacia nuevas negociaciones, más que un acuerdo definitivo. Las próximas semanas de conversaciones determinarán si el marco se convierte en un pacto nuclear más amplio o si vuelve a quedar bloqueado por los mismos desacuerdos que han marcado la diplomacia entre EE. UU. e Irán durante años.