La energética portuguesa EDP también acudió al mercado con una emisión de 750 millones de euros en bonos verdes con vencimiento en marzo de 2033, equivalente a un plazo cercano a siete años.
Los títulos ofrecen un cupón del 3,75% y una rentabilidad cercana al 3,4%, niveles significativamente superiores a los registrados durante la era de tipos ultrabajos de principios de la década de 2020.
El capital obtenido se destinará a financiar o refinanciar proyectos incluidos en el portafolio verde del grupo, como energías renovables y otras inversiones alineadas con la taxonomía climática de la Unión Europea.
El éxito de la operación muestra que las grandes utilities europeas todavía pueden ejecutar emisiones de referencia de gran tamaño, incluso en un entorno financiero más exigente.
El banco noruego DNB actualizó en 2026 su Green Finance Framework, un marco que permite emitir distintos instrumentos verdes —incluidos bonos senior, cubiertos y de capital Tier 2— destinados a financiar activos sostenibles.
Entre las categorías elegibles se incluyen:
Tras esta actualización, la entidad volvió al mercado primario en euros con un bono senior non‑preferred verde, reforzando su estructura de capital y su presencia en el mercado europeo de financiación sostenible.
Para los inversores institucionales, este tipo de marcos resulta clave porque proporciona criterios claros de elegibilidad, alineación con estándares internacionales como los Green Bond Principles de ICMA y reportes de impacto ambiental.
La inmobiliaria sueca Diös Fastigheter emitió bonos verdes senior sin garantía por 600 millones de coronas suecas (SEK) con un plazo de tres años.
La operación se dividió entre tramos a tipo fijo y variable y se fijó con un margen de 1,33%, el nivel más bajo logrado por la empresa para ese vencimiento dentro de su programa de deuda.
La demanda fue especialmente fuerte: el libro de órdenes alcanzó aproximadamente 2,3 veces el tamaño de la emisión, lo que permitió ajustar el precio por debajo de la orientación inicial.
Este dato es relevante porque Diös no es un emisor supranacional ni una gran utility, sino una compañía inmobiliaria regional, lo que sugiere que el apetito inversor se extiende más allá de los emisores más grandes y conocidos.
Analizadas en conjunto, estas operaciones reflejan varias tendencias importantes:
1. La demanda inversora sigue siendo profunda.
Los libros de órdenes sobredimensionados y las emisiones de gran volumen indican que los inversores continúan asignando capital a activos vinculados a criterios ESG.
2. Los tipos más altos no han paralizado el mercado.
En lugar de frenar la actividad, el entorno de tipos simplemente ha reajustado los niveles de rentabilidad exigidos por los inversores.
3. Los marcos de financiación verde son cada vez más relevantes.
Las entidades que actualizan sus frameworks y alinean sus proyectos con estándares internacionales tienden a atraer más demanda.
4. El ecosistema de bonos verdes es cada vez más amplio.
Las emisiones recientes proceden de instituciones multilaterales, utilities, bancos y compañías inmobiliarias, lo que demuestra la diversidad del mercado.
A pesar de un entorno financiero más restrictivo, el mercado europeo de deuda sostenible sigue funcionando con fuerza. Emisiones récord como la del Nordic Investment Bank, operaciones corporativas de gran tamaño como la de EDP y colocaciones sobresuscritas de empresas medianas como Diös apuntan a una conclusión clara: los inversores continúan considerando los bonos verdes como un instrumento central para financiar la transición energética y las infraestructuras climáticas del futuro.
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