Los llamados «pequeños puntos rojos» son fuentes compactas y rojizas detectadas por el telescopio espacial James Webb cuya luz resulta difícil de explicar únicamente con estrellas o galaxias corrientes. Una interpretación respaldada, al menos para algunos de ellos, es que contienen un agujero negro que absorbe gas y queda oculto tras una envoltura densa. La expresión «estrella de agujero negro» describe su aspecto y el modelo propuesto: no se trata de una estrella alimentada por fusión nuclear.
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La pista más sólida: GLIMPSE-17775
El equipo dirigido por Vasily Kokorev estudió GLIMPSE-17775, situado detrás del cúmulo de galaxias Abell S1063. La gravedad del cúmulo amplificó su luz —un efecto llamado lente gravitacional— y, junto con unas 30 horas de observación del Webb, permitió obtener el espectro más profundo registrado hasta entonces de uno de estos puntos.
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Un espectro descompone la luz para estudiar sus características. El de GLIMPSE-17775 contiene más de 40 líneas espectrales y varios indicios independientes compatibles con un agujero negro en rápido crecimiento, rodeado de gas caliente, denso y parcialmente ionizado. Esa envoltura absorbe y transforma parte de la radiación emitida cerca del agujero negro. La evidencia va mucho más allá del color rojo o la apariencia compacta, pero corresponde al examen detallado de un objeto, no a una identificación definitiva de toda la población.
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3 El estudio apareció en The Astrophysical Journal en 2026.
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GLIMPSE-17775 tiene un corrimiento al rojo medido de 3,5 y existía unos 1.800 millones de años después del Big Bang. No debe incluirse sin más en los intervalos más tempranos que se citan para otros pequeños puntos rojos.
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¿Cómo podría haberse formado?
Las observaciones muestran cómo es la luz de estos objetos; las simulaciones exploran cómo podrían haber llegado a existir. Un equipo liderado por Sunmyon Chon utilizó la supercomputadora japonesa ATERUI III para investigar una posible vía de formación y crecimiento de agujeros negros en el universo temprano, en un trabajo publicado en Nature en septiembre de 2026.
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En ese escenario, la radiación ultravioleta dificulta la formación habitual de estrellas en una nube de gas. El gas se acumula, da lugar a una estrella muy masiva y esta colapsa, dejando una «semilla» de agujero negro. Después, un disco denso de gas puede retener parte de la radiación, limitar su capacidad de frenar la entrada de material y favorecer un crecimiento rápido.
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Es una ruta posible, no una historia observada: el Webb no presenció el colapso de la estrella que habría precedido a GLIMPSE-17775, ni las simulaciones prueban que todos los puntos rojos se formaran del mismo modo.
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18 Tampoco basta con verlos rojos para atribuirles a todos la misma mezcla de gas y polvo.
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Qué falta por resolver
La colaboración UNCOVER ha empleado observaciones del Webb y lentes gravitacionales para investigar galaxias lejanas y agujeros negros en crecimiento, incluidos los pequeños puntos rojos. En ella participan investigadores de la Universidad de Pittsburgh, CU Boulder y la Universidad Tecnológica de Swinburne. Se anunció que recibirá el Premio Lancelot M. Berkeley–New York Community Trust de astronomía de 2027 por sus aportaciones al estudio del universo distante; el reconocimiento no significa que el enigma esté resuelto.
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La prueba siguiente será obtener espectros detallados de más puntos rojos y comprobar si comparten las señales de gas observadas en GLIMPSE-17775. También habrá que distinguir cuánto aporta a su luz el agujero negro, cuánto el gas que lo rodea y cuánto una posible galaxia anfitriona. Hasta entonces, «estrella de agujero negro» nombra una explicación sólida para algunos casos, no una etiqueta confirmada para todos.
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