Ormuz no es una ruta cualquiera. Es un punto de paso crítico para petróleo y GNL, de modo que cualquier problema allí se traduce rápidamente en precios más altos a escala global, no solo en retrasos logísticos locales .
Por eso, para Goldman, la pregunta no es solo si existe conflicto, sino cuánto dura y cuánto restringe el tránsito. Si los flujos se normalizan, la prima de riesgo puede bajar y los precios de la energía podrían estabilizarse. Si las restricciones persisten, el shock de petróleo y gas puede transformarse en un problema más amplio de inflación, crecimiento y confianza .
Goldman sí ha rebajado sus expectativas. Morningstar/MarketWatch informó que el banco recortó su visión de crecimiento para Estados Unidos y situó en marzo la probabilidad de recesión estadounidense en los siguientes 12 meses en el 25 %, con el petróleo como principal canal de transmisión hacia la economía de EE. UU. .
Después, otros reportes indicaron que Goldman redujo su pronóstico de recesión tras datos de empleo más sólidos. Jan Hatzius, economista jefe del banco, señaló además que el impacto de la guerra en Irán sobre la economía estadounidense había sido moderado y que el petróleo no había subido tanto como temían algunos analistas .
Ese cambio de tono importa. Goldman no está diciendo que el riesgo de recesión haya desaparecido. Está diciendo que, por ahora, los datos apuntan a una economía presionada, no a una economía en desplome.
El petróleo es el canal más visible, pero no el único. Los reportes sobre la visión de Goldman también mencionan preocupaciones por suministros distintos del crudo, incluidos fertilizantes y helio; este último es relevante para la producción de semiconductores .
Esos efectos secundarios importan porque la energía y algunos insumos industriales básicos se filtran en muchas capas de la economía: transporte, manufactura, producción de alimentos y gasto de los hogares. El riesgo es que un shock energético deje de sentirse solo en combustibles y empiece a quedar incorporado en una gama más amplia de precios.
Para las economías del Golfo, el conflicto crea una paradoja. Un reporte que cita a Goldman Sachs Economics Research señala que los precios más altos del petróleo pueden reforzar los presupuestos públicos, mientras que las rutas comerciales afectadas frenan el crecimiento y amenazan los planes de diversificación de largo plazo dentro del Consejo de Cooperación del Golfo .
El mismo reporte indica que la duración del conflicto se ha convertido en la variable más importante para la estabilidad económica de la región . Dicho de forma sencilla: más ingresos petroleros no compensan por completo el coste de una logística dañada, inversiones postergadas e incertidumbre sobre el comercio regional.
Aquí está el centro del argumento de “doblarse, no romperse”. Fox Business, citando a economistas de Goldman, informó que la guerra en Irán probablemente empujaría al alza los precios del petróleo y el gas, pero no debería generar una crisis amplia de cadenas de suministro como la provocada por la pandemia de COVID-19 . Business Insider resumió una lectura similar: para Goldman, se trata de un shock petrolero, no de una crisis generalizada de suministros
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La diferencia es importante. Una crisis tipo pandemia paraliza simultáneamente fábricas, transporte, mano de obra y flujos de bienes. El escenario base actual de Goldman es más estrecho: sube la energía, repunta la inflación, se enfría el crecimiento, pero las redes globales de producción no se bloquean de la misma manera .
La visión relativamente constructiva de Goldman también se apoya en señales de resistencia económica. En una transcripción de abril, Jan Hatzius dijo que el banco aún veía “bastante que valorar” en la economía mundial, incluido un mayor crecimiento de la productividad tras la pandemia, especialmente en Estados Unidos, aunque reconoció riesgos a la baja por el conflicto en Irán y el encarecimiento de la energía .
Los mercados financieros tampoco se han congelado. Reuters informó que David Solomon, consejero delegado de Goldman Sachs, se mostró sorprendido por la reacción relativamente “benigna” de los mercados y dijo que los inversores quizá necesitarían un par de semanas para digerir el impacto del conflicto . Fortune también reportó que altos ejecutivos internacionales de Goldman consideraban que los fundamentos seguían intactos y no esperaban que la actividad de operaciones corporativas se paralizara por completo
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La tesis de Goldman depende de una condición crítica: que el shock energético siga siendo limitado. Una interrupción más prolongada en Ormuz, un salto del petróleo mayor y más persistente, o un traslado más fuerte desde la inflación general hacia la inflación subyacente harían el panorama más peligroso .
El veredicto práctico es este: el conflicto ya está doblando la economía mundial mediante petróleo, GNL, inflación y menor crecimiento. Se convertiría en un evento de ruptura si el shock energético se transformara en una presión duradera sobre comercio, consumo, inversión y estabilidad financiera.
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