Tras su salida de Red Bull en 2025, Horner ha estado evaluando posibles vías para regresar a la Fórmula 1. Fuentes cercanas indican que ha discutido con BYD distintos escenarios para un posible proyecto dentro del campeonato.
Su participación sería relevante por varias razones:
Además, Horner trabaja actualmente en un papel de asesor con la firma de capital privado Oakley Capital, lo que podría facilitar el acceso a financiación o a socios estratégicos para proyectos relacionados con el automovilismo.
Según distintos reportes, BYD estaría considerando crear un equipo completamente nuevo en lugar de adquirir una escudería ya existente.
Este enfoque tendría varias ventajas estratégicas:
Sin embargo, también es la opción más complicada. Levantar una escudería desde cero implica construir instalaciones, contratar a cientos de empleados, asegurar un proveedor de motor y superar un proceso de aprobación tanto de la FIA (la federación internacional) como de los titulares de los derechos comerciales de la Fórmula 1.
Otra vía teórica hacia la F1 podría pasar por el equipo Alpine, aunque esta posibilidad es mucho menos concreta.
Horner forma parte de un consorcio de inversores que ha mostrado interés en adquirir una participación minoritaria en la escudería francesa, cuyo accionariado ha explorado la venta de parte de sus acciones.
Esto no significa que BYD esté negociando comprar Alpine, pero sí demuestra que Horner mantiene conexiones activas dentro de la parrilla que podrían abrir alternativas si la creación de un equipo nuevo resulta demasiado compleja.
Incluso si BYD decide avanzar, entrar en Fórmula 1 implica superar varios obstáculos financieros y políticos.
Las reglas de la F1 permiten un máximo de 12 escuderías, lo que significa que, en teoría, quedaría solo una plaza disponible.
Los equipos actuales han sido históricamente reacios a la expansión porque cada nuevo participante reduce la parte de ingresos que reciben del campeonato. Para compensarlo, los nuevos equipos deben pagar una tarifa de anti‑dilución destinada a proteger los premios económicos de las escuderías existentes.
En el caso de Cadillac, esa cuota se sitúa en torno a 450 millones de dólares, una cifra que muestra el enorme coste de entrar en la categoría reina del automovilismo.
Desde el punto de vista estratégico, la entrada de un fabricante chino tendría atractivo para la Fórmula 1.
China es uno de los mayores mercados automovilísticos del mundo, y contar con un equipo respaldado por un fabricante del país podría reforzar el crecimiento comercial y mediático del campeonato en la región.
Además, la categoría vive una nueva ola de interés por parte de fabricantes —con marcas como Audi o Cadillac involucrándose en el deporte— impulsada por las próximas regulaciones híbridas de las unidades de potencia.
Por el momento, los planes de BYD siguen en una fase preliminar. Las reuniones con la dirección de la F1 y con figuras como Christian Horner reflejan interés real, pero todavía no existe una solicitud formal para unirse al campeonato.
Si el proyecto avanzara, los siguientes pasos probablemente incluirían:
En cualquier caso, el simple hecho de que BYD esté explorando esta posibilidad muestra hasta qué punto la Fórmula 1 se ha convertido en un escenario estratégico para los grandes fabricantes automovilísticos del mundo.
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