Un círculo en un mapa puede despertar sospechas, pero no demuestra que allí cayera un meteorito. Eso fue lo que distinguió el caso de Uhackatik, en la remota región de Côte-Nord, en Quebec: la observación casual de un aficionado a la astronomía puso en marcha una investigación que tuvo que resolverse sobre el terreno.
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La pista apareció al planear una acampada
Joël Lapointe buscaba dónde acampar cuando advirtió una depresión casi circular cerca del lago Marsal en imágenes consultadas por internet. Se puso en contacto con especialistas, entre ellos investigadores de la Universidad de Aix-Marsella. Un grupo francés presentó la zona como una posible estructura de impacto en una reunión de la Meteoritical Society —la sociedad científica dedicada al estudio de meteoritos— celebrada en 2024. En ese momento, la forma del terreno era una pista, no una confirmación.
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La mayoría de los relatos sitúan la observación en 2024, aunque uno la fecha a finales de 2023. La secuencia esencial no cambia: Lapointe comunicó lo que había visto y los investigadores examinaron la hipótesis.
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Lo que el mapa no podía demostrar
Gordon Osinski, geólogo planetario de la Universidad Western de Canadá, era inicialmente escéptico. En octubre de 2025 organizó una expedición al lugar, al que el equipo llegó en hidroavión; incluso alcanzar la orilla resultó difícil. Además, los mapas geológicos anteriores atribuían ciertas rocas fragmentadas de la zona a actividad volcánica. Había que encontrar pruebas que permitieran distinguir ambas explicaciones.
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Al segundo día, el equipo identificó conos de fractura (shatter cones): marcas en la roca producidas por presiones de choque extraordinarias. El resumen científico de los investigadores los documenta en rocas próximas al centro de la estructura y reinterpreta una formación antes considerada volcánica como roca fundida asociada al impacto.
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6 La conclusión, por tanto, no depende del parecido del paisaje con un cráter, sino de las huellas observadas en las rocas.
Los investigadores describen Uhackatik como una estructura de unos 25 kilómetros de diámetro y una antigüedad estimada de 390 millones de años.
2 Los conos de fractura ayudan a identificar el impacto, pero no permiten fecharlo por sí solos; el material facilitado no ofrece detalles suficientes para explicar el método de datación ni su margen de error.
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El nombre Uhackatik se adoptó tras consultar al Consejo Innu de Ekuanitshit.
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8 El hallazgo podría elevar a 11 el número de estructuras de impacto conocidas en Quebec. No obstante, el resumen presentado por el equipo en 2026 expone su conclusión científica, pero no acredita por sí mismo que hayan concluido todos los trámites de revisión o registro formal.
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La historia no es, en definitiva, la de un cráter «descubierto por Google Maps». Lapointe detectó algo que merecía investigarse; la expedición encontró las pruebas geológicas para sostener qué ocurrió allí.
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