Las lluvias posteriores mejoraron las perspectivas. Hungría esperaba volver a poner en marcha una turbina en Paks cuando aumentara el nivel del río, aunque las autoridades advirtieron de que la recuperación podía ser temporal si no continuaban las precipitaciones. La central podía recuperar parte de su capacidad a medida que mejoraran las condiciones hidrológicas, pero el episodio no eliminó su dependencia estructural del Danubio.
En Rumanía, los dos reactores de Cernavodă tienen una capacidad aproximada de 706 MW cada uno. El primero había sido desconectado previamente; el segundo fue separado de la red cuando el nivel del Danubio siguió descendiendo. Como resultado, toda la central —unos 1.400 MW— quedó detenida.
Los informes disponibles describieron el episodio como el primer apagado completo provocado por la sequía desde 2003. Cernavodă suele aportar cerca de una quinta parte de la electricidad rumana, por lo que la pérdida simultánea de ambos reactores eliminó una fuente importante de generación firme en un momento de elevada presión sobre el suministro. Rumanía también declaró una emergencia energética durante agosto y pidió a hogares y empresas que redujeran voluntariamente su consumo.
Las autoridades intentaron ganar tiempo redirigiendo el agua hacia la zona de captación. Entre las medidas divulgadas estuvieron la retirada con explosivos de obstáculos sumergidos, el dragado del lecho y el hundimiento de barcazas cargadas de rocas para modificar el flujo. Estas actuaciones podían mejorar temporalmente el nivel local, pero no sustituían un caudal de refrigeración estable. El reinicio de los reactores dependía de que el nivel y el flujo del río se recuperaran lo suficiente para cumplir las condiciones de seguridad.
El calor extremo somete a la red eléctrica a una doble presión. Por un lado, eleva la demanda de electricidad debido al uso de aire acondicionado. Por otro, la sequía reduce el volumen de agua disponible para refrigerar las centrales.
Cuando el agua del río escasea y además está más caliente, una central puede verse obligada a reducir su potencia o a limitar la descarga de agua calentada para cumplir las normas ambientales. El resultado es que una ola de calor puede aumentar el consumo justo cuando disminuye la capacidad de generación.
El Centro Común de Investigación de la Unión Europea indicó que el empeoramiento de la sequía en julio y agosto llevó al Danubio, el Loira, el Po y el Rin a niveles récord de bajada en agosto, según Copernicus, el programa europeo de observación de la Tierra. Esos ríos son importantes no solo para la refrigeración nuclear, sino también para la generación hidroeléctrica, el transporte de mercancías y numerosas actividades industriales.
Por eso, un mismo fenómeno climático puede provocar varios problemas a la vez: menos electricidad disponible, mayor demanda, dificultades para transportar combustibles y mercancías, y un aumento de los costes económicos.
Las centrales nucleares francesas también sufrieron el impacto de las temperaturas elevadas de los ríos y de los bajos caudales. Un análisis de ICIS incluido entre las fuentes estimó que unos 7 GW de capacidad nuclear en Francia, Hungría y Rumanía estaban fuera de servicio debido al calor persistente y a los niveles anómalos de los ríos; Francia representaba aproximadamente 5 GW de esa estimación. Se trata de un cálculo de análisis de mercado, no de una estadística oficial única para toda Europa.
La generación hidroeléctrica también disminuye cuando se debilitan los caudales. Al mismo tiempo, los bajos niveles del Danubio y el Rin obligan a los barcos de carga a reducir sus pesos y dificultan el transporte fluvial, con efectos sobre los ingresos de las empresas.
CNBC citó una estimación de Triodos según la cual las interrupciones relacionadas con el calor podrían costar a la economía de la Unión Europea unos 180.000 millones de euros, equivalentes a cerca del 1 % del PIB. Esa cifra es una proyección de la organización citada, no un daño económico ya confirmado.
Paks y Cernavodă muestran que el agua debe considerarse un insumo esencial del sistema eléctrico, al mismo nivel estratégico que el combustible, las redes de transmisión y la capacidad de generación. La energía nuclear puede ofrecer un suministro estable, pero las centrales situadas junto a ríos siguen dependiendo del nivel, el caudal y la temperatura del agua para operar de forma segura.
Cuando las olas de calor y las sequías coinciden, el riesgo deja de estar limitado a una planta concreta. La generación nuclear y la hidroeléctrica pueden caer al mismo tiempo que aumenta la demanda de refrigeración. El transporte fluvial también se resiente, lo que complica el movimiento de combustibles y mercancías.
La crisis del Danubio es, en definitiva, una advertencia sobre la resiliencia de la infraestructura energética frente a un clima más extremo. Un episodio de lluvia puede ayudar a Paks a recuperar parte de su producción, pero una temporada húmeda no elimina el riesgo a largo plazo para las centrales que dependen de ríos sometidos a una presión creciente.