Este estado de alerta permite a las autoridades movilizar fondos para comprar electricidad de emergencia y adoptar medidas de gestión de la red, incluidas posibles restricciones. Bucarest también estudia obras para desviar temporalmente agua de un canal y mantener la operación de la planta de Cernavodă, además de negociar importaciones con países vecinos para cubrir los picos de demanda .
El Danubio alcanzó niveles que no se veían desde, al menos, 1996 en varios países de la región. En Bezdan, cerca de la entrada del río en Serbia, registró su nivel más bajo en más de medio siglo . En Budapest, el indicador descendió hasta entre 26 y 28 centímetros, un mínimo histórico para la capital húngara .
En el punto por el que el Danubio entra en Rumanía, el caudal rondaba los 1.600 metros cúbicos por segundo, menos de la mitad de lo habitual para esta época del año . La combinación de meses con precipitaciones por debajo de la media, una ola de calor prolongada y nuevas temperaturas elevadas dejó al descubierto bancos de arena y amplios tramos del lecho fluvial.
El impacto fue visible también en el transporte. Varias barcazas quedaron varadas en Serbia y algunos sectores eran tan poco profundos que podían cruzarse a pie . El tráfico de mercancías en una de las principales vías navegables de Europa sufrió graves interrupciones, mientras que los cruceros fluviales tuvieron que modificar sus rutas .
La central nuclear de Cernavodă, que normalmente aporta alrededor del 20 % de la electricidad de Rumanía, se vio directamente afectada por el descenso del Danubio.
El apagado fue una medida operativa preventiva relacionada con la disponibilidad de agua para la refrigeración, no una señal de un accidente nuclear. Sin embargo, retiró de la red una fuente importante de electricidad justo cuando el calor podía elevar el consumo.
En Hungría, la central nuclear de Paks —la única del país— también redujo su producción por la falta de agua de refrigeración del Danubio. A partir del 29 de julio, uno de sus reactores recortó su producción aproximadamente a la mitad .
Para el 30 y el 31 de julio, el primer ministro Péter Magyar advirtió de que toda la planta podía detenerse por primera vez en su historia: las tomas de agua ya no alcanzaban con suficiente margen el caudal utilizable del río . Según sus declaraciones, la central podía permanecer parada durante semanas si el Danubio continuaba bajando .
La situación era especialmente delicada porque Paks genera una parte sustancial de la electricidad húngara. El Gobierno comenzó a preparar planes para que los grandes consumidores industriales redujeran su demanda si la producción nuclear seguía cayendo .
Las centrales nucleares necesitan grandes volúmenes de agua para disipar el calor de sus sistemas de refrigeración. Por eso muchas fueron construidas junto a ríos, lagos o costas. Esa ubicación facilita la operación en condiciones normales, pero también las hace vulnerables a las sequías, a los ríos más cálidos y a los caudales extremos.
La crisis del Danubio muestra cómo un único episodio hidrológico puede propagarse por sistemas conectados. Rumanía y Hungría afrontaron a la vez menores aportes nucleares e hidroeléctricos; Serbia sufrió problemas para mantener la navegación; y Croacia también registró niveles excepcionalmente bajos . La agricultura, el riego y el turismo fluvial se sumaron a la presión.
El episodio no demuestra por sí solo que una central nuclear sea insegura, pero sí revela una vulnerabilidad creciente: si las olas de calor y los periodos secos se vuelven más frecuentes e intensos, la disponibilidad de agua puede convertirse en un factor limitante para infraestructuras energéticas consideradas firmes. En el Danubio, el clima extremo no solo dejó un río casi vacío; también puso a prueba la capacidad de la región para producir, transportar y compartir electricidad al mismo tiempo.