La magnitud del encarecimiento explica por qué el ajuste puede ser lento. Sidley señaló que las primas de seguro de riesgo de guerra subieron desde alrededor del 0,2% hasta el 1% del valor del buque, mientras algunas aseguradoras retiraron la cobertura por completo . Cuando el seguro cuesta más —o directamente es difícil de conseguir—, armadores y fletadores tienden a trasladar esa prima de riesgo al precio, en vez de volver inmediatamente a las tarifas anteriores
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Además, el seguro marítimo no es una sola partida. Howden Re distingue varias capas de exposición: casco del buque, carga, responsabilidad civil, daños o bajas de tripulación, contaminación y cláusulas de cancelación de cobertura de guerra . Por eso, un anuncio de reapertura no basta para que toda la cadena aseguradora rebaje precios al mismo tiempo.
Para un armador, la pregunta práctica no es únicamente «¿puedo cruzar?», sino «¿quién paga si la situación se deteriora otra vez?». Sidley indicó que el tráfico comercial cayó con fuerza cuando armadores y aseguradoras reevaluaron el riesgo de seguridad; la firma también mencionó ataques contra varios buques y la amenaza de minas navales como factores capaces de prolongar la disrupción .
La propia letra pequeña de la reapertura tampoco siempre queda clara desde el primer momento. Whalesbook describió el alto el fuego en torno a Hormuz como frágil y con mensajes distintos desde Teherán y Washington: Irán hablaba de un periodo de dos semanas de paso seguro coordinado con sus fuerzas armadas, mientras que Estados Unidos hablaba de una apertura completa, inmediata y segura . Si las condiciones de tránsito, pagos y desescalada no son inequívocas, el mercado suele valorar la ruta con el escenario más prudente.
El flete depende de la capacidad disponible en el lugar y momento adecuados, no solo de que una línea en el mapa vuelva a estar abierta. Cuando una crisis obliga a desviar buques, esperar fondeados o llegar tarde a puerto, la red se desordena: barcos, contenedores vacíos, tripulaciones y escalas pierden sincronía.
SeaVantage calculó que el desvío por el cabo de Buena Esperanza puede añadir entre 10 y 14 días a algunos viajes en rutas Asia-Europa y Asia-costa este de Estados Unidos . Ese retraso no desaparece automáticamente cuando Hormuz reabre. TBS News señaló que las disrupciones podrían persistir durante meses después de la reapertura, en parte porque el elevado costo del seguro de riesgo de guerra crea un obstáculo financiero y ralentiza la recuperación de los volúmenes transportados
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En otras palabras: la ruta corta puede estar disponible antes de que la capacidad operativa vuelva a equilibrarse.
En periodos de alto riesgo, las navieras y operadores pueden aplicar recargos para compensar seguridad, seguros, desvíos y alteraciones de calendario. SeaVantage registró recargos de emergencia de hasta 3.000 dólares por FEU —la unidad equivalente a un contenedor de 40 pies— en corredores vinculados al Golfo; también indicó que las tarifas de contenedores transpacíficas hacia la costa oeste de Estados Unidos subieron cerca de un 40% frente al nivel previo a la guerra, y las de Asia-norte de Europa alrededor de un 20% .
Esos recargos suelen requerir pruebas de estabilidad antes de desaparecer. Aunque el flete base empiece a ceder, el costo logístico final para una empresa puede seguir alto si continúan los recargos de guerra, los recargos de emergencia o los costos adicionales de seguro .
Los mercados de energía suelen moverse rápido ante cualquier cambio en las expectativas de suministro. Insurance Business informó que el Brent cayó con fuerza después de que Irán confirmara que Hormuz estaría completamente abierto a buques comerciales durante el resto del alto el fuego . Pero esa misma fuente destacó que los riesgos de seguro y crédito seguían elevados
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Ahí aparecen dos velocidades. El precio del petróleo puede bajar con rapidez si se reduce el temor a un corte de suministro. El flete marítimo, en cambio, necesita más evidencias: tránsito seguro, seguros accesibles, itinerarios estables y retirada de las primas de riesgo de las cotizaciones .
No hay una fecha automática para que los fletes caigan. Más que fijarse solo en el titular de que Hormuz reabrió, las empresas importadoras y exportadoras deberían seguir señales concretas:
Para los cargadores, la lectura práctica es mirar el precio final, no solo el flete base. Conviene separar recargos de guerra, combustible, emergencia, seguro y vigencia de la cotización. La reapertura de Hormuz ayuda a desatascar el cuello de botella físico; la bajada sostenida de los fletes llegará solo si la prima de riesgo también sale del precio.