Para ponerlo en perspectiva, los resultados fueron:
Este experimento no es un hecho aislado. Forma parte de una corriente científica sólida que considera las fuentes hidrotermales como uno de los escenarios más plausibles para la química prebiótica en la Tierra primitiva . La lógica es convincente: estos respiraderos en el fondo oceánico ofrecen calor, minerales y gradientes químicos que pudieron servir como fuente de energía para las primeras reacciones.
Otros estudios internacionales han complementado esta visión:
Aquí reside el malentendido fundamental que se debe evitar. El experimento japonés, y otros como él, son éxitos en el estudio de la química prebiótica, pero están a una distancia sideral de demostrar la abiogénesis (el origen de la vida a partir de materia inanimada).
Pasar de una cadena de hexaglicina a un sistema vivo requiere una serie de pasos titánicos que hoy son pura especulación científica:
El experimento japonés, en el mejor de los casos, apenas araña la superficie del primer escalón.
Sí, hay un experimento con sello japonés que, bajo condiciones de fuentes hidrotermales, produjo cadenas simples de moléculas . Pero, contundentemente no: este resultado no es, ni de lejos, la creación de vida en un laboratorio. Es una pieza más en el enorme y aún incompleto rompecabezas que los científicos tratan de armar para entender nuestro origen más profundo.