Si por “cigotos” entendemos óvulos fecundados desde el momento de la fecundación, la respuesta breve y prudente es esta: bajo condiciones naturales, probablemente unos 40 a 60 de cada 100 no llegan a un nacimiento [2].
Esa cifra no sirve para predecir qué ocurrirá en un ciclo concreto ni en un embarazo individual. Es una estimación poblacional, y se expresa como rango porque una parte importante de las pérdidas ocurre antes de que el embarazo sea reconocible desde fuera [1].
La mejor estimación: 40–60 % desde la fecundación hasta el nacimiento
La literatura científica suele plantear la pregunta como una pérdida total desde la fecundación hasta el nacimiento. Una revisión posterior de la evidencia sobre reproducción humana natural sitúa esa pérdida total aproximadamente entre el 40 y el 60 % [2].
En términos sencillos: si se parte, de forma hipotética, de 100 óvulos fecundados con éxito, alrededor de 40 a 60 no terminarían en un nacimiento [2]. La otra cara de la misma estimación es que una proporción importante sí continúa su desarrollo, pero el dato exacto no puede fijarse con precisión absoluta.
Por qué no hay un número exacto
La mayor dificultad está al comienzo. Una revisión sobre mortalidad embrionaria temprana señala que el primer signo externo habitual de embarazo es la falta de menstruación, que aparece aproximadamente dos semanas después de la fecundación [1]. Lo que ocurre antes de ese momento —incluido el destino de muchos embriones muy tempranos— es difícil de observar directamente en condiciones naturales [
1].
Por eso, en este tema conviene desconfiar de los porcentajes que suenan demasiado exactos. La fase previa al embarazo clínicamente reconocible deja menos datos directos, y algunas estimaciones antiguas sobre la tasa de fecundación y las pérdidas tempranas han sido consideradas muy imprecisas [1].
Antes de la implantación: 10–40 %, pero no se suma aparte
Para la etapa anterior a la implantación —cuando el embrión aún no se ha fijado en el útero— se estima una pérdida de alrededor del 10–40 % en condiciones naturales [2].
Pero ese porcentaje no debe añadirse encima del 40–60 % total. Es una parte del mismo recorrido biológico que va desde la fecundación hasta el nacimiento, no una categoría adicional [2]. Este es uno de los errores más frecuentes al hablar del tema: mezclar pérdidas muy tempranas, pérdidas posteriores del embarazo y nacimientos como si fueran bloques independientes que pudieran sumarse sin más.
Qué pasa con las cifras del 70 % o más
A veces se citan cifras muy altas, como pérdidas prenatales del 70 % o incluso superiores. La revisión “Early embryo mortality in natural human reproduction” cuestiona esas estimaciones elevadas porque dependen de datos especialmente inciertos sobre las primeras etapas tras la fecundación [1].
Otra publicación posterior criticó también afirmaciones aún más extremas, como la idea de que menos del 15 % de los óvulos fecundados terminarían en un nacimiento. Según esa revisión, esas cifras no representan de forma fiable el conocimiento científico sobre la reproducción humana natural [2].
La forma más correcta de decirlo
La formulación más ajustada sería: aproximadamente el 40–60 % de los óvulos fecundados, o cigotos si se usa el término desde la fecundación, no llega al nacimiento bajo condiciones naturales [2].
La incertidumbre no se debe a que el fenómeno sea raro, sino a que las pérdidas más tempranas ocurren en días y semanas en los que muchas veces todavía no hay un embarazo detectable desde fuera [1]. Por eso, el rango es más honesto que una cifra única.




