2. Crecimiento más lento y menor rentabilidad
En la cúspide de su popularidad, los inversores pagaban una prima por el crecimiento explosivo de SHEIN y su eficiencia logística. Sin embargo, el aumento de costes y la desaceleración de las ventas han puesto el foco en la rentabilidad. Documentos vistos por el Financial Times muestran que el beneficio de SHEIN en 2024 cayó un 40%, hasta unos 1.000 millones de dólares. Una ganancia menor hace más difícil justificar valoraciones elevadas, ya que el mercado ahora exige resultados sólidos y sostenibles, no solo promesas de expansión.
3. La competencia aprieta: Temu y otros clones
SHEIN ya no es la única en el juego de la moda ultrarrápida y barata. Temu, financiada por Pinduoduo, ha irrumpido con la misma estrategia de precios agresivos, envíos directos y fuerte inversión en publicidad. Esta competencia directa obliga a SHEIN a gastar más en marketing y a ofrecer descuentos para no perder clientes, lo que comprime aún más sus márgenes. Para los inversores, la "rareza" de SHEIN como plataforma imbatible se ha desvanecido.
4. Larga espera para la OPI e incertidumbre regulatoria
SHEIN ha intentado salir a bolsa en Nueva York, después en Londres y finalmente ha presentado una solicitud confidencial en Hong Kong. El proceso, lleno de vaivenes, se ha alargado más de tres años. Durante ese tiempo, la empresa ha estado bajo el escrutinio de reguladores por posibles violaciones de derechos laborales, problemas de seguridad de productos y transparencia en su cadena de suministro. Una OPI retrasada significa que los inversores iniciales tardan más en recuperar su capital, asumen más riesgos y, al no haber liquidez en bolsa, las acciones en el mercado secundario privado se venden con descuentos de hasta el 30%.
En resumen, la caída de la valoración de SHEIN no es un simple "negocio que empeora", sino el choque simultáneo de varios pilares que sostenían su alto precio: el fin de las ventajas arancelarias, la desaceleración del crecimiento, la competencia encarnizada y un camino tortuoso hacia la bolsa. Los inversores han pasado de soñar con un gigante imparable a valorar una empresa rentable, pero acorralada por los costes y la regulación.