Un estudio pionero investigó cómo un procedimiento de ayudas (desde la más leve a la más intensa) afectaba el desempeño de niños con necesidades especiales al seguir los pasos de un juego de mesa. Los resultados mostraron que, con la estrategia de apoyo adecuada, los niños no solo aprendían los pasos del juego, sino que también mejoraban su conducta de atención durante la actividad.
De manera similar, Trimlett y sus colegas (2022) publicaron un artículo en el que enseñaban explícitamente a niños con discapacidad a jugar a juegos de mesa. Utilizaron un paquete de intervención que incluía un sistema de ayudas, horarios visuales, modelos de compañeros y refuerzo. En este contexto, "saber jugar" se considera una habilidad valiosa en sí misma, que abre la puerta a la interacción con otros niños.
Idea clave para el aula: El docente no solo elige un juego apropiado, sino que planifica cómo enseñar cada paso: esperar, escuchar la regla, manipular las piezas en su turno y responder a los compañeros.
Las dificultades para relacionarse, respetar turnos o manejar la frustración son desafíos comunes en niños con necesidades especiales. Los juegos de mesa, al requerir la participación de varios jugadores y establecer reglas claras, crean un entorno idóneo para practicar estas habilidades.
Un estudio que examinó un paquete de intervención con modelado de compañeros, ayudas sistemáticas y refuerzo positivo encontró que estas técnicas eran altamente efectivas para aumentar tanto la frecuencia como la complejidad del juego y las conductas sociales en niños pequeños con discapacidad o en riesgo de padecerla.
En el contexto hispanohablante, la investigación también respalda esta idea. Un estudio analizado en una revisión sobre el uso de juegos de mesa en Taiwán, con niños de 3 a 6 años con retraso del desarrollo, encontró mejoras en la capacidad de los pequeños para esperar su turno, colaborar y dar respuestas adecuadas a sus compañeros. Otra investigación, realizada con estudiantes de primaria con discapacidad intelectual leve, demostró que un programa de habilidades sociales basado en juegos de mesa tenía un efecto inmediato y duradero en conductas como "esperar el turno", "responder adecuadamente" y "cooperar".
¿Cómo se traduce esto en la práctica? Se pueden diseñar actividades sencillas donde "esperar el turno" se practica al lanzar el dado, "responder adecuadamente" al reaccionar a la jugada de un amigo, y "cooperar" en juegos donde el objetivo sea común.
Mantenerse sentado, seguir una secuencia y no distraerse puede ser un reto. Por ello, la enseñanza del juego debe enfocarse en la "capacidad de participar". Un estudio clave utilizó un diseño experimental para enseñar los pasos de un juego de mesa, definiendo y midiendo la "conducta de estar concentrado en el juego". Los resultados confirmaron que estas conductas se pueden enseñar de forma sistemática.
Esto tiene un enorme valor práctico. Un educador puede dividir una tarea compleja como "jugar a la oca" en mini-objetivos alcanzables: (1) tiro el dado, (2) muevo la ficha, (3) espero mi próximo turno. La revisión de literatura taiwanesa también apunta que el uso de juegos de mesa como intervención reduce la frecuencia de conductas emocionales negativas y mejora la capacidad para expresar necesidades y resolver problemas, siempre bajo la guía del adulto.
Estrategias de apoyo visual y estructural:
En un aula de educación infantil, la interacción entre niños con y sin necesidades especiales es fundamental para una verdadera inclusión. Los juegos de mesa ofrecen un espacio con reglas compartidas y un objetivo común, ideal para fomentar esta interacción.
Las investigaciones más sólidas en este campo han incluido a compañeros con desarrollo típico en sus intervenciones. Por ejemplo, el estudio sobre el procedimiento de ayudas incluyó tanto a niños con necesidades especiales como a sus compañeros de desarrollo típico, demostrando que el juego conjunto era beneficioso para ambos. De igual forma, el estudio que combinó modelado, ayudas y refuerzo explícitamente incorporó a compañeros con desarrollo típico para enseñar y practicar las habilidades de juego.
La clave para el docente es seleccionar juegos con reglas sencillas y roles claros, y formar grupos de juego donde los compañeros con desarrollo típico puedan actuar como modelos naturales, con la supervisión y el apoyo puntual del adulto.
La efectividad del juego de mesa no reside en el material en sí, sino en la mediación del adulto. Un niño con necesidades especiales rara vez se beneficia del juego libre sin una guía que estructure la experiencia. Las estrategias de intervención sistemática son, por tanto, el corazón de esta metodología.
Los estudios revisados destacan varias técnicas:
La planificación docente debe responder a preguntas concretas: ¿Cuál es el objetivo de hoy (esperar turnos, cooperar, expresar una necesidad)? ¿Qué tipo de ayuda necesitará cada niño? ¿Cómo registraré su progreso (notas de observación, grabaciones breves)?
En resumen, la evidencia disponible muestra que los juegos de mesa pueden ser una herramienta educativa de alto valor para niños con necesidades especiales, siempre que su uso sea parte de una intervención docente planificada y estructurada. Ya sea para enseñar a esperar el turno, para crear un espacio de interacción con otros niños o para manejar la frustración, el tablero de juego se convierte en un escenario de aprendizaje lleno de oportunidades.
Comments
0 comments