Esto no sustituye la decisión de su especialista en reproducción. La conducta final depende de la imagen en tiempo real, la cantidad de líquido, el grosor del endometrio, si se trata de un ciclo fresco o de embriones descongelados, el valor de los embriones disponibles y la historia clínica completa.
En FIV, la cavidad endometrial es el lugar donde debe implantarse el embrión. Cuando aparece líquido en esa cavidad —a veces descrito como endometrial cavity fluid o ECF— la preocupación es que el entorno no sea el más receptivo para la implantación.
Varios estudios en ciclos de FIV/ICSI han asociado la presencia de líquido endometrial, especialmente cuando persiste cerca o en el día de la transferencia, con peores resultados de implantación, embarazo clínico o evolución del embarazo. Además, su presencia puede relacionarse con causas que conviene investigar, como hidrosálpinx —líquido en una trompa que puede refluir hacia el útero—, síndrome de ovario poliquístico —SOP/PCOS— o infecciones uterinas subclínicas.
Antes de tomar una decisión definitiva, el equipo debe revisar la ecografía en ese mismo momento. No todas las mediciones que aparecen en una imagen corresponden a lo mismo: unas pueden ser del útero, otras del grosor endometrial, otras de flujo Doppler y otras de un posible bolsillo de líquido.
Por eso, la pregunta clave para el médico no es solo “¿se ve algo?”, sino:
La persistencia en el día de la transferencia es el dato que más cambia la conducta clínica.
La conducta conservadora más habitual es no transferir ese día si el líquido persiste. En algunos centros se mantiene vigilancia ecográfica estrecha: si el líquido desaparece antes de la transferencia, se puede considerar continuar; si persiste, se cancela la transferencia.
La lógica es sencilla: si el embrión es valioso, no tiene sentido colocarlo en una cavidad que puede no estar en condiciones óptimas. En un ciclo fresco, el equipo puede valorar congelar los embriones y transferir más adelante; en un ciclo FET, puede reprogramarse el intento tras estudiar y corregir posibles causas.
No todo hallazgo de líquido tiene el mismo pronóstico. Un estudio sobre ciclos de transferencia de embriones congelados encontró que, cuando el líquido endometrial se resolvía espontáneamente antes de la transferencia, las tasas de nacido vivo eran equivalentes a las de pacientes que nunca habían presentado ese hallazgo.
Por eso, si el especialista repite la ecografía y confirma que la cavidad está limpia, la transferencia puede seguir siendo razonable en determinados casos.
Existe evidencia más limitada que sugiere que la aspiración del líquido inmediatamente antes de la transferencia no necesariamente empeora los resultados de FIV o de transferencia de embriones vitrificados-descongelados; incluso se ha planteado que podría ayudar en algunos escenarios, aunque hacen falta ensayos aleatorizados para confirmarlo.
Aun así, no debe verse como una solución automática. La decisión depende de la cantidad de líquido, si reaparece tras aspirarlo, la causa probable, la facilidad del procedimiento y el riesgo de manipular la cavidad justo antes de transferir.
Si la transferencia está programada para hoy, conviene preguntar de forma directa:
Si el líquido endometrial sigue presente hoy, la recomendación más prudente, según la evidencia disponible y la práctica clínica descrita, es posponer o cancelar la transferencia y buscar la causa antes de intentarlo de nuevo.
Si el líquido ya desapareció al repetir la ecografía, el riesgo puede ser menor, y en ciclos FET los resultados pueden acercarse a los de pacientes sin líquido endometrial.
Sé que cancelar el mismo día puede ser emocionalmente durísimo, pero en este contexto cancelar no significa fracasar: muchas veces es una forma de proteger la oportunidad de embarazo para un ciclo con una cavidad uterina más favorable. La decisión final debe tomarla su especialista con la ecografía delante y con toda la información clínica disponible.