Lai Ching-te tenía previsto visitar el Reino de Esuatini, aliado africano de Taiwán, del 22 al 27 de abril. Según informó la agencia Central News Agency, Seychelles, Mauricio y Madagascar cancelaron de forma repentina los permisos de vuelo para el avión presidencial, por lo que la Oficina Presidencial taiwanesa decidió aplazar la agenda; esos reportes atribuyeron el bloqueo a la interferencia de China.
El aplazamiento no cerró el capítulo. Lai llegó a Esuatini el 2 de mayo, hora de Taipéi, para iniciar una visita de Estado. La Oficina Presidencial señaló que el viaje tendría tres ejes —seguridad, economía y cooperación digital— con el objetivo de profundizar los lazos entre Taiwán y Esuatini.
La molestia de Pekín no se explica solo por el destino del viaje. El punto sensible es que el presidente taiwanés aparezca en el exterior como jefe de Estado ante un país que mantiene relaciones diplomáticas formales con Taipéi.
Antes de la visita, la Oficina de Asuntos de Taiwán de China afirmó que se oponía firmemente a cualquier intento de crear en el plano internacional “dos Chinas”, “una China y un Taiwán” o “independencia de Taiwán”.
El Ministerio de Relaciones Exteriores de Taiwán respondió que Taiwán tiene derecho a elegir de manera autónoma con qué países se relaciona y desarrolla vínculos, y que no acepta interferencias ni presiones de ningún Estado. También sostuvo que los viajes presidenciales al exterior son una práctica normal y acorde con los usos internacionales.
Ahí está el choque de fondo: Taipéi presenta la visita como diplomacia regular con un aliado; Pekín la lee dentro de su marco de “una sola China” y la considera una señal de proyección internacional taiwanesa.
El caso escaló porque el obstáculo no fue solo una declaración política, sino la cancelación de permisos de vuelo. El 24 de abril, el Ministerio de Relaciones Exteriores de Taiwán dijo que la Administración estadounidense y el Congreso de Estados Unidos habían expresado preocupación por el bloqueo al viaje previsto de Lai a Esuatini y habían instado a China a detener su presión sobre Taiwán.
Según el ministerio taiwanés, el Departamento de Estado de EE. UU. indicó que los países implicados actuaron bajo instrucciones de China y afectaron la seguridad y la dignidad de desplazamientos rutinarios de funcionarios taiwaneses. Washington también subrayó que esos Estados administran espacio aéreo internacional dentro de sus zonas de información de vuelo —conocidas como FIR, por sus siglas en inglés—, áreas que van más allá del espacio aéreo soberano sobre su propio territorio, y que esa responsabilidad existe para garantizar la seguridad aérea, no para servir como herramienta política de Pekín.
En otras palabras, la preocupación estadounidense no se limitó a si el presidente taiwanés podía o no viajar. El punto fue si la gestión técnica del tráfico aéreo podía utilizarse bajo presión de un tercero. En la misma declaración transmitida por Taiwán, Washington consideró el episodio como otro ejemplo de intimidación de Pekín contra Taiwán y sus apoyos internacionales, además de un abuso del sistema internacional de aviación civil.
Estados Unidos defendió públicamente la visita por dos razones principales. La primera: Washington la presentó como un viaje rutinario. En respuesta a Central News Agency, el Departamento de Estado sostuvo que Taiwán es un socio confiable y capaz para Estados Unidos y muchos otros países, y que la visita presidencial a Esuatini no debía politizarse.
El portavoz estadounidense también recordó que todos los presidentes taiwaneses elegidos democráticamente han viajado al exterior para visitar aliados diplomáticos de Taiwán, y que la expresidenta Tsai Ing-wen visitó Esuatini en 2018 y 2023; por ello, Washington consideró que este tipo de agenda es rutinaria y no debería politizarse.
La segunda razón es el marco más amplio de la coerción. De acuerdo con el Ministerio de Relaciones Exteriores de Taiwán, Estados Unidos instó a Pekín a dejar de ejercer presión militar, diplomática y económica sobre Taiwán y a gestionar las diferencias mediante un diálogo significativo.
Esuatini importa no solo por su ubicación en África, sino por su papel como aliado diplomático de Taiwán. La Oficina Presidencial taiwanesa definió la visita como una misión de Estado para profundizar la relación bilateral, con cooperación en seguridad, economía y ámbito digital.
Para Taiwán, ese tipo de viaje es una forma de sostener sus vínculos oficiales y su presencia internacional. Para China, esos contactos se insertan en una narrativa de oposición a cualquier fórmula que sugiera “dos Chinas” o “una China y un Taiwán”. Para Estados Unidos, el episodio se convirtió en una prueba sobre si Pekín puede presionar a terceros países y condicionar mecanismos de gestión aérea que deberían responder a criterios de seguridad.
En síntesis, el viaje de Lai Ching-te a Esuatini se convirtió en un foco de tensión entre China y Estados Unidos porque condensó tres disputas en una sola escena: la diplomacia presidencial de Taiwán, la postura china sobre el principio de una sola China y la advertencia estadounidense contra convertir reglas técnicas de aviación en instrumentos de presión política.