Cuando una niña o un niño cuenta una historia a partir de imágenes, no solo importa si habla más. También importa cuánto se alargan sus frases, cuántas palabras distintas usa y si logra convertir pistas visuales en una narración oral. Esa es la mirada de un estudio longitudinal de 2019 sobre relatos infantiles con álbumes ilustrados sin palabras: siguió a 28 participantes de tres años durante dos años, en cinco momentos de medición, y analizó seis indicadores básicos del lenguaje narrativo.[24]
La conclusión principal es útil, pero conviene leerla con matices: entre los 3 y los 5 años, la mayoría de esos indicadores tiende a crecer; sin embargo, algunas medidas muestran bajadas puntuales y no avanzan siempre en línea recta.[24]
Qué hizo exactamente el estudio
La investigación buscaba conocer cómo cambian con la edad ciertos indicadores básicos del relato infantil entre los 3 y los 5 años, y si esas medidas se relacionan entre sí.[24]
Para ello, los investigadores trabajaron con 28 participantes que tenían tres años al inicio del estudio. Durante dos años recogieron, en cinco momentos distintos, sus relatos orales después de mirar un álbum ilustrado sin palabras. Las narraciones se grabaron, se transcribieron en formato CHAT y luego se analizaron con seis medidas lingüísticas.[24]
La ventaja de este diseño es que no compara solo a niños de edades distintas en un único momento. Observa a la misma cohorte a lo largo del tiempo, lo que permite ver cambios en su forma de narrar durante una etapa clave del desarrollo del lenguaje.[24]
Los seis indicadores: qué mira cada uno
El estudio no reduce contar bien una historia a hablar mucho. Usa seis medidas que permiten observar distintas capas del relato infantil:[24]
| Dimensión observada | Indicadores | Cómo se interpreta |
|---|---|---|
| Cantidad de lenguaje producido | Promedio de palabras por turno; número total de palabras | Mide cuánto lenguaje produce el niño o la niña al narrar |
| Longitud de los enunciados | Longitud media del enunciado | Observa si las frases o unidades de habla se vuelven más largas |
| Variedad del vocabulario | Palabras diferentes; tasa corregida de palabras diferentes; diversidad léxica | Permite ver si usa más vocablos distintos y si el repertorio léxico se diversifica |
Estas medidas convierten una actividad aparentemente difícil de comparar —mirar imágenes y contar una historia— en datos lingüísticos que pueden analizarse en distintos momentos del desarrollo.[24]
El hallazgo central: crecimiento, pero con vaivenes
Los resultados muestran que, en general, los seis indicadores básicos del relato infantil tienden a aumentar con la edad.[24] Dicho de otro modo, entre los 3 y los 5 años se observa una maduración gradual en la cantidad de lenguaje, la longitud de los enunciados y el uso del vocabulario cuando los niños narran a partir de un álbum sin texto.[
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Pero el estudio también advierte algo importante: el desarrollo narrativo no es una escalera perfectamente regular. La longitud media del enunciado, la tasa corregida de palabras diferentes y la diversidad léxica presentaron ajustes a la baja en algunas etapas de edad.[24]
Por eso, la lectura más precisa no es que todo mejora siempre y al mismo ritmo. Es más prudente decir que la mayoría de los indicadores crece con la edad, pero cada dimensión del lenguaje puede tener ritmos propios y fluctuaciones temporales.[24]
Además, al controlar el factor edad, el estudio encontró correlaciones positivas significativas entre la longitud media del enunciado, el número total de palabras, el número de palabras diferentes y la diversidad léxica.[24] Esto sugiere que, en esa muestra, frases más largas, mayor producción verbal y vocabulario más variado forman parte de un mismo entramado de desempeño narrativo, aunque no sean exactamente la misma habilidad.[
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Por qué usar álbumes ilustrados sin palabras
En esta investigación, el álbum sin texto sirvió para provocar el relato oral: el niño o la niña debía apoyarse en las imágenes para construir una historia, en lugar de leer palabras ya escritas.[24]
Otras investigaciones ayudan a entender por qué este material resulta interesante. Un estudio sobre lectura de álbumes sin palabras observó que los niños prestan atención a elementos visuales como color, línea, forma y movimiento corporal, y que pueden seguir la trama para elaborar interpretaciones diversas.[29] Es decir, el álbum sin texto no solo funciona como material de lectura: también permite observar cómo se transforma la comprensión visual en relato.[
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Otra investigación con niños de 3 a 6 años también recogió muestras de narración oral a partir de álbumes sin palabras y analizó clases de palabras, palabras frecuentes y vocabulario nuevo. Sus resultados indicaron que, salvo los numerales y las partículas, la mayoría de las clases de palabras aumentaba con la edad, especialmente nombres, verbos y adverbios.[8] En conjunto, estos trabajos refuerzan la utilidad de los álbumes sin texto para estudiar cambios en vocabulario y narración durante la infancia temprana.[
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Lo que estos datos dicen —y lo que no dicen— sobre el desarrollo del lenguaje
Las seis medidas son valiosas, pero no agotan todo lo que significa desarrollar el lenguaje. Materiales sobre desarrollo lingüístico infantil señalan que conviene observar el lenguaje desde varias dimensiones: forma, contenido y uso. Esa mirada incluye comunicación y pragmática, habla y fonología, semántica y morfología, además de sintaxis y narración.[4]
Por eso, los indicadores del estudio deben entenderse como una ventana cuantitativa al lenguaje narrativo: ayudan a comparar producción verbal, longitud de enunciados y variación léxica, pero no sustituyen una observación completa del desarrollo comunicativo de cada niño o niña.[4][
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Cómo leer esta investigación sin exagerar sus conclusiones
Hay tres precauciones importantes.
Primero, el estudio trabajó con 28 participantes. Sus resultados son relevantes para entender una trayectoria observada en esa muestra, pero no deben convertirse en una curva fija que todos los niños tengan que seguir exactamente igual.[24]
Segundo, no conviene resumirlo como si los seis indicadores subieran siempre de manera estable. La propia investigación informa descensos o ajustes en algunas etapas para la longitud media del enunciado, la tasa corregida de palabras diferentes y la diversidad léxica.[24]
Tercero, no fue un experimento de intervención educativa. Analizó desarrollo por edad y relaciones entre indicadores; por tanto, no permite afirmar que usar álbumes sin palabras cause directamente una mejora del lenguaje.[24]
La conclusión más sólida es esta: entre los 3 y los 5 años, los relatos infantiles construidos a partir de álbumes sin texto muestran, en general, avances en indicadores básicos de lenguaje; aun así, la maduración narrativa combina cantidad de habla, longitud de frases y diversidad de vocabulario, y esas piezas no siempre crecen al mismo tiempo ni de forma lineal.[24]




