La prohibición no surgió de una evaluación meditada de las capacidades o los riesgos de Gemini. En cambio, se debió a una política interna obsoleta —un vestigio de una época anterior del proceso de aprobación de herramientas de la empresa . Brin describió la restricción como algo que obedecía a "extrañas razones históricas", explicando que la política era antigua, apenas se aplicaba y nunca se había actualizado para considerar que Gemini era un producto propio de la empresa . Simplemente se había quedado en la lista de prohibidos por inercia administrativa.
A pesar de ser cofundador con acciones con derecho a voto preferente y acceso directo al CEO Sundar Pichai, Brin no pudo resolver el problema rápidamente . Pasó semanas intentando eliminar la restricción por los canales internos habituales, pero el proceso se prolongó durante lo que él llamó "un periodo de tiempo sorprendentemente largo" .
Frustrado, Brin finalmente elevó el asunto directamente a Sundar Pichai, diciéndole: "No puedo lidiar con esta gente, tienes que ocuparte tú de esto" . Pichai se mostró comprensivo y ayudó a levantar la restricción, permitiendo que los ingenieros de Google finalmente usaran Gemini para programar .
Este episodio es una señal reveladora de la burocracia en Google:
La historia de la "lista negra" no es la única señal de que la relación de Google con la IA es complicada. El 23 y 24 de julio de 2026, las acciones de Alphabet se desplomaron aproximadamente un 7% después de que la empresa elevara su previsión de gasto de capital para todo el año hasta un máximo de 205.000 millones de dólares, alarmando a los inversores sobre la disciplina en el gasto en IA . La venta masiva eliminó aproximadamente entre 290.000 y 294.000 millones de dólares de la capitalización bursátil de Alphabet en un solo día, una de las mayores destrucciones de valor en un solo día de la historia .
Para el 25 de julio de 2026, las acciones de Alphabet se habían recuperado parcialmente, elevando el patrimonio neto de Brin a aproximadamente 241.800 millones de dólares y recuperando su puesto como la tercera persona más rica del mundo .
El contexto general une la misma paradoja: Google está invirtiendo decenas de miles de millones en IA (un capex de 195.000 a 205.000 millones de dólares solo en 2026), y sin embargo los inversores temen que el gasto esté fuera de control . Mientras tanto, internamente, la propia burocracia de la empresa bloqueaba a los ingenieros para que usaran su modelo de IA estrella —una desconexión que la anécdota de Brin puso en el punto de mira.