La declaración prolonga una línea argumental que ya había expuesto en junio. Entonces advirtió de que la inflación se estaba extendiendo por la economía y que eso “obligará al BCE a subir más los tipos”, al tiempo que aseguró no ver una moderación de las presiones sobre los precios sin intervención del banco central .
La defensa de Kazimir se apoya sobre todo en el riesgo de efectos de segunda ronda. El concepto describe una situación en la que una subida inicial —por ejemplo, la de los combustibles o el gas— termina provocando aumentos salariales y nuevas subidas de precios en otros bienes y servicios.
Kazimir sostiene que esos efectos derivados de la energía ya están empezando a materializarse y que podrían persistir si el BCE no actúa . También ha argumentado que incluso un eventual acuerdo de paz entre Estados Unidos e Irán no devolvería rápidamente la inflación al 2% sin nuevas subidas de tipos . En marzo, señaló que el BCE no dudaría en actuar si la inflación corría el riesgo de permanecer por encima de su objetivo durante un periodo prolongado .
Esta posición lo sitúa entre las voces más restrictivas o “halconas” del Consejo de Gobierno. El contraste es claro con Kocher, quien el 24 de julio dijo que no veía “pruebas contundentes de efectos de segunda ronda”, aunque advirtió de que el BCE actuaría si empeoraba la perspectiva de inflación .
La decisión de mantener el tipo de depósito en el 2,25% fue unánime, pero no estuvo exenta de discusión interna . La presidenta del BCE, Christine Lagarde, reconoció en la rueda de prensa que algunos gobernadores se habían preguntado si convenía volver a subir los tipos. Además, el comunicado señaló que la institución vigila de cerca la intensidad y la duración del impacto de la energía, así como sus efectos indirectos y de segunda ronda .
Por eso, el mensaje de Kazimir no contradice necesariamente la decisión de julio. La lectura dominante es que el BCE hizo una pausa, pero no dio por terminado el ciclo de endurecimiento. La puerta quedó abierta para actuar en la reunión del 9 y 10 de septiembre, siempre que los próximos datos confirmen que la inflación sigue siendo persistente.
El giro es especialmente relevante porque 2026 ha supuesto una reversión del ciclo de relajación monetaria de 2025. Después de varios recortes, el BCE subió los tipos en junio de 2026 y los mantuvo en julio. Los mercados interpretaron esta última decisión más como una pausa que como el punto máximo del ciclo .
Las proyecciones macroeconómicas de los expertos del Eurosistema publicadas en junio dibujan un escenario incómodo para el banco central :
El BCE señala que, si el petróleo baja en línea con lo que anticipan los mercados de futuros, la inflación podría regresar a su objetivo del 2% en 2028. Sin embargo, considera que las perspectivas son muy inciertas debido a la guerra en Oriente Medio .
Las expectativas de los economistas profesionales también se han movido al alza. En la encuesta del BCE correspondiente al segundo trimestre de 2026, la previsión de inflación general para 2026 fue revisada significativamente hasta el 2,7%. Las expectativas a largo plazo, en cambio, permanecieron ancladas en el 2% .
El cambio frente a finales de 2025 es notable. En las proyecciones del Eurosistema de diciembre de ese año, se esperaba una inflación media del 1,9% tanto en 2026 como en 2027 . El repunte de los precios energéticos asociado al conflicto ha alterado por completo aquel escenario.
La reunión de septiembre llega con señales divergentes dentro del BCE:
Los inversores ya anticipaban más endurecimiento después de la reunión de julio. Según Reuters, el BCE dejó margen para nuevas subidas mientras el conflicto en Oriente Medio volvía a impulsar los precios de la energía. Los mercados financieros descontaban aproximadamente dos subidas adicionales antes de terminar el año, comenzando potencialmente en la reunión del 9 y 10 de septiembre .
Eso no significa que la decisión esté tomada. El BCE mantiene su enfoque reunión a reunión y tendrá que valorar los datos que se publiquen durante las próximas seis semanas, incluidos los datos de inflación de agosto y las nuevas proyecciones del Eurosistema previstas para septiembre.
Kazimir está liderando la presión a favor de una subida en septiembre porque teme que el encarecimiento de la energía deje de ser un fenómeno puntual y se convierta en una fuente persistente de inflación. La pausa de julio mantuvo los tipos en el 2,25%, pero no cerró la posibilidad de nuevas medidas.
El escenario del BCE combina una inflación que podría superar el 3% durante buena parte del segundo semestre de 2026 con un crecimiento débil. Esa combinación obliga al Consejo de Gobierno a elegir entre actuar preventivamente contra la inflación o esperar para comprobar si el shock energético se disipa por sí solo. La reunión de septiembre será la primera gran prueba de si prevalece la postura de Kazimir o una estrategia más cautelosa como la defendida por Kocher.