El gobierno británico reaccionó con dureza. El secretario de Comercio del Reino Unido, Peter Kyle, calificó la exhibición de la pancarta como "totalmente inapropiada" y una "violación flagrante" de las reglas de la FIFA, instando al organismo a investigar formalmente . El número 10 de Downing Street se sumó a los llamados a la acción disciplinaria. Un portavoz del primer ministro Keir Starmer declaró: "El Mundial puede que no sea nuestro, pero las Islas Malvinas definitivamente lo son. La autodeterminación recae en los isleños" .
El gobierno del presidente Javier Milei no se distanció de los jugadores. Por el contrario, apoyó explícitamente el gesto y emprendió una vía diplomática paralela. Esa misma noche, el canciller argentino, Pablo Quirno, presentó una nota de protesta formal ante la embajada británica en Buenos Aires, acusando al HMS Medway —un buque de patrulla de la Marina Real— de un tránsito "no consultado e ilegal" por aguas territoriales argentinas cerca de las Islas Malvinas .
La protesta se hizo pública a través de un mensaje en X (antes Twitter), en el que Quirno expresó "el más fuerte rechazo" a los movimientos del buque, que calificó como una violación de los acuerdos bilaterales . Cabe destacar que la Cancillería argentina había preparado la protesta el 13 de julio, pero la difundió deliberadamente la noche del partido, fusionando la queja diplomática con el gesto de los jugadores .
El Reino Unido rechazó de plano la protesta, argumentando que el HMS Medway realizaba un tránsito rutinario hacia un puerto chileno y que su paso se ajustaba al derecho internacional de "paso inocente" contemplado en la Ley del Mar. Londres también afirmó que el gobierno argentino había sido notificado con suficiente antelación .
La Casa Blanca se puso del lado de los jugadores, invocando la Primera Enmienda y la libertad de expresión. Andrew Giuliani, quien lideró el Grupo de Trabajo de la Casa Blanca para el Mundial 2026, declaró públicamente que el equipo tenía el derecho de "hacer oír su voz" sobre un asunto que consideraban importante, incluso dentro de un evento regulado por la FIFA . La administración estadounidense manifestó explícitamente que no apoyaba ninguna sanción que impidiera a los jugadores disputar la final, rechazando directamente los llamados del gobierno británico a castigarlos .
Esta postura enfrentó a Washington con la posición de Londres, creando una dimensión transatlántica en las consecuencias del incidente . El argumento de la Casa Blanca —que la exhibición era un discurso político protegido— trazó una línea de argumentación distinta a la visión del Reino Unido, que sostenía que las reglas de la FIFA contra los mensajes políticos debían aplicarse de manera uniforme.
El episodio reactivó la disputa de soberanía sobre las Malvinas simultáneamente en tres niveles:
| Nivel | Actor | Acción |
|---|---|---|
| En la cancha | FIFA | Inició investigación disciplinaria; posible multa pendiente |
| Diplomático | Gobierno de Milei | Apoyó a los jugadores; presentó protesta formal por el HMS Medway acusando al Reino Unido de movimientos navales ilegales |
| Diplomático | Gobierno del Reino Unido | Condenó la pancarta como "inapropiada"; instó a una investigación de la FIFA; rechazó la queja argentina sobre el HMS Medway por considerarla infundada |
| Transatlántico | Casa Blanca | Defendió la libertad de expresión de los jugadores bajo la Primera Enmienda; se opuso a cualquier prohibición que les impidiera jugar la final |
El incidente puso de manifiesto cómo un evento deportivo puede convertirse en un detonante de rencores políticos no resueltos. El reclamo argentino sobre las Malvinas sigue siendo un eje central del nacionalismo en el país. Además, evidenció las divergencias en las normas internacionales en torno a la libertad de expresión frente a las reglas institucionales, con el Reino Unido, la FIFA y Estados Unidos adoptando posturas distintas que reflejan sus respectivas posiciones geopolíticas.