El domingo 5 de julio, la FIFA anunció que suspendía la ejecución de la sanción de un partido a Balogun, dejándolo libre para jugar contra Bélgica . La tarjeta roja en sí misma se mantuvo técnicamente vigente, pero la suspensión se aplazó por un período de prueba de un año.
Esta medida fue sumamente inusual. Numerosos informes señalaron que parecía ser la primera vez desde 1962 que una tarjeta roja durante un Mundial no resultaba en una suspensión automática .
La FIFA justificó la revocación invocando el Artículo 27 de su Código Disciplinario (FDC) , un mecanismo que permite a la organización suspender la ejecución de una sanción. En su comunicado oficial, la FIFA afirmó: "Por aplicación del Artículo 27 del FDC, la ejecución de la suspensión automática queda suspendida por un período de prueba de un año" . La decisión fue tomada por el Comité de Apelación de la FIFA
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El Artículo 27 actúa esencialmente como un aplazamiento condicional: la sanción sigue vigente, pero el jugador no tiene que cumplirla de inmediato a menos que la suspensión sea revocada posteriormente dentro del período de prueba . Este artículo se utiliza típicamente en casos donde existen circunstancias atenuantes o condiciones específicas que lo justifican
. La FIFA ha mantenido que su órgano disciplinario opera "de forma independiente"
. Infantino declaró posteriormente que le dijo a Trump que el proceso disciplinario era independiente de su cargo
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La escalada más significativa llegó dos días después de la revocación. El martes 7 de julio, un grupo de miembros del Parlamento Europeo (eurodiputados) lanzó una iniciativa para exigir una investigación sobre Infantino y la FIFA .
Los organismos futbolísticos europeos reaccionaron con una condena rápida y rotunda.
La UEFA emitió un comunicado enérgico criticando la decisión de la FIFA, calificándola de golpe a la credibilidad del marco disciplinario del deporte. La UEFA no mencionó explícitamente a Trump, pero condenó el precedente de injerencia política externa, tildando la medida de "incomprensible e injustificable" y afirmando que "había cruzado una línea roja" .
La Real Federación Belga de Fútbol (RBFA) —la federación de fútbol de Bélgica— declaró que aún no había recibido ninguna justificación por escrito de la decisión y calificó la medida de la FIFA como una "violación de las regulaciones de la FIFA" . La RBFA afirmó que estaba evaluando "todas las opciones potenciales", incluida una apelación o un recurso legal
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El Comisario Europeo de Deporte, Glenn Micallef, intervino para declarar que "las decisiones deportivas pertenecen a los organismos rectores, no a los políticos" y advirtió que la injerencia política socava la autonomía del deporte .
El incidente ha trascendido la disputa deportiva para convertirse en un punto de conflicto político transatlántico:
Estados Unidos perdió 4-1 contra Bélgica en el partido de octavos de final del lunes 6 de julio, lo que hizo que la disputa por la suspensión fuera intrascendente en términos competitivos, pero no logró enfriar las consecuencias políticas . La solicitud de explicación de la RBFA fue declarada "inadmisible" por la FIFA el 6 de julio
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Según los últimos informes, la investigación liderada por los eurodiputados aún se encuentra en fase de recogida de apoyos para la carta. Las preguntas fundamentales siguen sin respuesta: ¿Influyó directamente la llamada telefónica en la decisión del Comité de Apelación de la FIFA? ¿Por qué no se proporcionó ninguna explicación formal a Bélgica? Y, lo más importante, ¿opera ahora el proceso disciplinario de la FIFA sobre una base política, en lugar de deportiva?