El comunicado continuó: “No hay, en todo su historial, ningún elemento que lo desacredite o que sustente ningún tipo de sospecha” .
La defensa de la CBF se produjo en medio de un renovado escrutinio sobre el pasado de Claus. En 2023, había sido investigado por las autoridades brasileñas después de que el dueño del Botafogo presentara grabaciones de audio acusándolo de haber mostrado “tarjetas rojas irregulares” en el Brasileirão . Claus y su asistente de video fueron citados a declarar, pero no se encontró ninguna irregularidad y la CBF lo exoneró . El árbitro no recibió ninguna sanción y se mantuvo en la élite arbitral de la FIFA, habiendo trabajado previamente en el Mundial de 2022 .
La controversia comenzó en el minuto 64 del partido de octavos de final (ronda de 32) entre Estados Unidos y Bosnia y Herzegovina, el 1 de julio de 2026. Balogun, que ya había marcado el primer gol, forcejeaba por el balón con el defensor Tarik Muharemovic cuando su pierna se deslizó por la parte posterior de la pantorrilla del bosnio y terminó pisándole el pie .
El árbitro Claus inicialmente dejó seguir la jugada, pero tras una recomendación del VAR, fue dirigido al monitor de campo y cambió su decisión: mostró la tarjeta roja directa por “juego brusco grave” . Balogun se mostró visiblemente sorprendido. La expulsión conllevaba una suspensión automática de un partido que le habría impedido jugar los octavos de final contra Bélgica .
La decisión fue criticada de forma casi unánime. El seleccionador de EE.UU., Mauricio Pochettino, dijo: “Para mí, nunca es roja. Nunca hubo intención de pisar al jugador” . El capitán Christian Pulisic calificó la jugada de “ridícula por algo así” . El ex árbitro de la Premier League Mark Clattenburg afirmó que la acción “no alcanzaba los criterios de una tarjeta roja” .
Trump intervino directamente. Reconoció haber hecho una llamada telefónica al presidente de la FIFA, Gianni Infantino, y dijo a los periodistas: “Todo lo que hice fue pedir una revisión… No les dije que lo hicieran. No puedo dictar sus acciones” .
El 5 de julio, el comité disciplinario de la FIFA suspendió la sanción automática de Balogun, dejándolo habilitado para jugar contra Bélgica. Trump celebró la decisión en Truth Social: “¡Gracias a la FIFA por hacer lo correcto y revertir una gran injusticia!” .
La marcha atrás fue descrita como inusual: era la primera vez desde 1962 que la FIFA permitía a un jugador disputar un partido para el que habría estado suspendido . Fuentes de la FIFA explicaron que la decisión se tomó al amparo del Artículo 27 de su Código Disciplinario, que permite “medidas provisionales” en circunstancias excepcionales, e insistieron en que el panel disciplinario actuó de forma independiente .
Bélgica, el equipo que iba a enfrentarse a Balogun, reaccionó con enfado. La Real Asociación Belga de Fútbol (RBFA) emitió un comunicado oficial en el que decía estar “asombrada por la decisión de la FIFA de declarar apto para jugar al suspendido jugador estadounidense Folarin Balogun” . La FIFA rechazó la impugnación de Bélgica .
La polémica por la roja a Balogun no fue el único punto de fricción entre ambos países. El incidente arbitral se produjo en medio de una grave crisis diplomática que llevaba más de un año escalando:
El Mundial de 2026 fue testigo de cómo el deporte y la política internacional chocaban de una forma sin precedentes. Varias versiones de los hechos compitieron por la aceptación pública: la versión de Trump sobre una simple solicitud de revisión, la garantía de la FIFA de una decisión independiente, la defensa de Brasil a un árbitro veterano y la sensación de injusticia procesal de Bélgica. Lo que está claro es que la defensa de Raphael Claus por parte de la CBF no fue solo por una tarjeta roja: fue una declaración de credibilidad institucional en un momento en que la presión sobre el fútbol brasileño nunca había sido tan alta.