Un alto funcionario de la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva (OTSC), liderada por Moscú, tomó nota formalmente de las crecientes tensiones después de que Kiev amenazara con atacar objetivos militares en territorio bielorruso .
Los informes de múltiples fuentes ucranianas e internacionales pintan un panorama complejo:
La ausencia de concentraciones masivas de tropas es notable: no se ha observado el tipo de acumulación de grupos de ataque que precedió a la ofensiva del norte de Rusia en febrero de 2022 desde territorio bielorruso . Pero la infraestructura militar que se está construyendo —carreteras, depósitos de municiones, almacenes de combustible— no tiene otro propósito que el militar, como señaló el propio Zelenski
.
El 16 de junio, Lukashenko concedió una entrevista a Al Arabiya English en la que afirmó que Putin no quiere arrastrar a Bielorrusia a la guerra, argumentando que la participación directa bielorrusa "no dará nada" a Rusia . Esto se hace eco de una postura pública de larga data: Bielorrusia ha permitido que las fuerzas rusas utilicen su territorio como plataforma de lanzamiento desde febrero de 2022
, pero Lukashenko ha insistido repetidamente en que las tropas bielorrusas no lucharán a menos que las fuerzas ucranianas crucen la frontera
.
Incluso mientras las tensiones de seguridad se disparan, la relación económica entre Rusia y Bielorrusia continúa profundizándose:
La reunión de Valdái del 26 de junio fue la consulta más urgente entre Putin y Lukashenko en meses, convocada específicamente para gestionar las consecuencias del ultimátum de Zelenski y la creciente infraestructura militar en la frontera entre Bielorrusia y Ucrania. Si bien las tensiones son altas y los preparativos militares son visibles en ambos lados, no se ha informado de una concentración masiva de tropas que indique una ofensiva terrestre inminente desde territorio bielorruso. La dimensión económica —la profundización de la integración del Estado Unión y el comercio bilateral récord— sigue siendo el telón de fondo constante de las discusiones de seguridad, lo que subraya la dependencia estructural de Minsk respecto a Moscú, incluso mientras Kiev advierte de un posible nuevo frente.
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