La deuda externa de los países de ingreso bajo y mediano subió un 5,5% en 2025, hasta un récord de 9,4 billones de dólares; en los países elegibles para financiación de la AIF aumentó un 8,1%, hasta 1,3 billones.[3][11] Los países más pobres pagaron una media del 8,2% por nuevos préstamos de acreedores privados y de...
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Respuesta de investigación

Create a landscape editorial hero image for this Studio Global article: What does the World Bank’s International Debt Report 2026, released on November 5, reveal about developing countries’ external debt rising 5. Article summary: The World Bank’s International Debt Report 2026 describes a recovery in access to borrowing—not a resolution of developing countries’ debt pressures: private finance returned, but debt stocks, repayment obligations and b. Topic tags: general web, code, api, security, regulation. Style: premium digital editorial illustration, source-backed research mood, clean composition, high detail, modern web publication hero. Use reference image context only for broad subject, composition, and topical grounding; do not copy the exact image. Avoid: logos, brand marks, copyrighted characters, real person likenesses, fake screenshots, UI text, readable text, watermarks, charts
El acceso a los mercados de crédito mejoró, pero eso no significa que la deuda de los países en desarrollo haya dejado de ser un problema. Esa es la lectura central del International Debt Report 2026, publicado por el Banco Mundial el 5 de noviembre: volvió la financiación privada, pero el endeudamiento y los costes de pedir prestado siguieron elevados, sobre todo para los países más pobres.3
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11
La deuda externa de los países de ingreso bajo y mediano aumentó un 5,5% en 2025, hasta un récord de 9,4 billones de dólares. Fue el crecimiento más rápido desde 2021 y casi cuadruplicó el promedio de 2022 a 2024. En los países elegibles para recibir financiación de la Asociación Internacional de Fomento (AIF), el fondo del Grupo Banco Mundial que apoya a los países más pobres, el alza fue aún mayor: un 8,1%, hasta 1,3 billones de dólares.3
11
Los países elegibles para la AIF pagaron una media del 8,2% por nuevos préstamos de acreedores privados, el nivel más alto desde 1989. En las nuevas emisiones de bonos, el coste medio llegó al 9,4%.3
La brecha entre los tipos de interés de los préstamos oficiales y los privados también se amplió: pasó de 3,4 puntos porcentuales en 2016 a 5,5. En cambio, para los países que no dependen de financiación concesional, el tipo medio de los nuevos bonos bajó del 5,8% al 5,5%.3
La emisión de bonos por parte de entidades públicas aumentó casi un 35%, hasta 251.000 millones de dólares. La refinanciación permitió alargar los calendarios de pago, pero no redujo de forma sustancial el monto pendiente y, en muchos casos, sustituyó obligaciones por otras con intereses más altos. La actividad emisora continuó hasta mediados de agosto de 2026.3
11
En otras palabras, volver a emitir deuda puede dar margen para aplazar vencimientos, pero no equivale a resolver el problema de fondo.
El servicio de la deuda —los pagos de capital e intereses— aumentó por quinto año consecutivo y llegó a 1,4 billones de dólares. Los pagos a acreedores privados subieron un 13,7%, hasta 363.000 millones. Entre 2022 y 2025, los países en desarrollo desembolsaron 436.000 millones de dólares más en principal e intereses de lo que recibieron en nueva financiación.3
4
Los flujos netos de deuda a largo plazo mejoraron: pasaron de una salida neta de 118.000 millones de dólares en 2024 a una entrada de 45.000 millones en 2025. Sin embargo, ese cambio anual no borra el déficit acumulado de financiación de los años anteriores.3
La debilidad del dólar explicó más de una cuarta parte del aumento de 303.000 millones de dólares en la deuda externa pública y con garantía pública. Para varios grandes prestatarios que reciben financiación concesional, el efecto de valoración superó los pagos de principal. Por eso, un aumento de la deuda expresada en dólares no siempre implica que se hayan pedido nuevos préstamos por el mismo monto.3
El Banco Mundial advierte que una deuda cara puede dejar menos recursos para educación, infraestructuras, salud y creación de empleo. También señala dificultades para evaluar los riesgos cuando hay acreedores opacos, instrumentos financieros más complejos y garantías poco transparentes: sin información clara, cuesta más saber cuánto se debe, si la deuda es sostenible y quién se beneficia de los fondos.3
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El informe dibuja así un panorama desigual: hay más acceso a financiación que antes, pero no necesariamente en condiciones asequibles ni suficientes para aliviar la vulnerabilidad de largo plazo.3
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La deuda externa de los países de ingreso bajo y mediano subió un 5,5% en 2025, hasta un récord de 9,4 billones de dólares; en los países elegibles para financiación de la AIF aumentó un 8,1%, hasta 1,3 billones.[3][11]
La deuda externa de los países de ingreso bajo y mediano subió un 5,5% en 2025, hasta un récord de 9,4 billones de dólares; en los países elegibles para financiación de la AIF aumentó un 8,1%, hasta 1,3 billones.[3][11] Los países más pobres pagaron una media del 8,2% por nuevos préstamos de acreedores privados y del 9,4% por nuevos bonos, mientras el servicio de la deuda global alcanzó 1,4 billones de dólares.[3][4]
El regreso de los inversores y la emisión de bonos facilitaron nueva financiación, pero no eliminaron la carga acumulada ni garantizan que el crédito sea asequible o llegue a quienes más lo necesitan.[3][11]
La deuda externa de los países de ingreso bajo y mediano subió un 5,5% en 2025, hasta un récord de 9,4 billones de dólares; en los países elegibles para financiación de la AIF aumentó un 8,1%, hasta 1,3 billones.[3][11] Los países más pobres pagaron una media del 8,2% por nuevos préstamos de acreedores privados y de...
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El acceso a los mercados de crédito mejoró, pero eso no significa que la deuda de los países en desarrollo haya dejado de ser un problema. Esa es la lectura central del International Debt Report 2026, publicado por el Banco Mundial el 5 de noviembre: volvió la financiación privada, pero el endeudamiento y los costes de pedir prestado siguieron elevados, sobre todo para los países más pobres.3
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La deuda externa de los países de ingreso bajo y mediano aumentó un 5,5% en 2025, hasta un récord de 9,4 billones de dólares. Fue el crecimiento más rápido desde 2021 y casi cuadruplicó el promedio de 2022 a 2024. En los países elegibles para recibir financiación de la Asociación Internacional de Fomento (AIF), el fondo del Grupo Banco Mundial que apoya a los países más pobres, el alza fue aún mayor: un 8,1%, hasta 1,3 billones de dólares.3
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Los países elegibles para la AIF pagaron una media del 8,2% por nuevos préstamos de acreedores privados, el nivel más alto desde 1989. En las nuevas emisiones de bonos, el coste medio llegó al 9,4%.3
La brecha entre los tipos de interés de los préstamos oficiales y los privados también se amplió: pasó de 3,4 puntos porcentuales en 2016 a 5,5. En cambio, para los países que no dependen de financiación concesional, el tipo medio de los nuevos bonos bajó del 5,8% al 5,5%.3
La emisión de bonos por parte de entidades públicas aumentó casi un 35%, hasta 251.000 millones de dólares. La refinanciación permitió alargar los calendarios de pago, pero no redujo de forma sustancial el monto pendiente y, en muchos casos, sustituyó obligaciones por otras con intereses más altos. La actividad emisora continuó hasta mediados de agosto de 2026.3
11
En otras palabras, volver a emitir deuda puede dar margen para aplazar vencimientos, pero no equivale a resolver el problema de fondo.
El servicio de la deuda —los pagos de capital e intereses— aumentó por quinto año consecutivo y llegó a 1,4 billones de dólares. Los pagos a acreedores privados subieron un 13,7%, hasta 363.000 millones. Entre 2022 y 2025, los países en desarrollo desembolsaron 436.000 millones de dólares más en principal e intereses de lo que recibieron en nueva financiación.3
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Los flujos netos de deuda a largo plazo mejoraron: pasaron de una salida neta de 118.000 millones de dólares en 2024 a una entrada de 45.000 millones en 2025. Sin embargo, ese cambio anual no borra el déficit acumulado de financiación de los años anteriores.3
La debilidad del dólar explicó más de una cuarta parte del aumento de 303.000 millones de dólares en la deuda externa pública y con garantía pública. Para varios grandes prestatarios que reciben financiación concesional, el efecto de valoración superó los pagos de principal. Por eso, un aumento de la deuda expresada en dólares no siempre implica que se hayan pedido nuevos préstamos por el mismo monto.3
El Banco Mundial advierte que una deuda cara puede dejar menos recursos para educación, infraestructuras, salud y creación de empleo. También señala dificultades para evaluar los riesgos cuando hay acreedores opacos, instrumentos financieros más complejos y garantías poco transparentes: sin información clara, cuesta más saber cuánto se debe, si la deuda es sostenible y quién se beneficia de los fondos.3
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El informe dibuja así un panorama desigual: hay más acceso a financiación que antes, pero no necesariamente en condiciones asequibles ni suficientes para aliviar la vulnerabilidad de largo plazo.3
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La deuda externa de los países de ingreso bajo y mediano subió un 5,5% en 2025, hasta un récord de 9,4 billones de dólares; en los países elegibles para financiación de la AIF aumentó un 8,1%, hasta 1,3 billones.[3][11]
La deuda externa de los países de ingreso bajo y mediano subió un 5,5% en 2025, hasta un récord de 9,4 billones de dólares; en los países elegibles para financiación de la AIF aumentó un 8,1%, hasta 1,3 billones.[3][11] Los países más pobres pagaron una media del 8,2% por nuevos préstamos de acreedores privados y del 9,4% por nuevos bonos, mientras el servicio de la deuda global alcanzó 1,4 billones de dólares.[3][4]
El regreso de los inversores y la emisión de bonos facilitaron nueva financiación, pero no eliminaron la carga acumulada ni garantizan que el crédito sea asequible o llegue a quienes más lo necesitan.[3][11]